Atentado 11-M Madrid: las consecuencias del trastorno por estrés postraumático

Actualizado 09/03/2018 9:51:27 CET
Un hombre presenta tus respetos en la estación de Atocha
Foto: SUSANA VERA / REUTERS 

MADRID, 11 Mar. (EDIZIONES) -

Han pasado ya 14 años desde el atentado del 11 de marzo de 2004, día en que la ciudad de Madrid tembló, se estremeció y lloró a las 191 personas a las que les arrebataron la vida.

14 años después, la mayoría de nosotros guardamos una nítida imagen de aquel día, pero hay algunas personas que se podría decir que aún viven en ese mismo 11 de marzo. ¿Cómo puede ser esto? Dejemos que nos lo expliquen ellas mismas:

Martín bajaba la escalera de la estación cuando explotó el artefacto, hoy y después de todos estos años, nos cuenta "hay momentos en el día en que vuelvo a estar ahí, me veo a mí bajando la escalera, corriendo para no perder el tren y de repente todo ese humo, todos ese silencio, no me puedo quitar de la cabeza ese silencio penetrante rodeado de llamas, ese olor intenso, es como si volviera a estar ahí una y otra vez, aunque en realidad estoy en el salón de mi casa".

"Lo que antes no suponía ninguna dificultad, como llevar a los niños al colegio, ahora se ha convertido en una odisea para mí.  Cuando voy a salir de casa me invade un maremágnum de emociones, de pánico, me sobrepongo y meto a los niños en el coche, una vez en la carretera tiendo a evitar todas las paradas de metro y tren dando interminables rodeos, el sólo hecho de ver el símbolo del metro me produce una angustia inmanejable".

Sara, recibió un leve impacto de metralla en el brazo, fue atendida por los médicos y las heridas no tardaron más de un par de meses en curarse.  Aún hoy, siente el ardor de la metralla en su brazo, tal y como si estuviera impactando en este momento, físicamente está perfecta, pero psicológicamente ha quedado la huella física de esa sensación.

Mateo, policía que atendió a los heridos en la catástrofe, no puede acercarse a menos de 200 metros de una estación de tren, cuando oye ruidos fuertes comienza a sentir palpitaciones, le flaquean las piernas y tiene sensación de pérdida de control. A veces, cuando está con sus hijos se vuelve muy irritable y no puede evitar el pegar un grito sin motivo, luego se arrepiente y llora por tratarles así.

Patricia describe "desde entonces me sumergí en el trabajo, llegando a dedicar 17 horas diarias, cualquier cosa con tal de no pensar, de no sentir", "ya no soy la que era, antes me divertía, siempre disfrutaba viendo a mis amigos y a mi familia, desde aquel día no consigo disfrutar de nada, estoy atrapada dentro de mí misma, la gente a la que antes consideraba amiga, ahora me parecen como extraños".

Sara, amiga de Ana, que falleció en el atentado, iba todos los días con ella al trabajo en ese tren y ese día se quedó dormida. A día de hoy, tiene sentimientos de culpa, sensación de catástrofe inminente, pesadillas, dificultad para experimentar sensaciones positivas como alegría o satisfacción.

Martín, Raúl, Sara, Mateo y Patricia, tienen en común los síntomas propios de un Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). En cada uno se manifiestan de una manera diferente, pero en todos existe una mezcla de impotencia y dolor, una sensación de haber partido sus vidas aquel día.

Este fenómeno de Trastorno por Estrés Postraumático se da cuando una persona se ve expuesta a un acontecimiento o experiencia  muy intensa que produce un aumento tan grande de la excitación que nuestro cerebro no puede procesar de forma correcta ni espontánea.

Por lo tanto, el TEPT se da en situaciones en las que se ve amenazada la integridad propia o ajena, física o psicológica de una persona, de tal forma que las defensas mentales de la misma  no pueden asimilarse y el sistema se bloquea generando estos síntomas.

Todos ellos se quedaron atrapados en ese día, sus mentes no pudieron procesar lo ocurrido, y desde entonces no han podido continuar el ritmo del calendario.

El Estrés Postraumático puede darse también en víctimas de abusos físicos o psicológicos, en veteranos de guerra o personas que hayan sido expuestas a cualquier acontecimiento traumático.

Actualmente hay técnicas psicológicas muy eficaces para abordar estos síntomas, si usted o algún conocido suyo padecen síntomas similares, acudan a su médico de cabecera y/o psicólogo de referencia para que les informe sobre las diferentes ayudas que pueden aportarle.

Los resultados de todas estas terapias pueden mejorar radicalmente la vida de las personas que sufren estos síntomas.

El Estrés Post Traumático es reversible, las personas que lo padecen no tienen por qué continuar sufriendo, con la ayuda apropiada pueden recuperar su calidad de vida.

Los héroes anónimos que de alguna manera fueron testigos de este acontecimiento merecen toda la ayuda que la sociedad pueda aportarles. Aquel día nos unimos todos los ciudadanos de Madrid y hoy, 14 años después continuamos unidos para apoyarles y ayudarles a recuperar sus ilusiones y proyectos.

Myriam Quemada
Psicóloga

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