1 de abril de 2020
 
Publicado 26/02/2020 12:17:19 +01:00CET

Identifican una especie de sapo mediante el análisis de un fósil de renacuajo muy bien conservado

De arriba a abajo, cara ventral y dorsal del fósil del género Pelobates
De arriba a abajo, cara ventral y dorsal del fósil del género Pelobates - JESÚS MUÑOZ - Archivo

MADRID, 26 Feb. (EUROPA PRESS) -

Científicos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han descubierto una especie no identificada del género Pelobates que engloba al actual sapo de espuelas ('Pelobates cultripes'), gracias al análisis paleobiológico de un fósil de renacuajo muy bien conservado.

La investigación comenzó cuando, en un yacimiento del Mioceno Superior (6-7 Ma) cerca de la localidad de Tresjuncos (Cuenca), se encontró el fósil de un renacuajo de unos 16 centímetros de longitud sorprendentemente bien conservado.

"Encontrar fósiles de larvas de anuros, un grupo de anfibios al que pertenecen las ranas y los sapos, es muy complicado. El fósil hallado en Tresjuncos sorprende, además, porque en él se pueden distinguir hasta detalles del cuerpo blando del animal, algo que raramente fosiliza", explica Borja Sanchiz, investigador del MNCN-CSIC.

Dado el descubrimiento, los investigadores procedieron a estudiar cómo tuvo lugar el proceso de fosilización y preservación del ejemplar.

"Los análisis revelaron que la fosilización se produjo por un complejo proceso de sedimentación en el que la actividad microbiana tuvo mucha influencia", puntualiza Mª Ángeles Bustillo, también investigadora del MNCN-CSIC.

"El renacuajo habría quedado enterrado en un evento de sedimentación masiva de algas diatomeas lacustres y, posteriormente, los microorganismos habrían formado una capa de calcita alrededor del fósil que actuó como sarcófago protector", aclara la investigadora.

Seguidamente, los investigadores Borja Sanchiz y Rosario Rodríguez Talavera, investigadora del IES Valle del Jerte, realizaron un minucioso análisis paleobiológico forense de las últimas horas de vida del animal para conocer sus características, su condición física y la causa de su muerte.

Y, según los estudios morfológicos y tafonómicos que desarrollaron, descubrieron que el fósil pertenecía a una especie no identificada del género Pelobates que engloba al actual sapo de espuelas ('Pelobates cultripes').

Con respecto a la causa de su muerte, revelaron que "la larva se encontraba en un estado de desarrollo avanzado y su gran tamaño indica que estaba en un ambiente óptimo". "Estos datos indican que se encontraba en buen estado de salud y condición física, por lo que no debió morir de forma natural", describe Sanchiz.

De hecho, unas marcas halladas en el fósil, dieron pistas a los investigadores de que la muerte de este animal debió ser violenta. "Las impresiones encontradas tienen formas similares a los hematomas que dejan en la piel de los renacuajos los picotazos de aves como las garcetas, lo que apunta que esta podría ser la causa de su muerte", concluyen los investigadores.