Mensajes del último viaje de un Papa a España, una "gran nación" que sabe progresar sin renunciar a su "alma" católica

Benedicto XVI visitó España en 2011 para presidir la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid

Archivo - El Papa Benedicto XVI saluda durante la JMJ en Cuatro Vientos
Archivo - El Papa Benedicto XVI saluda durante la JMJ en Cuatro Vientos - EUROPA PRESS - Archivo
Europa Press Sociedad
Publicado: viernes, 9 enero 2026 14:22

   MADRID, 9 Ene. (EUROPA PRESS) -

   León XIV prevé visitar España en 2026, 15 años después de la última visita de un pontífice. Fue en agosto de 2011 cuando Benedicto XVI viajó al país con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid, un intenso viaje de cuatro días para presidir este evento que reunió a jóvenes de todo el mundo. Pocos minutos antes de volver a Roma y en el aeropuerto, Joseph Ratzinger se refirió a España como "una gran nación, que en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica".

   Durante su estancia en la capital, el entonces Pontífice dejó una serie de mensajes a la sociedad y en especial a la juventud. El primero, nada más poner el pie en España fue claro y conciso: "No os avergoncéis del Señor".

   En plena crisis económica, en la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Barajas, ante autoridades españolas de todos los ámbitos, no quiso dejar de acordarse de muchos jóvenes, que "miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro".

   Antes, en el vuelo papal que le trajo a Madrid, ya había pedido, en su diálogo con los periodistas, responsabilidad ante la crisis económica. "La economía no puede referirse a sí misma, sino que el hombre debe estar en el centro de la economía, que no representa sólo el beneficio sino la solidaridad", dijo.

   Esa misma tarde, ante la primera multitud de jóvenes congregados en la Plaza de Cibeles, durante el discurso de bienvenida y tras cruzar a pie la Puerta de Alcalá, criticó a aquellos que "desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias". "Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos", advirtió, al tiempo que exhortó a los jóvenes a que su fe sea alternativa válida para los que "se han venido abajo".

"RADICALIDAD EVANGÉLICA"

   En su segunda jornada en España, Benedicto XVI defendió la "radicalidad evangélica" de la vida consagrada frente al "relativismo y la mediocridad", durante su encuentro en el Patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial con 1.664 religiosas jóvenes. "Frente al relativismo y la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la consagración como una pertenencia a Dios sumamente amado", destacó.

   Poco después, se dirigía a más de un millar de profesores, reunidos en la Basílica de El Escorial, a los que advertía de la visión "utilitarista" de la educación que cunde en la actualidad. "Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediatos se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de la ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo del poder", dijo al tiempo que pidió maestros auténticos, humildes y que busquen la verdad.

"NO PASÉIS DE LARGO ANTE EL SUFRIMIENTO HUMANO"

   Por la tarde del viernes, Ratzinger dirigió a los jóvenes peregrinos otro de sus mensajes más directos: "No paséis de largo ante el sufrimiento humano". Así, les explicó que sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida "destruiría al hombre mismo".

   En su tercera jornada, ante 4.000 seminaristas y en la Catedral de la Almudena, pidió a los sacerdotes que fueran santos para no crear contradicciones y les animó a no dejarse intimidar "por un entorno que pretende excluir a Dios". "Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia", les dijo.

   Por la tarde, se encaminó hacia el Instituto Fundación San José para explicar a las personas con discapacidad que "son los protagonistas de esta civilización" y defender la dignidad de "cada" vida. "Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana", les aseguró.

MÁS FUERTES QUE LA LLUVIA

   Ya en la Vigilia de Cuatro vientos, Benedicto XVI tenía previsto defender el matrimonio indisoluble entre hombre y mujer, criticar la cultura relativista que deprecia la búsqueda de la verdad y animar a los jóvenes a permanecer fieles a sus vocaciones. Sin embargo, el fuerte aguacero que sorprendió a los asistentes le hizo improvisar y, al reanudar su discurso regaló otro mensaje escueto y claro a los jóvenes: "Vuestra fuerza es mayor que la lluvia". Y agregó: "Gracias por vuestra alegría y resistencia. El Señor, con la lluvia, nos ha mandado muchas bendiciones, sois un ejemplo".

   De vuelta a Cuatro Vientos en la misa de envío de la JMJ del domingo, quiso saber cómo habían pasado la noche los jóvenes tras la tormenta y les dijo que había pensado mucho en ellos: "Esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez; y no sólo los ojos, sino también el corazón --prosiguió, de nuevo improvisando--. Eso os habrá permitido rezar".

SEGUIR A JESÚS EN LA IGLESIA

   Más tarde, en la homilía, lanzó un último mensaje a la multitud de más de un millón y medio de jóvenes de todo el mundo: "Seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia". Por eso, les pidió que vayan a misa los domingos, que se confiesen y que recen. "El mundo necesita el testimonio de vuestra fe. A vosotros también os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes (...) y no se dejan seducir por faltas promesas de un estilo de vida sin Dios", sentenció.

   Y, cuando ya le quedaba poco más de una hora para el regreso, quiso dar en persona aliento directo a los 12.000 voluntarios que participaron en las jornadas: "Habéis dado a la JMJ el rostro de la amabilidad, la simpatía y la entrega".

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