El obispo de la Diócesis de Tarazona rechaza la Ley de Identidad de Género porque "uno no elige su propio sexo"

Europa Press Sociedad
Actualizado: domingo, 12 noviembre 2006 13:18

TARAZONA (ZARAGOZA), 12 (EUROPA PRESS)

El obispo de la Diócesis de Tarazona (Zaragoza), monseñor Demetrio Fernández, rechazó hoy la Ley de Identidad de Género aprobada por las Cortes Generales porque, a su juicio, "uno no elige su propio sexo, por más que lo diga el Parlamento".

"Sea cual sea su inclinación (dejemos ahora lo que haya de biológico, psicológico o educacional), debe aceptarse a sí mismo como es y debe vivir su sexualidad en un clima de castidad, que le enseñe a amar gratuitamente. La sexualidad humana también esta dañada por el pecado, y debe ser redimida por un amor creciente, para el que todo hombre cuenta con la gracia de Dios", afirmó en una carta pastoral.

Para Monseñor Fernández, la ley de Identidad de Género recientemente aprobada en las Cortes, "por la que uno puede cambiar de sexo, es contraria a la verdad del hombre". "Es una extorsión del plan de Dios, no ayuda a las personas con dificultad en este campo y siembra la confusión en el ambiente social donde vivimos", advirtió. "A un niño o a un joven hoy le es más difícil vivir el plan de Dios con estas leyes que enrarecen el ambiente. Por eso, hemos de buscar la luz donde se encuentra, en Cristo resucitado hombre nuevo, también para estos temas de sexualidad, que a tanta gente perturban", añadió.

En la misma carta, el obispo señaló que también una persona "con inclinación homosexual" es amada por Dios y está llamada al amor, "que no necesariamente se expresa por el ejercicio de la sexualidad", expresó monseñor Fernández, quien considera que "un mundo supererotizado hace más difícil vivir la castidad sin represión". No obstante, señaló que "donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, y la redención de Cristo es gracia abundante para vivir la castidad con libertad, en la situación personal en la que cada uno se encuentre".

En la carta pastoral, Fernández indica que los homosexuales "son personas, creadas por Dios para su Gloria", a lo que añade que "Dios ama todo lo que Él ha creado y no desprecia a ninguna de sus criaturas", es decir, que "no hay personas de primera y personas de segunda, ni menos aún, personas desechables".

"En el principio, Dios creó al hombre, varón y mujer los creó. Y vio Dios que era muy bueno. Dios no se arrepiente de ninguna de las criaturas que Él trae a este mundo. Y todos venimos a este mundo como fruto de un amor personal y creativo de Dios, en el que colaboran nuestros padres como pro-creadores, pero el Creador sigue siendo insustituiblemente Dios. Dios no se ha equivocado al crearnos a cada uno de nosotros", señala el obispo turiasonense.

Monseñor Demetrio Fernández apunta en su carta que "Dios crea el alma espiritual, de manera única e irrepetible, como el principio que anima todo nuestro ser", por lo que "no somos pura materia, o simple conjunto de reacciones químicas", sino que "somos personas libres e inteligentes, que tienen alma, creada por Dios y dada directamente a cada uno. Somos un fruto del amor de Dios, y en nuestro propio crecimiento influyen muchas personas que nos rodean".

Sin embargo, "en el origen de la historia de la humanidad entró el pecado, por iniciativa humana" y "la tentación del demonio fue sugerirle al hombre y a la mujer: 'Seréis como dioses', y, fascinados por esta pretensión engañosa, ellos se apartaron de Dios, desobedecieron su santa ley, pecaron contra Dios y trastornaron toda la naturaleza creada. Este es el pecado original, con el que todos nacemos".

El pecado original introdujo un "apagón universal", que "sólo la luz de Cristo ha podido restaurar", prosigue Fernández, quien indica que "a partir del pecado original, la naturaleza entera sufre un trastorno, un desequilibrio, que nos afecta a todos. Y dentro de la naturaleza, el hombre nace herido por el pecado. El hombre creado a imagen y semejanza de Dios, constata que esta imagen está enmarañada, desdibujada. No todo lo que al hombre se le ocurre, es bueno. Más aún, tiene muchas ocurrencias y sentimientos que van contra Dios, y que le hacen daño a sí mismo y a los demás".

Monseñor Demetrio Fernández afirma que "la Virgen María, que fue librada de todo pecado, incluso del pecado original, es madre que nos ama a cada uno y entiende de estos temas. Mirándola a ella entendemos mejor la nueva humanidad a la que Dios nos llama. Ella es 'dulzura y esperanza nuestra".

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