Río Juruá, en la cuenca del Amazonas - ANDRÉ DIB
MADRID, 29 Jul. (EUROPA PRESS) -
Los territorios indígenas y las áreas protegidas son fundamentales para la salud del Amazonas, según se desprende de un estudio en el que participa un investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Real Jardín Botánico (RJB), publicado en la revista PNAS.
De este modo, la investigación confirma el papel que juegan estos territorios no sólo para proteger la biodiversidad de la cuenca hidrográfica más grande del mundo, sino también para mantener la conectividad entre sus distintos ecosistemas, según explica en un comunicado el RJB-CSIC.
La cuenca del Amazonas, formada hace cerca de 2,4 millones de años, es la mayor del mundo al abarcar territorios de ocho países cubriendo una extensión próxima a los 7,8 millones de kilómetros cuadrados y también la más importante por el gran volumen de agua que arrastra, por su alta biodiversidad de flora y fauna, por la contribución de sus bosques a la estabilidad climática global y por su riqueza humana y cultural.
El investigador del RJB-CSIC, Jesús Muñoz, explica que "La actividad humana está alterando la conectividad de los ecosistemas (el movimiento sin obstáculos de los organismos y el flujo de los procesos naturales), lo que repercute negativamente en su salud". "Los territorios indígenas y las áreas protegidas pueden proteger la biodiversidad, pero hasta la fecha no estaba claro en qué medida permitían además mantener la conectividad de y entre los ecosistemas amazónicos", ha detallado.
Para el estudio se han utilizado datos de teledetección recopilados por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) entre 2016 y 2023, con los que los investigadores han cartografiado la conectividad de los ecosistemas analizando la distribución espacial de seis actividades antropogénicas (presas, deforestación, incendios, minería legal e ilegal, extracción de petróleo y gas, y carreteras) en cuatro tipos de ecosistemas amazónicos: bosques de tierra firme, bosques inundables, ríos y bosques de los Andes tropicales, tanto dentro como fuera de los territorios indígenas y de las áreas protegidas.
El estudio ha permitido descubrir a los investigadores que "entre el 23% y el 28% del área de estos cuatro ecosistemas se ve afectada por al menos una categoría de actividad antropogénica", explica Muñoz, que añade que "entre el 14% y el 16% del área de los territorios indígenas y las áreas protegidas está afectada por actividades humanas, pero que esta afectación cubre el 38% del área sin protección".
Todos los ecosistemas estudiados han mostrado una mayor conectividad dentro de los territorios indígenas y las áreas protegidas que fuera de ellas, lo que los hace más resilientes frente a amenazas como el cambio climático.
En conclusión, según los autores de este estudio, reforzar la gobernanza por parte de los propios grupos indígenas y promover iniciativas sostenibles dentro de los territorios indígenas y las áreas protegidas podría ser una estrategia eficaz para conservar la conectividad de los ecosistemas.