MADRID, 18 Jun. (EUROPA PRESS) -
Juana llegó hace un año con un parasol y una silla de ruedas en la que llevaba a su hijo Antonio Meño, en coma desde hace 21 años tras someterse a una rinoplastia, y ahora tienen una chabola de varios metros cuadrados frente a la sede del Ministerio de Justicia en pleno centro de Madrid.
Pero aunque el espacio en la plaza Jacinto Benavente sufría alguna modificación, el caso y su peticiones no tenían no todo el tiempo se ha perdido, hace unos días, se paró hablar con ella un médico (I. F. G.) que resultó ser un nuevo testigo para el caso, y que ha permitido que la Fiscalía reclame al Supremo la revisión.
"Pasó por aquí, me hizo muchas preguntas, pero jamás pensé que era médico. Se puso en contacto con el abogado, Luis Bertelli, e hizo una confesión", según la cual estaba en el quirófano como aprendiz cuando se produjo la operación y desmiente la versión de los médicos de Nuestra Señora de América.
Según el nuevo testigo, cuando los médicos se dieron cuenta de que el paciente no estaba enchufado en plena operación, lo que habría provocado que su cerebro se quedase sin oxígeno, "el anestesista no estaba presente" porque "estaba entubando en otro quirófano".
"Levantó los paños de la cara de mi hijo y dijo 'Dios mío se ha desconectado'", relató Juana esta misma mañana que describe al nuevo testigo como "un hombre que ha sido muy valiente y ha dicho la verdad".
Ahora, en caso de que el Supremo reabriera el caso a instancias de la Fiscalía que ve la nueva declaración como un indicio de "maquinación fraudulenta, se le podría quitar a Juana la condena de 400.000 euros para pagar los gastos del juicio. Esta novedad le ha dado "fuerzas" a Juana que, en el fondo, "siempre" ha sabido que tiene razón.