VALENCIA, 16 Nov. (EUROPA PRESS) -
La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, abogó hoy por "arrancar el miedo" y "el desconocimiento" tanto "entre las personas como entre las culturas", al tiempo que apostó por "el establecimiento de una política de inmigración ordenada y legal que acabe con el intolerable tráfico de seres humanos y su explotación".
De la Vega realizó estas declaraciones en una conferencia que impartió en el Club de Encuentro Manuel Broseta en Valencia, a la que también asistió el líder de los socialistas valencianos, Joan Ignasi Pla; la candidata socialista a la alcaldía de Valencia, Carmen Alborch; la vicesecretaria general del PSPV, Isabel Escudero; el presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), Francisco Pons; el presidente de la Cámara de Comercio, Arturo Virosque y el presidente de la patronal autonómica Cierval, Rafael Ferrando, entre otros.
Destacó que durante muchos años "hemos asistido a la aplicación de un modelo de gestión de la inmigración basado en la existencia de una inmigración ilegal pero tolerada y que se traducía en la existencia de una mano de obra explotada, carente de derechos sociales y sin ningún tipo de garantía legal".
Frente a este modelo, que calificó de "ineficaz" e "injusto", advirtió de que la respuesta "sólo puede encontrarse en la recuperación plena y la protección de los derechos sociales para todos los trabajadores legales, y en el establecimiento de una política de inmigración ordenada y legal que acabe con el intolerable trafico de seres humanos y su explotación".
La vicepresidenta subrayó que de la mano de la inmigración, España "se ha convertido en una sociedad multicultural, del mismo modo que las de nuestro entorno". "El legado de tolerancia y de convivencia cultural del que somos depositarios y la experiencia de intolerancia y fundamentalismo que hemos sufrido durante años privados de democracia, deben ayudarnos a comprender que vivir juntos es mucho más que residir unos al lado de otros, e implica un compromiso activo con el ideal de tolerancia y el respeto a la diferencia", añadió.
"FANTASMA DE LA CONFRONTACIÓN"
En su opinión, "es esa convicción de que para acabar con el conflicto hay que arrancar el miedo y el desconocimiento tanto entre las personas como entre las culturas; es esa convicción de que el diálogo supone un reconocimiento que aleja el fantasma de la confrontación, lo que inspiró la propuesta del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a instaurar una 'Alianza de Civilizaciones'".
De la Vega explicó que frente a quienes sostienen que existe --y con ello contribuyen a crearlo-- un choque de civilizaciones, "nosotros pensamos que el único horizonte viable es la colaboración entre culturas, entre países, entre pueblos. Y para ello hay que tender puentes, erradicar el desconocimiento que origina la intolerancia y el miedo".
Así pues, puntualizó, "la alianza de civilizaciones es un proyecto activo, un proyecto en marcha de fomento de la tolerancia", cuyo punto de partida "es la consideración de que las culturas son la conjugación en plural de una humanidad que se declina en singular. Que ambas, humanidad y culturas, se presuponen, se complementan y se completan".
"También en ese mismo espíritu de contribuir a una cultura de paz en el ámbito internacional, el Gobierno se ha comprometido en la alianza contra el hambre y la pobreza" porque, dijo, "estamos convencidos de que la frustración que genera la miseria es un caldo de cultivo para la intolerancia y el extremismo".
Igualmente, en esa misma línea de fomento de la cultura como herramienta de tolerancia y paz, De la Vega matizó que "se incluye la propuesta española, de canje de deuda por educación, propuesta que ha encontrado amplio eco internacional".
En este sentido, subrayó que el Gobierno trabaja, fuera y dentro de las fronteras, para que la tolerancia "impregne buena parte de la vida pública y privada de los ciudadanos. Tolerancia entendida como un elemento esencial para el robustecimiento de la democracia y el Estado de Derecho. En España y en el mundo".
En su opinión, "la tolerancia auténtica y no sus sucedáneos, la tolerancia que aúna la armonía y la diferencia, que amplía espacios de libertad y reconocimiento, que alienta la liberación de dependencias y ahonda en la equidad, que se apoya en la razón y no en la coacción. Esa tolerancia auténtica no sólo es un deber ético, sino además una exigencia política", concluyó.