Pasión Singular en la Semana Santa de Baena

Judíos
J.C. ROLDÁN / I. OSUNA
Europa Press Turismo
Actualizado: martes, 27 marzo 2012 15:48

Con los ingredientes de la pasión cristiana, la devoción andaluza y el aval de la historia, se da vida a cada Semana Santa en Baena. En este municipio de la campiña cordobesa convive lo profano y lo religioso en una fiesta especialmente arraigada en el sur de España por el fervor que se profesa a su rica imaginería, sus atractivas tradiciones y el carácter de sus gentes. La conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo en la semana grande de Baena la ha convertido en una de las festividades más originales y pintorescas de Andalucía reconocida además con la distinción de Interés Turístico Nacional.

El Judío: cofrade, tradición y expectación

Desde el siglo XIX se piensa que llegó a este pueblo la figura del judío, que hace a esta fiesta valedora de la designación de Interés Turístico Nacional.*Es un cofrade más, que mantiene vivo el espíritu semanasantero con su peculiar toque de tambor. Especialmente atractivo por su apariencia: visten chaqueta de paño rojo, pantalón negro. En la cabeza portan un labrado casco de metal del que penden crines o cola de caballo, y coronando, un atractivo plumero de colores que dan vida a este uniforme.

Sobre sus ascendientes más remotos se especula con certeza que provienen de las antiguas fuerzas de seguridad local, tales como carabineros o milicias urbanas. Esta figura ha dado lugar además a una artesanía local que gira en torno a los "arreos" del judío para el que lo más valioso es su instrumento: el tambor. El elemento diferenciador es la cola o las crines, de la pulcra limpieza de la blanca al brillo azabache de la negra, que hacen distinguir dos grupos diferentes que rivalizan en esplendor. Tal es su relevancia que ha marcado en las distintas cofradías y hermandades la misma división según pertenezcan a los "Colinegros" o "Coliblancos".

El judío tiene un papel fundamental en la Semana Santa de Baena. Forma parte de los recorridos procesionales a los que incorpora el particular son de su toque y además, son los únicos cofrades que echan las cajas hasta que resucite. Desde la madrugada del martes santo, los judíos se echan a la calle con sus cajas o tambores con el permiso de tocar hasta el domingo de resurrección, respetando el sábado de gloria. Solos o en grupos de amigos discurren por las blancas recoletas calles del casco antiguo haciendo paradas en los bares y tabernas en los que dar una tregua al toque. Desde ese preciso momento, se siente la semana santa de forma literal. El son del tambor se hace eco permanente para recordar todo el día, todos los días, que estamos en la Semana Mayor.

Desfiles de profesión de fe y singularidad conmemorativa

En el intento por mantener la cronología del relato bíblico de la pasión de Jesucristo, el orden en los desfiles obedece a los momentos más importantes de las Escrituras y combina entre las procesiones representaciones de autos sacramentales. Conmemoraciones llamativas como la venta de Jesús por Judas y el momento de apresamiento por el pueblo judío, el abrazo entre los apóstoles, las tres caídas o el atractivo "baile" entre judíos y evangelistas de especial singularidad. El protagonista es un judío que se acerca curioso con la cara escondida tras la celada a espiar al Evangelista que escribe los textos sagrados. Tras los intentos por leer su pergamino, el judío salta delante de él provocando su sorpresa y "el baile" que les enfrenta, del que el discípulo huye dando pasos atrás.

Destacan también en los desfiles las melodías de centurias que levantan el sentimiento pasional entre los presentes. Además del tambor de chillones, son peculiares los tambores roncos que aparecieron en la década de los años 20, con fondo de madera, forrados de tela y un inconfundible sonido de luto y solemnidad.

Las primeras Cofradías de su Semana Santa se remontan al siglo XVI con la llegada de las comunidades de Franciscanos y Dominicos. En la localidad desfilan desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección un total de siete cofradías que sacan veintinueve pasos de sus templos. Setenta y dos hermandades que visten de color su penitencia aunque destaca en su mayoría el luto negro.

Días de 24 horas de pasión

El jueves santo es un día muy especial. Para los creyentes, en la madrugada morirá el Hijo de Dios y durante las horas que le llevan a la Vigilia Pascual velarán su cuerpo y su sangre consagrados y expuestos en monumentos en las principales parroquias del municipio. Se recomienda el recorrido en oración con paradas en cada uno de los espectaculares homenajes a Jesús Sacramentado. Destaca el altar mayor de la Iglesia Conventual de Madre de Dios, sede de la congregación contemplativa de religiosas dominicas, por sus cuidados detalles. Además, durante la tarde del jueves, la Agrupación de Cofradías organiza un desfile en el que participan cinco de las siete Cofradías en un recorrido, con la finalidad de conseguir que todos los hermanos cofrades, de todas las hermandades participantes, se postren ante los Monumentos, donde está por Quién ofrecen penitencia en las procesiones.

Cuando el crepúsculo adormece en la noche al pueblo de Baena, se busca en silencio al Cristo del Perdón por las calles de la Almedina que va haciendo su camino de cruz acompañado por cofrades en oración, portadores de maderos al paso que marca una tambora que rompe el conmovedor sonido de su arrastre de cadenas. Apenas asomado el sol, sale Jesús Nazareno, patrón de este pueblo, al portón de su templo en el que se le dedican letras de saetas y se da inicio al recorrido procesional en el que participan numerosos vecinos alumbrando sus promesas y sus encomiendaciones. Al mediodía, una de las tradiciones más antiguas de esta Semana Santa, tiene lugar en la plaza del Ayuntamiento donde se da vida al pecado original, el sermón del paraíso y la sentencia de Pilatos.

El Santo Entierro enmudece al pueblo en la noche del viernes Santo y hace respetar al judío, que acalla su tambor el sábado de gloria, mientras se espera la Resurrección de Cristo, que procesiona la mañana del Domingo. Este es el punto final, feliz y gozoso tras una semana intensa para los baenenses. Su Semana Mayor es esperada desde que el miércoles de ceniza se inicia la preparación de cuaresma, ya que cada viernes hay un desfile de judíos con una celebración posterior de la Eucaristía y canto o interpretación de una pieza del Miserere Tradicional de Baena.

Tesoros de la imaginería andaluza a hombros

En la espectacularidad de la celebración baenense de la pasión tienen un papel muy importante las imágenes que procesionan, en torno a las que se desarrolla fervor y devoción. Las escuelas andaluzas de escultura que se desarrollaron durante el barroco han impregnado de realismo cada una de sus tallas y Baena cuenta con algunas muestras representativas de tal esplendor. Ejemplo de ello es el Cristo del Perdón, declarado Bien de Interés Cultural de Andalucía en el año 1988. De gran valor es también el Cristo de la Sangre, que procesiona en el Santo Entierro y que tiene sello granadino. Su autoría se atribuye a Pablo de Rojas, maestro de Martínez Montañés, máximo exponente de la escuela sevillana. Otros, como Jesús de la Ventana, atribuído a Juan de Mesa, data de principios del 1600 aunque está ligado por los últimos estudios a la misma producción granadina.

La imagen de Jesús Nazareno, Padre del pueblo de Baena, es obra de Miguel de Perea, situado históricamente entre 1719 y 1725. Ángel Aroca Lara, declara que entre los crucificados más antiguos de la provincia de Córdoba se encuentra esta imagen que recuerda la producción cristífera de Diego de Siloé. Entre las Vírgenes, destaca especialmente Nuestra Señora del Rosario por ser la más antigua, una talla que data de 1570 de incomparable belleza enaltecida por sus atributos: la corona, el cetro y el rosario, que son los que llevó la reina Isabel II en sus esponsales y que fueron donados por la misma.

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