Actualizado 27/03/2012 10:00:07 +00:00 CET

Grenoble, la puerta de entrada a los Alpes franceses

Teleférico De Grenoble.
JCG

Situada en el corazón de la región de Ródano-Alpes, en el sureste de Francia, Grenoble ocupa una posición estratégica en el cruce de Europa del norte y Europa del sur. Aunque es la ciudad más plana del país (213 m. de altitud), está rodeada por tres macizos, Chartreuse, Vercors y Belledonne, por la que se la considera la puerta natural de los Alpes franceses. Su casco antiguo es, sin embargo, muy interesante, con continuas referencias a Stendhal, el famoso escritor francés, representante del realismo, nacido en la calle de Jean-Jacques Rousseau en 1783, y sus diez museos que desvelarán al visitante la gran historia de la capital alpina gala.

Grenoble es una ciudad que rebosa vida y animación. No en vano cuenta con una población intramuros de 158.000 habitantes que se convierte en casi medio millón (450.000) con los 34 municipios que la rodean. Además en ella trabajan dieciocho mil investigadores -es el primer polo de investigación pública tras Paris/Ille de France- y los estudiantes superan los 60.000, de los que un diez por ciento son extranjeros, por lo que no faltan bares de moda y salas de espectáculos con una animada vida social.

Los orígenes de Grenoble, enclavado en el fondo de un valle excavado hace 5 millones de año por un glaciar, se remontan al siglo I a.C. cuando aparece oficialmente con el nombre galo de "Cularo". Todavía hoy el visitante que da un paseo por el casco antiguo de la ciudad ve frecuentemente esta inscripción en el suelo de las calles que indica el lugar donde se levantaba la primitiva muralla fortificada (s. III). Y es que la villa alcanzó importancia durante el imperio Romano por su estratégica situación, en la conjunción de los ríos Drac e Isère, como cruce de vías que comunicaban lo que es hoy Suiza, Italia y Provenza.

La Edad Media significó en la historia de Grenoble un importante crecimiento demográfico, pero es en los siglos XVIII y XIX cuando la ciudad asume un importante papel histórico como consecuencia de las continuas guerras con Saboya. Convertida en un inexpugnable centro militar, se fortifica la Bastille, destinada a protegerse de los ataques alpinos (1820-1850), para pasar a ser, ya en la primera mitad siglo XX, uno de los mayores focos de la Resistencia francesa y después, en 1968, sede de los X Juegos Olímpicos de Invierno con las hazañas deportivas de Jean Claude Killy o Peggy Fleming.

La visita

El sitio de la Bastille y el teleférico que lo comunica con la ciudad vieja son la principal atracción turística de Grenoble. Las populares "burbujas" conducen en solo unos minutos a la espectacular fortaleza de la Bastille en las primeras estribaciones del macizo de Chartreuse. Este fue el primer teleférico urbano del mundo en funcionar (1934), aunque el actual data del año 1976. Desde la cima, como si estuviéramos colgados de la capital de los Alpes, se puede disfrutar de una vista inigualable de la ciudad, con el Cours Jean Jaurès, la avenida más larga de Francia con sus 10 kilómetros en línea recta, y del Belledonne, el Mont Blanc y el Vercors. Al descender una parada recomendable puede resultar el coqueto barrio italiano con sus más de treinta pizzerías para reponer fuerzas o la propia ciudad vieja con sus restaurantes tradicionales de la cocina delfinesa basada en la nuez, el queso de vaca (Saint Marcellin), el típico Gratinado de patatas, los caracoles, el foie-gras de pato y la Chartreuse, un conocido licor fabricado por los monjes cartujanos.

Pero Grenoble es una ciudad que hay que pasear por sus agradables zonas peatonales como la rue de Bonne, la Grande-Rue, la rue Jean-Jacques Rousseau y, por supuesto, la histórica place Grenette, donde fue guillotinado en 1827 el personaje real que inspiró a Stendhal el personaje literario de "El rojo y el negro" (1830). Tampoco hay que dejar a un lado el jardín de la villa al que da la casa natal del hijo escritor predilecto de la ciudad para terminar en el Museo de Grenoble, muy próximo al río Isère y sus encantadores puentes antiguos: (la pasarela Saint Laurent (1837), el puente Marius Gontard (1839) y el puente de la Puerta de Francia (1895).

El Museo de Grenoble, creado en 1796, guarda en sus muros una interesante colección de arte antiguo y moderno que permite recorrer, sin parada, la historia de la pintura occidental desde el siglo XIII hasta nuestros días incluyendo obras de primera categoría para cada período. No falta aquí la representación española con cuatro obras de Zurbarán sobre la vida de Cristo y varias piezas de Joan Miró y Pablo Picasso. Para los que quieran conocer un poco más sobre las tradiciones populares, muy enraizadas con la montaña y el esquí, pueden saciar su curiosidad en el Museo Delfinés.

Más información: Oficina de turismo de Grenoble. 14 r. de la République - 38000 Grenoble - www.grenoble-isere.info / www.franceguide.com