Magenta Seafood Restaurant – La Pirogue (Isla Mauricio) - MAGENTA SEAFOOD RESTAURANT
MADRID 7 Jul. (EUROPA PRESS) -
De Mauricio a París, pasando por Ibiza, Mallorca o Madrid, hay lugares donde comer no es solo un placer del paladar, sino una experiencia sensorial que involucra todos los sentidos. En estos espacios gastronómicos, el entorno importa tanto como el menú.
Aquí, el lujo no se mide en manteles de lino ni en estrellas Michelin, sino en atardeceres junto al mar, en jardines que cuentan historias, en terrazas que miran a la Torre Eiffel o en azoteas desde las que el cielo se toca con los dedos. Son restaurantes que invitan a detenerse, respirar y saborear no solo la comida, sino el momento.
En el corazón del océano Índico, la isla Mauricio es un paraíso no solo para los amantes del sol, sino también para los buscadores de experiencias culinarias únicas. Allí, el resort Sugar Beach acoge dos espacios excepcionales: Buddha-Bar Beach, con cocina fusión asiático-mediterránea, música en directo y una terraza que parece suspendida sobre el agua, y Maré Maré, un pop-up playero comandado por el célebre chef Reuben Riffel, donde la brasa sudafricana se encuentra con ingredientes tropicales frente a un mar que arde al atardecer.
También en Mauricio, La Pirogue ofrece dos opciones memorables: Coconut Café, informal y criollo, con los pies casi en la arena, y Magenta Seafood Restaurant, que eleva el producto marino local en un entorno íntimo, con barbacoa en la playa y música de séga para las noches más memorables.
En España, la experiencia se adapta al carácter de cada destino En Ibiza, el restaurante Lumbre en el Bless Hotel rinde homenaje a la cocina mediterránea con brasa, fuego lento y un entorno envolvente . Inspirado en las técnicas ancestrales de la cocina a la brasa, Lumbre ofrece una experiencia sensorial donde el sabor, la tradición y la innovación se encuentran.

De día, el ambiente es luminoso y relajado y, al caer la tarde, el espacio cambia de ritmo. La iluminación tenue, los materiales nobles y los detalles artesanales -como las fibras naturales, las lámparas de cuerda o la madera lavada- transforman el restaurante en un rincón íntimo y envolvente.
En Mallorca, el Zayt Pool Club del Kimpton Aysla es un oasis junto a la piscina donde todo invita a no tener prisa: música en directo, cócteles artesanales, pescados frescos y camas balinesas entre jardines. Poke bowls, pescados del día a la brasa, pizzas al horno de leña y cócteles de autor se disfrutan mejor desde una cama balinesa o en la terraza, bajo el sol mallorquín. Todo en un entorno pensado para dejarse llevar, con tardes de música en directo, atardeceres dorados y una atmósfera que invita a alargar el momento.
Y en Madrid, Picos Pardos en la azotea del Bless Hotel convierte el skyline de la capital en un ingrediente más, con una carta contemporánea y una atmósfera de club urbano que fluye desde el brunch hasta los cócteles nocturnos.
Su emblemática piscina esmeralda, rodeada de camas balinesas, plantas exóticas y un interiorismo cuidado al detalle por Alejandra Pombo, convierte este espacio en un escenario donde el diseño se funde con el paisaje.

La propuesta gastronómica, firmada por el chef ejecutivo Álvaro Frutos, acompaña a la perfección esa experiencia sensorial. Una carta fresca y cosmopolita que invita a compartir: ceviches, arroces, platos del mar y elaboraciones a la brasa como el lomo bajo de la sierra de Madrid, cocinado en una BBQ 2XL Big Green Egg de última generación. Todo maridado con una selección de cócteles artesanales, con Martini como protagonista, pensados para acompañar cada momento: desde un brindis junto a la piscina hasta una cena de altura al atardecer.
Por su parte, París ofrece dos escenarios muy distintos pero igualmente inolvidables: la azotea del hotel Brach, vibrante y creativa, con cocina para compartir y vistas a la Torre Eiffel; y el Palais Royal Restaurant, una joya refinada con estrella Michelin, ubicada en uno de los jardines más bellos de la ciudad.

Durante los meses más cálidos, la terraza se transforma en un escenario lleno de vida, donde las cenas al aire libre se acompañan de conciertos de jazz manouche, en perfecta armonía con el espíritu del lugar. Palais Royal Restaurant representa una visión del lujo íntima, serena y atemporal, pensada para quienes aprecian el arte de lo sutil y el poder de una experiencia que deja huella.
Estos restaurantes no se limitan a dar de comer: cuentan historias, despiertan emociones y capturan la esencia de un lugar. Son destinos en sí mismos, templos del sabor que se convierten en recuerdos imborrables. Porque a veces, el mejor modo de conocer un lugar es saborearlo.