Yakushima, la isla que inspiró 'La Princesa Mononoke', se consolida como referente del turismo sostenible en Japón- JNTO
MADRID 22 Abr. (EUROPA PRESS) -
Yakushima concentra una de las mayores biodiversidades del archipiélago japonés en un territorio reconocido internacionalmente por su valor ecológico. En apenas 20 kilómetros, conviven ecosistemas muy diversos, lo que permite al viajero recorrer playas subtropicales, frondosos bosques y zonas montañosas en un mismo trayecto.
Situada a unos 60 kilómetros de la costa de Kagoshima, la isla presenta un paisaje de montañas cubiertas de bosque que descienden hasta el mar y una densa red de ríos que atraviesa su interior. Esta abundancia de agua da lugar a numerosas cascadas y pozas naturales, entre ellas Oko-no-taki, con una caída de 88 metros, una de las más emblemáticas de Yakushima.
El paisaje y el bosque de la isla están estrechamente ligados a la naturaleza de su suelo, predominantemente granítico y pobre en nutrientes, un factor que condiciona el crecimiento de la vegetación. En este entorno crecen los célebres cedros yakusugi, árboles milenarios que definen la identidad natural de Yakushima.
Su crecimiento extremadamente lento da lugar a una madera muy resistente y rica en resina, capaz de soportar durante siglos la humedad constante del clima de la isla. Muchos de estos ejemplares superan ampliamente los mil años de edad y conforman bosques densos y de aspecto primario que envuelven al visitante en una atmósfera silenciosa y atemporal.
Las abundantes precipitaciones a lo largo del año favorecen, además, la proliferación de musgos que cubren rocas, troncos y senderos, reforzando la sensación de encontrarse en un entorno natural prácticamente intacto. Esta combinación de agua, vegetación y bosque ha convertido a Yakushima en un destino especialmente apreciado por los viajeros que buscan experiencias auténticas en contacto directo con la naturaleza.

EL BOSQUE RENACE.
Este paisaje es también el reflejo de una historia marcada por la relación entre la isla y sus recursos forestales. Durante el periodo Edo (1600-1868), la calidad y resistencia de la madera de yakusugi convirtió a Yakushima en un importante centro de explotación forestal, especialmente para materiales de construcción y techado. Tras un periodo de menor actividad, la tala volvió a intensificarse en la década de 1960 para responder a la demanda del Japón moderno.
El punto de inflexión llegó en 1966 con el descubrimiento del Jomon Sugi, un cedro cuya edad se estima entre 2.000 y 7.200 años y considerado el árbol más antiguo de Japón. Su hallazgo, junto con la movilización de los habitantes de la isla, impulsó un cambio decisivo en el modelo de gestión del territorio. Yakushima fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1980 y posteriormente inscrita como Patrimonio Natural de la Humanidad en 1993. La tala cesó de forma definitiva en 2001.
Desde entonces, los cedros brotan sobre los troncos caídos y los vestigios de la antigua actividad forestal, un fenómeno natural que ilustra la capacidad del bosque para renovarse tras décadas de explotación. Estas imágenes forman hoy parte del paisaje cotidiano de Yakushima y ayudan a comprender el profundo proceso de transformación que ha vivido la isla.

Hoy, Yakushima es un destino consolidado para el senderismo y el turismo responsable. El Jomon Sugi puede visitarse a través de una exigente ruta de unas diez horas, ida y vuelta, que recorre el interior del bosque y transita por antiguos tramos de la vía férrea utilizada durante la explotación maderera, hoy integrada en el entorno natural.
Otro enclave emblemático es el valle de Shiratani Unsuikyo, cubierto por un espeso manto de musgo en múltiples tonalidades de verde. Su atmósfera envolvente sirvió de inspiración visual para la película La Princesa Mononoke de Studio Ghibli y lo ha convertido en uno de los espacios más visitados de la isla.
La experiencia natural se completa en la costa entre los meses de mayo y julio, cuando la playa de Nagata Inaka se transforma en el principal punto de anidación de tortugas marinas de Japón. Este fenómeno puede observarse mediante visitas nocturnas organizadas por guías certificados, diseñadas para proteger el ciclo vital de la especie y minimizar el impacto humano.
Yakushima representa hoy un modelo de destino donde la conservación del patrimonio natural es la base de la experiencia del viajero, en equilibrio entre disfrute del entorno y respeto por un ecosistema único.