Actualizado 18/05/2022 19:07

Las vacunas de la Covid-19 no son catalizadores de la replicación viral

Archivo - Una vacuna de Pfizer contra el coronavirus antes de su inoculación.
Archivo - Una vacuna de Pfizer contra el coronavirus antes de su inoculación. - Bianca De Marchi/AAP/dpa - Archivo

MADRID, 23 Feb. (Verificat/Europa Press)

Un artículo publicado en un portal de noticias y firmado por Thomas Harrington, profesor emérito de Estudios Hispánicos del Trinity College (EEUU), afirma que "las vacunas del coronavirus podrían ser catalizadores de la replicación viral" o que la ivermectina ha impactado positivamente en las cifras de hospitalizaciones y casos de Covid-19 en países como Japón. ¿Cómo de cierto es esto?

EL MENSAJE QUE ESTAMOS VERIFICANDO

Las vacunas tienen la capacidad de acelerar la replicación de los virus.

CONCLUSIÓN

Es falso, según una verificación llevada a cabo por Verificat. Los argumentos del artículo están basados en aseveraciones engañosas, falsas o sin base científica y sí que existen estudios que determinan que las vacunas podrían frenar la transmisión del virus. De hecho, el texto parece una traducción automática del inglés ya que incluye términos como "pruebas clínicas" que en realidad son "ensayos clínicos".

JUSTIFICACIÓN

El autor acompaña el texto con un enlace a un blog que, a su vez, remite al informe estadístico del sistema de salud público escocés. Este incluye datos de contagios, hospitalizaciones y muertes en función del estado vacunal y muestra, efectivamente, que las tasas de infección, hospitalización y muerte en personas que han recibido dos dosis son superiores a las de las personas que no se han vacunado.

Sin embargo, el propio informe alerta en repetidas ocasiones de que "hay una serie de diferencias entre los grupos además de la vacuna como tal y estos sesgos implican que no puedes usar las ratios para determinar cómo de bien funcionan las vacunas" y recomienda leer un post del blog de la Agencia de Seguridad de Salud del Reino Unido para interpretar los datos adecuadamente. A diferencia de los informes del Ministerio de Sanidad español, por ejemplo, los datos no están separados en franjas de edad, pese a que "las hospitalizaciones y muertes están fuertemente lideradas por los mayores".

El mismo informe añade, en el caso de las muertes, que "la mayoría de estos individuos (93,6%) tenían algunas comorbilidades que contribuyeron a sus muertes y que la edad media era de 78,1 años". Es decir, el documento que aporta el texto no sirve para sustentar el argumento del autor. No se han encontrado estudios que concluyan que las vacunas tienen la capacidad de acelerar la replicación de los virus, algo que también ha confirmado Adelaida Sarukhan, inmunóloga y redactora científica del Instituto de Salud Global de Barcelona: "No hay ninguna evidencia de que las vacunas catalicen la replicación viral. No tiene ningún sentido".

La transmisión del virus

Aunque es cierto que las vacunas no siempre bloquean la transmisión, como bien recuerda Sarukhan, sí la reducen. En primer lugar, "disminuyendo la probabilidad de que una persona vacunada se infecte". La inmunóloga muestra que los primeros estudios apuntan a que "incluso con ómicron, que escapa parcialmente a los anticuerpos neutralizantes, una persona vacunada y con refuerzo tiene la mitad de probabilidad de infectarse que una persona no vacunada".

En segundo lugar, "si una persona vacunada se infecta, parece eliminar el virus más rápidamente que una no vacunada aunque la carga viral sea similar y, por lo tanto, la probabilidad de que contagie a sus contactos es menor", concluye la inmunóloga, quien remite a un estudio danés reciente que ha demostrado que las personas no vacunadas tienen un 40% más de probabilidad de infectar a otro miembro de la familia que las vacunadas, incluso con ómicron.

Es cierto que, tal y como dice el autor del artículo, las vacunas no evitan la infección, pero empieza a haber estudios que apuntan a que las vacunas sí reducen la transmisión del virus. No es verdad que las autoridades "dijeran cínicamente cada dos por tres que tenían precisamente esta capacidad especial" de evitar la infección o la transmisión. Por lo tanto, los argumentos que da Harrington son falsos: sí existen estudios que han determinado que las vacunas podían frenar la transmisión del virus, al menos hasta la irrupción de ómicron; por otro lado, las autoridades nunca han promovido esta idea, sino que tenían la capacidad de reducir hospitalizaciones y, sobre todo, muertes.

Hay estudios que señalaban antes de ómicron que en mayor o menor medida, las vacunas evitan la infección sin síntomas, lo que en palabras de José Antonio Navarro-Alonso, especialista en Pediatría, experto en vacunación Covid-19 y uno de los fundadores de la Asociación Española de Vacunología significaba que las vacunas podían "impedir la replicación del virus (menor infecciosidad) y, por tanto, su diseminación a los contactos del vacunado (menor contagiosidad)".

Ya con la variante ómicron, mucho más transmisible que delta, los informes del Ministerio de Sanidad mostraban desde noviembre de 2021, fecha en la que además empezaron a diferenciar entre vacunados y no vacunados, que la vacunación contribuía a reducir la probabilidad de contagio, hospitalización y muerte, y mostraban una eficacia similar a las que "se dieron en su momento" en los ensayos clínicos, según asegura Jorge Carrillo, vocal de la Sociedad Española de Inmunología.

Lo que decían los dirigentes políticos

Tampoco es cierto que las autoridades, al menos en España y Cataluña, ocultaran que las vacunas no tenían la capacidad de frenar la transmisión. Entre el 27 de diciembre de 2020 hasta el 27 de enero de 2021, durante el primer mes de la campaña de vacunación, los principales organismos catalanes y españoles se mostraron precisamente cautos sobre este asunto y hay ningún mensaje en el que se expresara, tal y como afirma el autor del texto, que las vacunas evitarían la infección.

Los principales mensajes emitidos tuvieron más que ver con insistir en la prevención de la enfermedad, con que el principal objetivo de la vacunación es prevenir la Covid-19 y disminuir su gravedad y mortalidad, que el fin de la vacunación era generar anticuerpos a la persona a la que se le administra para crear inmunidad, que conferían inmunidad protectora y reducían la replicación viral, y que, con todo, la mascarilla, la distancia social, la ventilación y la poca interacción social nos iba a acompañar todo el año.

Harrington da continuidad a una de las desinformaciones que más han circulado durante la pandemia: que, supuestamente, las PCR no son herramientas útiles para diagnosticar la Covid-19. El Centro Superior de Investigaciones Científicas considera las pruebas "una herramienta vital para determinar el alcance de la pandemia".

La PCR es una técnica que consiste en fotocopiar el material genético extraído de un paciente hasta tener millones o miles de millones de copias donde poder identificar una secuencia en concreto, en este caso, del ARN del SARS-CoV-2. Para conseguir la detección, los laboratorios someten a la muestra a diversos ciclos de amplificación, hasta que la máquina es capaz de detectar el material genético en concreto.

"A cada ciclo, la máquina mide: ciclo 1, ¿hay señal? Es decir, ¿se ha producido la amplificación de mi fragmento? No. Pues voy al ciclo 2. ¿Se produce la señal? No. Pues voy al ciclo 3. Y así hasta que se produce la señal", explica Belén Barreiro, vicepresidenta de la Asociación Española de Bioempresas y directora general de Ingenasa. Cuanto antes sale el positivo, mayor es la carga viral: una muestra que positiviza tras 12 rondas tenía una cantidad de material genético viral más de 10 millones de veces superior a una que positiviza tras 35 ciclos.

Una prueba PCR "está estandarizada para someterla a cuarenta ciclos", explica la experta, es decir, está programada para realizar 40 amplificaciones, tal como menciona Harrington en su texto. Ahora bien, a partir de cierto ciclo, entre el 35 y el 40 en función de la máquina y del fabricante, "todo lo que aparece puede ser o debido a contaminaciones, o que esas amplificaciones se producen de manera inespecífica", por lo que los resultados "no se consideran positivos". En otras palabras, el corte que establece qué resultados son válidos y cuáles no, no lo establecen los gobiernos, sino los fabricantes, y se encuentra por debajo de los 40 ciclos.

La Estrategia de Vigilancia y Control de Indicadores del Ministerio de Sanidad explica que la evidencia científica disponible "asume que un umbral de ciclos alto [una Ct entre 30 y 35 ciclos] equivaldría a una carga viral sin capacidad infectiva", aunque precisa que "este criterio debe ser validado por el laboratorio responsable en cada caso" dadas la heterogeneidad de la muestra y los diferentes equipos de realización de PCR disponibles. Dos equipos diferentes pueden arrojar resultados que varíen hasta en 8 ciclos para la misma muestra, según el Gobierno de Canadá.

Lo que ha ocurrido, y así lo indican ellos mismos en un comunicado es que los CDC han retirado el uso de la prueba diseñada por ellos mismos y autorizada para su uso de emergencia, el CDC 2019 Novel Coronavirus (2019-nCoV) Real-Time RT-PCR Diagnostic Panel, ya que "la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU ha autorizado cientos de otras pruebas de diagnóstico de SARS-CoV-2, muchas de las cuales ahora tienen un mayor rendimiento o pueden detectar más de una enfermedad a la vez".

O sea, que no es que hayan retirado todas las pruebas, sino solo aquella desarrollada por los CDC debido a la amplia oferta disponible en el mercado de otros test que funcionan igual o mejor: "En el momento en que los CDC implementaron el panel de diagnóstico de RT-PCR en tiempo real 2019-nCoV, no había otros métodos autorizados por la FDA disponibles en los Estados Unidos", añade el organismo.

Esto no tiene que ver precisamente con que los test no sepan distinguir bien entre Covid-19 y gripe. De hecho, en el anuncio oficial de la CDC no se menciona en ningún punto el asunto de la gripe como problema, sino más bien como propuesta: "Los CDC alientan a los laboratorios a considerar la adopción de un método multiplexado que pueda facilitar la detección y diferenciación del SARS-CoV-2 y los virus de la influenza", ya que "pueden facilitar las pruebas continuas tanto para la influenza como para el SARS-CoV-2, y pueden ahorrar tiempo y recursos a medida que nos acercamos a la temporada de influenza".

Efectivamente, lo que señala Harrington que dice Rochelle Walensky, directora de los CDC, es que, sí, "el test PCR puede dar falsos positivos hasta 12 semanas" desde la infección, pero es una frase sacada de contexto dentro de una conversación que gira en torno a la decisión del organismo de reducir a 5 días el periodo de aislamiento para casos positivos por Covid-19. En este sentido, el periodista le preguntaba por qué no era obligatoria una prueba PCR tras estos 5 días, a lo que ella contestaba que "en la mayoría de los casos, las infecciones se producen dentro de los primeros 5 días" desde que uno se ha infectado y que, por lo tanto, si confiaran en los resultados de las PCR "podríamos tener a mucha gente aislada" durante mucho tiempo.

Es decir, que sí, las PCR dan positivos durante un tiempo prolongado, pero la capacidad infectiva del virus solo dura los 5 primeros días en la inmensa mayoría de los casos. Esto ocurre porque la PCR es "una técnica muy sensible" que es capaz de detectarlo", señala Belén Barreiro, pero insiste en que "no indica que haya virus, sino trozos de éste que no están activos, esto es, que no funcionan".

"Las PCR lo que detectan es la presencia de ARN del virus, no del virus específicamente", explica la experta. "En muchas ocasiones, a pesar de haber superado la infección, te encuentras con que las células de tu cuerpo todavía mantienen restos de ese RNA viral, que no está activo, pero está ahí, como detritus en las células que las PCR detectan", resume. En cualquier caso, Barreiro considera que 12 semanas "es demasiado" tiempo, porque en ese periodo "prácticamente todas las células del epitelio se han renovado".

El debate en torno a qué tipo de inmunidad es mejor, si la adquirida por la vacuna o la natural, lleva sobre la mesa desde el mismo inicio de la campaña. Los expertos suelen coincidir por norma general en que, aunque la inmunidad natural puede ser segura y duradera, para adquirirla es necesaria la infección, lo cual supone un riesgo para la salud de las personas: "El problema es que el riesgo asociado a la infección en personas no vacunadas (enfermar gravemente o desarrollar covid prolongada) es considerable", indica a Adelaida Sarukhan, inmunóloga y redactora científica del Instituto de Salud Global de Barcelona. "Por eso, la mejor prevención sigue siendo la vacunación (algo que también indica el documento facilitado por Harrington). Y en gente que ya ha pasado la infección, una dosis de vacuna fortalece significativamente la protección, sobre todo frente a ómicron", concluye la inmunóloga.

De hecho, ni siquiera el estudio que adjunta el autor sostiene que los "no vacunados tienen resultados considerablemente mejores que los vacunados frente a las nuevas variantes de virus", sino que lo que muestra, tal y como puntualiza Sarukhan, es que "la mayor incidencia de casos y hospitalizaciones es en gente no vacunada y sin infección previa, mientras que la menor incidencia es en gente vacunada con infección previa, independientemente de la variante".

Lo dice en el mismo documento: "Antes de que la variante delta se convirtiera en la predominante en junio, las tasas de casos eran más altas entre las personas que sobrevivieron a una infección previa que entre las personas que solo habían sido vacunadas. A principios de octubre, las personas que sobrevivieron a una infección anterior (vacunadas o no) tenían tasas de casos más bajas que las personas que solo se vacunaron". Por lo tanto, las conclusiones de Harrington respecto al documento que adjunta y las del artículo en sí no coinciden.

El papel de la ivermectina para tratar infecciones de Covid-19 se ha discutido largo y tendido durante toda la pandemia, pero los ensayos clínicos no han sido capaces de demostrar que sea realmente efectiva para evitar infecciones, casos graves o muertes, algo que sí ocurre con las vacunas aprobadas hasta la fecha.

Con todo, los rumores sobre una supuesta capacidad para evitar contagios y fallecimientos han seguido circulando por Internet, con mensajes en los que se pone como caso de éxito a países como Japón o Sudáfrica, tal y como hace Harrington en el artículo. Sin embargo, aunque la Asociación Médica de Japón recomendó en su día su uso, la postura del Ministerio de Salud de Japón es diametralmente opuesta: tal y como indica la agencia France Presse, las pautas oficiales establecen que "en comparación con el tratamiento estándar y el placebo, la ivermectina no redujo las muertes, acortó el período de hospitalización ni mejoró el tiempo de desaparición del virus". Por lo tanto, es flso que en Japón se haya usado de forma general.

Hay que recordar que la ivermectina es un antiparasitario de amplio espectro que se utiliza para tratar la oncocercosis (ceguera de los ríos), la estrongiloidiasis y otras helmintosis, así como la sarna. Está incluido en la lista de medicamentos esenciales de la OMS como tratamiento de varias enfermedades parasitarias. En enero de 2021 fue aprobado en Sudáfrica como tratamiento por motivos compasivos en un programa de acceso controlado, pero el país desaconseja frontalmente su consumo más allá de estos márgenes establecidos. De hecho, no se ha aprobado el uso de ivermectina como tratamiento contra la Covid-19 en ningún país del mundo fuera de ensayos clínicos.

FUENTES

- Verificat
- Thomas Harrington, profesor emérito de Estudios Hispánicos del Trinity College
- Informe estadístico de invierno del sistema de salud pública escocés
- Post del blog de la Agencia de Seguridad de Salud del Reino Unido
- Informes del Ministerio de Sanidad español
- Adelaida Sarukhan, inmunóloga y redactora científica del Instituto de Salud Global
- Estudio danés que desmuestra que con la vacunación se elimina el virus más rápido
- Estudios que demuestran que las vacunas evitan la infección sin síntomas
- Antonio Navarro-Alonso, especialista en Pediatría, experto en vacunación Covid-19
- Jorge Carrillo, vocal de la Sociedad Española de Inmunología
- Objetivo de la vacunación según el Ministerio de Sanidad
- Las mascarillas y la distancia acompañarán durante todo el año según las autoridades
- Datos que sugieren la tendencia de que las vacunas ya comienzan a tener un efecto protector
- Centro Superior de Investigaciones Científicas
- Belén Barreiro, vicepresidenta de la Asociación Española de Bioempresas
- Estrategia de Vigilancia y Control de Indicadores del Ministerio de Sanidad
- Rochelle Walensky, directora de los CDC
- El papel de la ivermectina para tratar infecciones de Covid-19
- Lista de medicamentos esenciales de la OMS

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