Juan de Juni, el francés que transformó la escultura castellana

Publicado 30/03/2018 12:20:31CET

VALLADOLID, 30 Mar. (EUROPA PRESS) -

A pesar de su origen francés, Juan de Juni (Jean de Joigny en su lengua materna) ha pasado a la historia como uno de los grandes transformadores de la escultura castellana junto a nombres como el palentino Alonso Berruguete.

Nacido en Joigny (Francia) en 1506, comenzó a formarse en el país galo y, posteriormente en Italia, antes de viajar a la península ibérica para encargarse de la construcción del Palacio Episcopal de Oporto (Portugal), contratado por el obispo Pedro Álvarez de Acosta.

En 1533 cruzó la frontera para participar en la decoración de la fachada del convento de San Marcos en León, donde fue responsable de los relieves del Descendimiento y de la Resurrección, así como del altorrelieve del Nacimiento de Cristo en el claustro y de la sillería del coro.

En 1537 trabajó en la iglesia de San Francisco de Medina de Rioseco y en años posteriores atendió encargos en Salamanca, donde ejecutó el sepulcro del arcediano Gutierre de Castro en la Catedral Vieja; en el Burgo de Osma (Soria), para ocuparse del retablo mayor de la Catedral, y Ciudad Rodrigo (Salamanca), en la que fue autor del sepulcro del obispo de Zamora Antonio del Águila.

En 1540 se trasladó a Valladolid para realizar la obral 'El entierro de Cristo' del sepulcro del obispo de Mondoñedo fray Antonio de Guevara. Desde entonces instaló su taller en la ciudad del Pisuerga, en la que falleció en 1577 a pesar de sus desplazamientos para cumplir con los encargos de otros lugares, como Medina del Campo (Valladolid), Segovia, Ávila, Palencia y hasta Orense y Barcelona.

En su estilo como imaginero se refleja el patetismo expresivo propio del arte de su Borgoña natal y la grandilocuencia de los paños de sus esculturas heredado de Claus Sluter, junto a la influencia de su paso por Italia, especialmente de maestros como Miguel Ángel Buonarroti.

Sus figuras reflejan opulencia, carnosidad, apasionamiento, intensidad emocional y revuelo de sus ropajes, hasta el punto de ser considerado por algunos como el padre de la escultura barroca española.

Comparte con Alonso Berruguete la condición de fundador de la escuela escultórica de Valladolid, de la que en el siglo XVII sería heredero el gallego Gregorio Fernández, uno de los más destacados imagineros españoles, y en el XVIII, el navarrés Luis Salvador Carmona.