Ramon Solsona recuerda el "invisible" boom hidroeléctrico de Cardós en una novela

'Allò Que Va Passar A Cardós', De Ramon Solsona
PROA
Publicado 31/08/2016 16:29:58CET

   "Siempre que hay una gran obra, se confronta a forasteros y autóctonos", dice

   BARCELONA, 31 Ago. (EUROPA PRESS) -

   El escritor barcelonés Ramon Solsona recuerda el boom de ingeniería hidroeléctrica que se desarrolló en Cardós (Lleida) en los años 60 en la novela 'Allò que va passar a Cardós' (Proa) y en castellano 'Todo lo que sucedió en el valle' (Tusquets).

   La novela se traslada a la Vall de Cardós de 1965, donde miles de trabajadores excavaron kilómetros de galerías subterráneas, pozos verticales y centrales insertadas en las montañas, mientras la vida de los habitantes del valle se transformaba, quedando lejos la guerra y con la llegada de la televisión, el 600, el turismo y los bikinis.

   En una entrevista de Europa Press, Solsona ha explicado que tras pasar un día en la Ribera de Cardós, al marcharse del hotel le comentaron que no siempre había sido una zona muy tranquila, ya que durante 15 años vivió una vorágine de máquinas y trabajadores en unas obras "invisibles" que perforaron el interior de las montañas.

   "Siempre que hay una gran obra, detrás hay un gran despliegue industrial, un gran movimiento demográfico y confrontación entre los forasteros y autóctonos", ha explicado Solsona, que vio en este escenario histórico una fuente de conflictos, así como de prosperidad ideales para novelar.

2.500 TRABAJADORES EN LA ZONA

   Según ha relatado, la mayoría de los 2.500 trabajadores que requirió la obra --procedentes de Andalucía-- "después desaparecieron por completo", no sin dejar numerosas historias y cambios en la zona, confluyendo todas ellas en el asesinato de un guardia civil, centro de la trama.

   Solsona recupera aquella situación a través de dos planos narrativos: uno, situándose en 1965, cuando hubo el "pico máximo" de trabajadores, y otra, en el presente, desde donde algunos testigos rememoran aquellos días.

   Para la culminación de esta obra, Solsona ha necesitado unos diez años --intercalados con otros proyectos--, así como la colaboración de locales y expertos en excavaciones hidroeléctricas de la Escuela de Ingenieros de Barcelona: "No me interesaba tanto la producción de electricidad, sino el proceso previo de construcción manual de los túneles en turnos permanentes de 24 horas".

   "Me interesaba más la parte de picar piedra", ha asegurado Solsona, que ha reconocido que la construcción de la novela era un reto por su complejidad técnica y por el volumen de personajes, que le han permitido tratar las diferentes capas sociales del momento.

    Su intención era construir un friso que explicara cómo era la sociedad de aquella época en una región muy interesante por su cercanía a la frontera con los Pirineos, por ser un lugar de paso de maquis y exiliados políticos: "Donde hay una frontera siempre hay mucha historia".

   "La guerra queda bastante lejos y la sociedad respira de otro modo. De un lado hay progreso, se respira un aire más europeo, llegan los Beatles, la gente tiene televisión, el 600 y el turismo", ha explicado Solsona, que traslada a su novela aquellas relaciones más desenfadadas y menos dominadas por la opresiva posguerra.

   En su arco de personajes, algunos representan el viejo autoritarismo, como un guardia civil corrupto y un rector de pueblo de la vieja escuela: "Quiere mandar, pero la gente ya no le sigue porque le interesa más ir a bailar".

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