Detenida en Villanueva de la Serena una peluquera a domicilio por robar joyas a sus clientas

Actualizado 15/12/2016 12:28:57 CET

   BADAJOZ, 15 Dic. (EUROPA PRESS) -

   Agentes de la Policía Nacional han detenido a una mujer de 43 años que trabajaba como peluquera a domicilio, acusada de robar joyas en las viviendas de sus propias clientas.

   Además, han detenido al propietario de una joyería, al que se le imputa un delito de receptación, ya que presuntamente compraba las joyas sustraídas por la mujer.

   La investigación comenzó hace varios meses, cuando la Policía Nacional recibido varias denuncias de hurto de joyas en domicilios sitos en la localidad de Villanueva de la Serena que, al ser analizadas, los investigadores "se percataron que los hurtos seguían, en todos los casos, un mismo patrón" por lo que siguieron la premisa de que habían sido cometidos por una misma persona.

   Así, y tras escuchar nuevamente en declaración a varias de las víctimas, comprobaron que el "punto común" entre todas las denunciantes es que "eran clientas de una misma peluquera que trabajaba a domicilio", señala la Policía Nacional en nota de prensa.

   Una vez identificada esta peluquera, y realizadas las gestiones oportunas para demostrar su implicación en todos los hurtos, esta mujer fue detenida este pasado lunes, como presunta autora de un delito de hurto continuado, a la que se le imputaron seis hechos delictivos.

   La detenida, una mujer de 43 años y sin antecedentes penales, reconoció voluntariamente los hechos y entregó un total de 5.300 euros que ella "reconoció haber obtenido por la venta de las joyas sustraídas", por lo que tras ser oida en declaración, fue puesta en libertad.

   Continuando con la investigación, los agentes actuantes llegaron hasta la persona que le compraba a la detenida las joyas sustraídas, que es el propietario de una céntrica joyería de Villanueva de la Serena, por lo que fue detenido como presunto responsable de un delito de receptación.

   En la inspección que se realizó en la joyería, se pudo comprobar cómo, además de las joyas que adquiría de segunda mano y que eran anotadas en el preceptivo libro-registro, el joyero también compraba otro tipo de metales preciosos sin realizar el mencionado trámite legal, presumiblemente para poderlo fundir y comercializarlo en el mercado negro.

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