60 años del Tratado de Roma: ¿Está la UE ante la mayor crisis de su historia?

 

60 años del Tratado de Roma: ¿Está la UE ante la mayor crisis de su historia?

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Bandera de la UE y otras frente al Parlamento Europeo
YVES HERMAN / REUTERS
   
Actualizado 24/03/2017 12:07:40 CET

MADRID, 24 Mar. (EDIZIONES) -

Lo que llegaría a ser la Unión Europea nació un 25 de marzo de 1957 con la firma del Tratado de Roma, que instauró la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom). Desde entonces, la idea de una Europa en paz tras dos cruentas guerras fue ampliándose, y de los seis países originarios se pasó a los 28 actuales.

Sin embargo, la UE llega a este 60 aniversario de su creación en un momento delicado. La decisión de los británicos de abandonar el bloque en el referéndum del 23 de junio de 2016 supuso un mazazo inesperado que ha hecho tambalear los cimientos en los que se sustenta la UE y que ha llevado a sus líderes a reflexionar seriamente sobre su futuro.

El triunfo del Brexit se ha enmarcado además en un auge de los partidos populistas y xenófobos en Europa, que ha venido alentado en buena medida por la crisis registrada en 2015 con la llegada de un millón de refugiados al continente, aunque la reciente derrota del islamófobo Geert Wilders en Países Bajos ha supuesto un rayo de esperanza.

Todos los ojos están puestos ahora en Francia, donde el próximo 23 de abril se celebran unas elecciones presidenciales en las que la ultraderechista Marine Le Pen pasará sin duda a la segunda vuelta del 7 de mayo para perder ante el centrista Emmanuel Macron.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, con su política de "Estados Unidos primero", también ha tenido un efecto en las capitales europeas, mientras que en algunas de ellas aumentan las voces a favor de una Europa a dos velocidades para aquellos que siguen apostando por una mayor integración.

Así las cosas, ¿se encuentra la UE en la peor crisis de su historia? Hemos preguntado a cuatro expertos y esto es lo que opinan:

-POL MORILLAS (investigador principal para Europa del CIDOB)

Lo que caracteriza este momento de crisis en Europa es que son muchas crisis simultáneas y no acaba de resolverse ninguna de ellas, por lo que se superponen unas a otras. Eso hace que la crisis sea mayor que en otros momentos puntuales como con Margaret Thatcher y el cheque británico, o cuando Charles de Gaulle dejó la silla vacía.

Esta simultaneidad de crisis actual es importante porque afecta a los pilares fundamentales de la UE. Primero, al euro, como elemento simbólico de la construcción europea; segundo, a la libertad de movimientos, afectada por la crisis de refugiados y de Schengen, y tercero, una crisis añadida que es el Brexit y que afecta a la idea mantenida hasta ahora de que la UE solo se ampliaba en número de miembros e iba ahondando la integración. Ahora el Brexit pone en cuestión esas dos ideas.

Además, a esto se une una cuestión que no afecta solo a la UE y sus estados miembros, que es la contestación política general 'antiestablishment' que fomenta el descrédito político generalizado. Esto es algo que estamos viendo no solo en la UE sino también en Estados Unidos. Estas tres crisis, junto con esta crisis trasversal, hace que el cóctel sea especialmente complicado.

El encuentro de este sábado en Roma es especialmente relevante porque finalmente los líderes de la UE han dejado claro que el momento de abandono de un estado debe ser un momento de repensar el proyecto en su conjunto y las disfuncionalidades del proyecto. Llevamos muchos años poniendo parches a las crisis pero no hemos repensado en ningún momento la totalidad del objetivo de la integración europea.

Ahora los líderes se van a plantear hacia dónde quieren que vaya la UE. Lo novedoso es que parece que se está dejando atrás la lógica de una UE cada vez más unida y eso es así porque algunos estados ya no creen que el destino sea una integración cada vez mayor y que todos lleguemos al mismo puerto de destino, sino que hay distintas vías de integración. Ahí entra la Europa a dos velocidades de la que hablan ahora los grandes --Francia, Alemania, Italia y España-- pero que en la práctica ya existía con el euro o Schengen.

-IGNACIO MOLINA (investigador principal para Europa del Real Instituto Elcano)

Parece evidente que sí. Pero no es algo tan coyuntural. Desde hace más de diez años, cuando los franceses y holandeses rechazaron en referéndum el proyecto de Constitución Europea, la UE ha ido encadenando una crisis tras otra.

La incertidumbre institucional de 2005-2007 (solo parcialmente remendada por el Tratado de Lisboa que no entró en vigor hasta final de 2009) se combinó enseguida con los efectos de la 'Gran Recesión' que había comenzado en 2008, los problemas existenciales del euro desde 2010 hasta 2013, el drama de los refugiados en 2015 o el auge de los populismos euroescépticos.

Y ahora se enfrenta además a la decisión británica de abandonar la organización y cómo abordar el futuro... Entre los 27 hay grandes discrepancias que sobre todo se traducen en la idea de la Europa a varias velocidades o al papel de los estados grandes frente a los pequeños y las instituciones. También hay un creciente distanciamiento entre los países del Este y los demás a cuenta del Estado de Derecho o de cómo tratar las cuestiones migratorias.

No obstante, en este panorama que parece tan sombrío hay tres importantes consideraciones a hacer:

a) La UE es, pese a todo, muy sólida. Las crisis que sufrió por decisiones francesas a mitad de los 50 (el rechazo a la comunidad de la defensa) o de los 60 (silla vacía) fueron menos complejas pero más peligrosas porque en aquel momento la integración europea estaba naciendo y era mucho más frágil. Ahora demuestra que es resiliente e incluso atractiva

b) Muchas de las crisis que componen la actual policrisis están en curso de resolución o al menos se están gestionando con menos urgencias (la gobernanza del euro, la recuperación económica, los refugiados, el propio Brexit, etc) lo que demuestra que la UE sigue funcionando.

c) Desde el punto de vista del apoyo social, la UE sigue siendo fuerte e incluso esta situación tan compleja le podrá politizar en el mejor sentido de la palabra. las recientes elecciones holandesas así lo demuestran

-MIGUEL ANGEL BENEDICTO (Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea)

Creo que sí que es la mayor crisis y más fuerte que el fracaso de la Comunidad Europea de Defensa en los años 50 o el fracaso de la Constitución Europea a mitad de la década pasada. No solo es una crisis es una policrisis con varios frentes que tiene su origen en la crisis económica de 2008, a la que siguen el problema terrorista y el reto de los refugiados; que ayudan al surgimiento de los populismos y a la división norte/sur tras los rescates y este/oeste por el miedo a perder nivel de vida e identidad poniendo el foco en la inmigración y los refugiados.

A esto hay que añadir la crisis entre Rusia y la UE por la invasión ilegal de Crimea y la posterior guerra de Ucrania en la zona del Donbás, que ha abierto la necesidad de una política exterior y de seguridad más fuerte así como una menor dependencia energética de Moscú.

La llegada de más de un millón de refugiados a Europa hizo tambalear el espacio Schengen y provocó el ascenso del populismo y la extrema derecha en Francia, países del Este y Centro de Europa, Países Bajos y los nórdicos.

Asimismo, somos una región envejecida que ha caído del 25 por ciento de la población mundial antes de 1939 al 6 por ciento en la actualidad, que importa el 60 por ciento de su energía, con una brecha en materia de innovación en relación a Estados Unidos y el sudeste asiático y con un fuerte retraso en el mundo digital.

Y por último, el referéndum británico ha abierto las puertas a la salida de Reino Unido de la UE, lo que ha sumido a Europa en una crisis existencial que debe evitar el efecto contagio mediante un proyecto ilusionante e integrador.

Pero Europa ha crecido a base de crisis y no se construye sin consenso ni compromisos. España debe jugar un papel fundamental en el grupo de países que desean avanzar hacia una Europa más integrada a nivel económico y político.

En una Europa dividida entre la tendencia federalizante y la nacionalista, lo más probable es que en Roma se opte por una Europa a varias velocidades, que permita que unos países avancen más en determinadas áreas (Unión económica, defensa, seguridad etc...) y otros no lo hagan aunque no se les cierre las puertas y se les permita poder incorporarse en el futuro a esas políticas si así lo desean y cumplen con los criterios exigidos.

-EUGENIO NASARRE (Presidente del Movimiento Europeo de España)

Ciertamente, sí. La crisis a la que se enfrenta ahora la Unión Europea es sólo comparable a la que se produjo en agosto de 1954 con aquella dramática votación de la Asamblea francesa, en la que Francia rechazó ratificar la Europa de la Defensa. Aquel fracaso parecía que iba a significar el fin del "sueño" del proyecto de integración europea.

Pero los líderes de los seis estados integrantes de la "pequeña Europa" reaccionaron. Y en mayo de 1955 se reunieron en la cumbre de Messina y lanzaron el proyecto del Mercado Común, que desembocó en los Tratados de Roma, cuyo sesenta aniversario ahora conmemoramos y cuyo éxito es indudable.

Entonces el proyecto europeo tenía también muchos adversarios, que se reducen a dos: los nacionalismos y los enemigos de la democracia liberal. Con distinto ropaje son los mismos que ahora.

Por eso hoy la Unión Europea debe reaccionar con la misma lucidez y el mismo coraje político que tras aquella crisis de la Europa de la Defensa, trazando unos objetivos ambiciosos que permitan avanzar hacia una mayor integración en aquellos ámbitos que más necesita Europa: unión económica, defensa, seguridad y más cohesión.

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