Costa Rica elige entre los Alvarado tras una campaña dominada por el discurso religioso

Elecciones presidenciales en Costa Rica
REUTERS / JUAN CARLOS ULATE 
Actualizado 31/03/2018 12:18:03 CET

La situación de empate técnico entre los dos candidatos da la llave de la Presidencia al 15 por ciento de indecisos

MADRID, 31 Mar. (EUROPA PRESS) -

Costa Rica celebra este domingo las elecciones presidenciales más inusuales de las últimas décadas, empezando por los candidatos, Fabricio Alvarado Muñoz y Carlos Alvarado Quesada, a quienes nadie situaba en la segunda vuelta del 1 de abril, y siguiendo por el tema dominante: la religión, que hacía años que no generaba tensión alguna en el que se enorgullece de ser el país más progresista de Centroamérica.

El 4 de febrero, Costa Rica inauguró un año electoral que se augura convulso en América Latina --Venezuela, México o Brasil sacarán las urnas-- y no decepcionó. Se confirmó el fin del bipartidismo que ha gobernado la democracia centroamericana y configuró una Asamblea Legislativa con hasta siete partidos en el que la primera fuerza, el Partido de Liberación Nacional (PLN), no apoya a ninguno de los Alvarado.

Muñoz, del Partido Restauración Nacional (PRN), surgió por sorpresa como el candidato más votado, con un 24,91 por ciento. El predicador evangélico desplazó por completo a Álvaro Desanti, del PLN --la derecha tradicional en Costa Rica--, a quien los sondeos sobre intención de voto situaban en una posición privilegiada, si bien seguido de cerca por este Alvarado.

Para Quesada, el pase a segunda vuelta también fue inesperado. Comenzó la carrera por el Palacio de Gobierno prácticamente descartado debido al desgaste que el Partido Acción Nacional (PAC) ha sufrido durante los cuatro años de mandato de Luis Guillermo Solís. Sin embargo, en la recta final protagonizó una remontada épica (21,66 por ciento) hasta erigirse en el único representante de la izquierda 'tica'.

Ahora las encuestas dibujan una situación de empate técnico en la que Muñoz tendría una ligera ventaja sobre Quesada. Tan solo unos pocos sondeos se atreven a señalar un claro ganador y ponen al candidato conservador cinco puntos por encima.

Con este pronóstico, la llave de la Presidencia está en manos del 15 por ciento de personas que van a votar pero todavía no saben a quién. El perfil del indeciso diseñado por la Universidad de Costa Rica (UCR) es un hombre de unos 50 años con baja cualificación y residente en zonas costeras.

Esto favorecería a Muñoz, ya que su feudo electoral está en las provincias rurales de la costa --Guanacaste, Puntarenas y Limón--, mientras que Quesada tiene su caladero de votos en las urbanas del interior --Cartago y Heredia--. Las grandes plazas de San José y Alajuela, donde viven la mitad de los costarricenses, forman parte del bloque dubitativo.

Hay un factor más que será decisivo. La jornada electoral coincide con el Domingo de Resurrección, último día de las vacaciones de Semana Santa, en el que muchos estarán en el viaje de vuelta, lejos de su centro de votación. Muñoz saldría beneficiado, puesto que su elector tipo, definido por su fe, habría optado por no desplazarse.

NUEVO LÍDER RELIGIOSO

Muñoz, un antiguo reportero de sucesos reconvertido en predicador (y cantante) evangélico, ha logrado hacer de su punto fuerte --la religión-- el eje de la campaña electoral, polarizando a un país que, a diferencia de sus vecinos regionales, hace años que decidió desterrar el debate espiritual del espacio público.

Irrumpió en política hace cuatro años, cuando ya era una cara muy conocida de la televisión costarricense y el partido evangélico le ofreció encabezar su lista para el Congreso. Ganó el único escaño de la formación política y lo usó de púlpito para lanzar sus proclamas, más religiosas que políticas.

Un dictamen de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), con sede en San José, en el que se pronunció claramente a favor del llamado matrimonio igualitario y de los derechos sexuales y reproductivos de la comunidad LGTB, dio a Muñoz la excusa perfecta para colocar su agenda en el centro del debate electoral.

Muñoz, de 43 años, ha prometido que, de salir victorioso este domingo, luchará contra el "estado laico", la "ideología de género" y las relaciones sexuales "impropias" y eliminará la educación sexual de las escuelas. Como órdago, ha planteado la retirada de Costa Rica del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, lo que acabaría con una de las señas de identidad del país. "Nuestros valores son innegociables", ha dicho.

Su activismo católico le ha valido el reproche de las autoridades electorales. De cara a la primera vuelta, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) recibió un total de 29 denuncias contra Muñoz por "invocación religiosa" y en las últimas semanas le ha vuelto a llamar la atención por reunirse con varios pastores y pedirles que convenzan a sus fieles de que voten por él en base a razones religiosas.

En Costa Rica, aunque siete de cada diez habitantes se declaran católicos, las normas electorales prohíben mezclar fe y voto. "El cura puede decir que hay que votar por equis partido o candidato. En eso no hay ningún problema. Lo que no puede hacer es decir que hay que votar por equis partido o candidato porque Dios lo manda o no hay que votar por el otro porque nos vamos al infierno", ha explicado el asesor político del TSE, Gustavo Román.

El coste de esta encendida campaña ha sido un aumento de la violencia contra la comunidad LGTB desde la primera vuelta, según ha denunciado el Defensor del Pueblo costarricense, un dato que ha obligado a Muñoz a reducir su exposición mediática de cara al balotaje.

LA CARTA DEL PROGRESO

A Quesada, de 38 años, esta coyuntura le ha venido bien porque le ha permitido desviar el foco mediático de los casos de corrupción que han salpicado al Gobierno de Solís, del que ha formado parte como ministro de Desarrollo Humano y Trabajo, y presentarse como freno del fundamentalismo religioso. "El país no quiere eso", ha sostenido.

Ha hecho valer la (breve) experiencia de gobierno del PAC con un programa detallado que tiene como ejes la creación de empleo y la lucha contra la delincuencia común y el crimen organizado, dos cuestiones que están entre las que más preocupan a los costarricenses porque, aunque el paro y la inseguridad no han alcanzado índices graves, su tendencia alcista amenaza el estado del bienestar que el país ha forjado en un contexto regional hostil.

El "contrato" que Quesada somete a la ciudadanía contrasta con la propuesta política de Muñoz. El abanderado del PRN llegó a la primera vuelta con 54 páginas de ofertas vagas que ha enmendado 'in extremis' esta misma semana con un "plan de gobierno 2.0" con el que pretende combatir "la cantinela de que no hay ideas".

Sobre el eventual gobierno de Muñoz solo se sabe, al margen de su impronta cristiana, que contará con "las mejores mentes". "Hemos entendido el mensaje que dio la población al repartir la Asamblea Legislativa entre siete partidos políticos", ha declarado. Incluso, ha confiado, "el PAC se nos va a unir después del 1 de abril".

Desde luego, va a necesitar toda la ayuda posible porque en el Congreso, de tan solo 57 escaños, posee un solo asiento, mientras que el PAC de Quesada es la segunda fuerza, con doce diputados, seis menos que el PLN, que ostenta la mayoría parlamentaria, y a gran distancia de los terceros: el izquierdista Frente Amplio y el cristiano PUSC, con ocho cada uno.

Así las cosas, Quesada no ha dudado en calificar de "guerra" la cita electoral porque, según ha advertido, está en peligro la misma esencia 'tica': "Este es un país que puede levantar la voz por los Derechos Humanos (...), donde hay espacio para que la diversidad se pueda manifestar. Pero eso no es gratis, no es imperecedero. A esta Costa Rica hay que defenderla".

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