Entre la responsabilidad de informar y el riesgo de ser "correa de transmisión" de los yihadistas

Vídeo de la ejecución de coptos por Estado Islámico en Libia
Foto: REUTERS TV / REUTERS
   
Actualizado 07/03/2015 11:08:50 CET

MADRID, 7 Mar. (Por Lupe Bohorques, profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Europea, y Eduardo Navarro, juez de instrucción y colaborador de la Universidad Europea) -

   El fenómeno del yihadismo ha supuesto un auténtico revulsivo para la prensa gráfica y escrita y ha tenido un impacto mediático de calado en la redes sociales. Los términos yihad, arabismo que se traduce literalmente como 'lucha', y yihadismo no eran términos usados con frecuencia en los medios de comunicación hasta después del 11-S.

   En su condición derivada del salafismo, es un fenómeno heterogéneo, donde coexisten diversas interpretaciones que persiguen restaurar una grandeza del Islam y, por ende, "re-islamizar" a las sociedades musulmanas desde la más estricta ortodoxia. Además, en estos últimos tiempos, los objetivos de esta corriente ultraortodoxa pasan por derrocar a los gobiernos liderados por musulmanes moderados, que ellos consideran apóstatas, impíos y corruptos, y a los que acusan expresamente de ser tibios, hipócritas y aliados de Occidente.

   Esta visión apocalíptica del laxo apostolado conecta directamente con los atentados terroristas perpetrados en territorio occidental, con los que buscan un gran impacto mediático, actuando, para lograr sus objetivos, de madrugada o a primera hora de la mañana para obtener la máxima repercusión en los medios de comunicación a lo largo del día. Con ello, lo que pretenden es crear una sensación de enorme terror, con la que forzar o chantajear a la opinión y voluntad de los gobiernos y sociedades hostiles a sus doctrinas.

   Una táctica habitual entre los yihadistas es el atentado suicida,   normalmente contra civiles, soldados y funcionarios gubernamentales, pero también han hecho uso extensivo de la publicidad de los secuestros individuales, finalizados con ejecuciones extremadamente sangrientas, normalmente decapitaciones de los secuestrados con un cuchillo.

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   Esta táctica, que se ha convertido en santo y seña de Estado Islámico, ya se había utilizado notablemente durante la segunda guerra en Chechena y en la invasión de Irak. Este fue el método empleado para asesinar en 2002 al periodista estadounidense Daniel Pearl en Pakistán, en 2004 a los estadounidenses Nick Berg, Eugene Armstrong y Jack Hensley en Irak, a Paul Johnson en Arabia Saudí, al británico Ken Bigley en Irak, al surcoreano Kim Sun Il también en Irak y al japonés secuestrado y asesinado en Irak, Shosei Koda.

SISTEMA PROPAGANDÍSTICO

   Los yihadistas cuentan con un heterogéneo sistema propagandístico. Por una parte, están las mezquitas, centros culturales y madrazas radicales y, por otra, páginas de Internet, publicaciones, revistas y periódicos, casetes con sermones de las figuras más señeras del yihadismo, programas de televisión por satélite y las enseñanzas de imanes radicales en algunas de las universidades islámicas de mayor prestigio, especialmente Al Azhar en El Cairo.

   La prensa escrita, los medios de difusión general y en especial Internet son herramientas que el yihadismo utiliza con destreza para reclutar y adoctrinar a integristas, y cuya vigilancia quieren endurecer los gobiernos europeos, extremo este último que se ha convertido, al calor de los atentados de París, en un nuevo campo de batalla entre 'hackers' islamistas y defensores de la libertad de expresión.

   El espacio virtual se convierte así en un nuevo escenario de combate, donde integristas y justicieros rinden cuentas, al tiempo que los ministros del Interior de los países europeos más afectados por el yihadismo acuerdan mejorar su lucha común contra el contenido difundido en Internet, extremo que deja a la postre sobre el filo de la navaja las libertades del conjunto de los ciudadanos, como hace especial hincapié la organización Reporteros Sin Fronteras.

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YIHADISMO Y LIBERTAD DE PRENSA

   Cuál debe ser el posicionamiento de los medios, es un tema que levanta especiales suspicacias. El principio de libertad de prensa supone de facto que los ciudadanos tengan el derecho de organizarse para la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados ni censurados por los poderes del Estado, es decir, toda persona puede publicar sus ideas libremente y sin censura previa.

   A este respecto, Suecia fue el primer país en adoptar una legislación de libertad de prensa con la 'tryckfrihet' del 2 de diciembre de 1766 y en Estados Unidos este derecho está garantizado por la Primera Enmienda de la Constitución, si bien no todos los países la tienen garantizada. En las sociedades democráticas, el papel del Estado se reduce a velar por que la información no sea dañina para la sociedad.

   En la actualidad, se está debatiendo mucho sobre la "autorregulación" de los medios, que en la ética periodística solo será eficaz si sus normas son públicas y explícitas respecto a cuáles son los límites de la libertad de expresión y de prensa y las fronteras que no se pueden traspasar. Y estas se hallan recogidas en los diversos Códigos Deontológicos de la profesión.

   Estos parten de que el primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad y hay una serie de normas que no deben vulnerarse nunca. El artículo 4 del Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) establece que el periodista respetará el derecho de las personas a su intimidad y a su imagen.

   El periodista deberá tener presente, según este código, que "solo la defensa del interés público justifica las intromisiones o indagaciones sobre la vida privada de una persona sin su previo consentimiento" y que, cuando "medien elementos de dolor o aflicción en las personas afectadas, el periodista evitará la intromisión gratuita y las especulaciones innecesarias sobre sus sentimientos y circunstancias", entre otras cuestiones.

   La ética es un requisito transversal, permanente y universal desde cualquier soporte de prensa, y en el periodismo, la deontología profesional es la única garantía para la credibilidad de los medios ante los ciudadanos.

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RESPONSABILIDAD ÉTICA

   De lo que precede se deduce que la supervivencia del periodismo depende de la responsabilidad ética que los medios asuman respecto a los derechos de los ciudadanos a recibir una información veraz mediante una buena praxis de la profesión periodística.

   No hay tampoco que obviar que la información es un derecho fundamental y sus titulares son los ciudadanos. En este sentido las empresas periodísticas son "especiales" desde el punto de vista socioeconómico dado que "sus objetivos empresariales deben estar limitados por las condiciones que han de hacer posible la prestación de un derecho fundamental porque ni los editores o propietarios de los medios de comunicación ni los periodistas han de considerarse dueños de la información", esto último en palabras de Manuel Núñez Encabo, presidente de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de la FAPE.

   Por último, no existe una respuesta cierta, ni regulada explícitamente sobre el papel de la prensa y los medios como "correas de transmisión de la propaganda yihadista" y, por lo tanto, y a falta de una regulación específica (que no se hará tardar), ahora dependen de  la responsabilidad deontológica de los medios, sujeta al filo de la navaja entre los principios de libertad de prensa, por un lado; y responsabilidad, veracidad y objetividad, por otro.

   En relación con las redes sociales, se ha producido un fuerte impulso, desde la propia Comisión Europea, donde el coordinador antiterrorista de la UE, el belga Gilles De Kerchove, ha dejado patente que "es importante que la voluntad política se cristalice de manera que podamos reaccionar más rápido y con más fuerza".

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