La mortalidad de la tortuga boba ha descendido en Cabo verde, según investigadores del CSIC

Tortuga Boba Caretta Caretta Durante La Puesta De Huevos
ADOLFO MARCO, CSIC
Actualizado 22/06/2012 15:55:00 CET

MADRID, 22 Jun. (EUROPA PRESS) -

La mortalidad de la tortuga boba ha descendido en Cabo Verde, donde habita la segunda población "más importante" de esta especie, 'Caretta caretta', en el Atlántico, según una investigación liderada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

'Caretta caretta' es una de las tortugas marinas más amenazadas del mundo. El estudio del CSIC, realizado en la isla de Boavista de Cabo Verde, ha incluido un censo, cuyos datos, recopilados desde 2007, muestran un descenso de su mortalidad.

Para los investigadores, la tendencia positiva se debe a los esfuerzos y sensibilización de la población autóctona, a las iniciativas de cooperación para el desarrollo sostenible de las comunidades locales y por el seguimiento y protección que ejercen los campamentos de voluntarios internacionales instalados en las playas.

En este sentido, el investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, Adolfo marco, ha destacado que los censos intensivos de toda la isla de Boavista en los últimos cinco años han demostrado que sus playas albergan la segunda población de tortuga caretta más importante del Atlántico y la tercera del mundo después de Florida y Omán. "La densidad de nidos de algunas playas es excepcional y al final de la temporada se pueden encontrar más de 4.000 por kilómetro lineal", ha añadido.

Concretamente, el censo apunta que en menos de 70 kilómetros de playa anidan cada año una media de 3.700 hembras adultas que realizan una media de unos 15.000 nidos. Para Marco, esta "alta densidad" favorece el seguimiento y la protección de estas tortugas y es una "gran oportunidad" para el desarrollo de un ecoturismo responsable.

Sin embargo, ha añadido que estos datos también subrayan la "fragilidad de esta colonia reproductora ante cualquier circunstancia".

VUELVEN A CASA

Las tortugas boba que nacen en Cabo Verde se dispersan por todo el océano Atlántico y muchas llegan al litoral español, donde representan el segundo grupo más importante por origen. A pesar de las distancias recorridas, las Caretta caretta profesan una gran fidelidad a su lugar de nacimiento y regresan a esa misma playa para reproducirse o nidificar.

Este fenómeno, identificado en estudios genéticos, junto con una dispersión de las zonas de anidación muy limitada, provoca un aislamiento reproductor que "convierte a la población de tortuga boba de Cabo Verde en una unidad regional de conservación exclusiva que puede dificultar la respuesta de este grupo a los cambios ambientales que amenazan el desove, como el calentamiento global", comenta el investigador.

Los mayores riesgos para su conservación son, según los expertos, la caza de las madres mientras hacen sus nidos, la inundación de las playas motivada por la elevación del nivel del mar y el calentamiento del clima, la depredación por parte de cangrejos fantasma y la muerte de huevos en las playas por hongos patógenos.

"Son problemas graves aunque independientes. Uno de ellos es la tradicional caza y consumo de carne de tortuga entre la población de Cabo Verde. En 2007 se cazaron más de 1.200 hembras en las playas de Boavista, es decir, más del 36% de las hembras reproductoras de esa temporada, una tasa insostenible que podría provocar su extinción en el Atlántico oriental", ha destacado.

Sin embargo, el estudio del CSIC apunta que la caza ha disminuido gracias a programas de concienciación y desarrollo local, de modo que en 2008, el porcentaje de hembras muertas a manos de cazadores fue del 18 por ciento (408 capturas); en 2009 bajó al 5 por ciento (215 capturas) y en 2011, únicamente se cazaron 55 tortugas en toda la isla. "El descenso tan importante de la caza de madres permitirá un aumento de nidos en las playas", ha celebrado el investigador que ha añadido que miembros del CSIC trabajan "activamente" para reducir la muerte de los huevos en la playa, mediante el traslado de nidos a zonas seguras, donde la supervivencia es mucho más alta.

El proyecto ha contado con la colaboración de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria, la ONG caboverdiana Cabo Verde Natura 2000, y el apoyo de la Fundación Biodiversidad.

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