Parque Natural de la Sierra de María-Los Vélez (Almería) - JUNTA DE ANDALUCÍA
SEVILLA 21 Ago. (EUROPA PRESS) -
La Junta de Andalucía ha decidido adoptar nuevas formas para hacer frente a la gestión forestal, a través de la aplicación del conocimiento científico-técnico y la anticipación como fórmula para salvaguardar sus recursos naturales más estratégicos. Por ello, las cuadrillas forestales ya aplican tratamientos de adaptación climática que transforman progresivamente el paisaje, "no para alterar su esencia, sino para asegurar su supervivencia".
Según ha informado la institución autonómica en una nota, la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente ha situado la gestión forestal adaptativa "como un eje vertebrador de su política frente al cambio climático". Además, ha señalado que la combinación de sequías intensas, aumento de temperaturas extremas, incendios de comportamiento más errático y procesos de debilitamiento fisiológico de las masas forestales ha hecho evidente la necesidad de intervenir con "criterio, planificación y datos".
"El monte mediterráneo es muy sensible a los efectos del cambio climático. Pero al mismo tiempo, es clave para proteger el suelo, conservar la biodiversidad y regular el agua. Por eso estamos actuando desde la planificación y el conocimiento científico- técnico", ha explicado el director general de Política Forestal y Biodiversidad, Juan Ramón Pérez Valenzuela.
Las medidas en marcha están orientadas a "reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas forestales", a través de la disminución de densidades para mejorar el reparto de agua, diversificación estructural y de especies, fortalecimiento de la regeneración natural, adecuación de criterios de corta o retirada selectiva de pies secos en zonas de alta exposición. Actuaciones que, según ha indicado el Gobierno andaluz, ya se ejecutan en muchas sierras de Andalucía, desde Cazorla y Sierra Morena hasta Los Alcornocales o Sierra de Baza.
Estos trabajos se enmarcan en el Plan Forestal Andaluz 2030, que recoge "las principales líneas estratégicas de acción para adaptar las masas forestales andaluzas al nuevo contexto climático", ha subrayado la administración autonómica. La Consejería ha reforzado, además, la red de seguimiento del estado de la vegetación mediante sensores remotos, imágenes satelitales y modelos predictivos que permiten vigilar cada mes parámetros como la humedad edáfica o el índice de vegetación.
Las imágenes obtenidas a través de satélites de observación como 'Sentinel' permiten detectar con precisión zonas en las que se está produciendo decaimiento forestal, como ya ocurre en parte de las sierras orientales almerienses. En estos espacios, los efectos de la aridez prolongada han provocado la pérdida de vitalidad en formaciones de coníferas y el retroceso de especies como el pino salgareño --'Pinus nigra'--, afectando también a encinares en cotas bajas.
Pérez ha apuntado que, además del seguimiento, "se estan incorporando prácticas que hasta hace poco no se contemplaban, como la migración asistida, utilizando materiales de reproducción procedentes de poblaciones mejor adaptadas a escenarios más secos, con el fin de anticipar el monte del futuro".
FUTURA LEY DE MONTES DE ANDALUCÍA
La Junta ha explicado que la comunidad andaluza está tramitando una nueva Ley de Montes, que llegará al Parlamento en esta legislatura y que marcará un punto de inflexión en la normativa forestal autonómica. La norma vigente data de 1992 y requiere una revisión profunda para integrar principios actuales como la adaptación al cambio climático, la economía circular o la gestión activa de los servicios ecosistémicos.
"La nueva ley reconoce también al monte como un bien estratégico por su papel en la economía rural, la prevención de catástrofes y el equilibrio territorial", ha afirmado el director general. La futura norma dotará de un "marco estable y actualizado" a las decisiones de gestión forestal pública y privada, y "ofrecerá seguridad jurídica a los propietarios que quieran acogerse a modelos de aprovechamiento sostenible", ha señalado.
Esa visión está recogida en el 'Plan Forestal Andaluz 2030', que refuerza el vínculo entre selvicultura, bioeconomía y desarrollo rural. Se trabaja con la idea de que el monte puede ser también motor económico gracias a la generación de biomasa, madera, corcho, otros productos no maderables, servicios recreativos o sumideros de carbono. Todo ello, con "garantías de sostenibilidad certificada".
En zonas como la Sierra de las Nieves, los valles del Genal y del Guadiaro o la Subbética cordobesa, se están desarrollando proyectos vinculados al uso de biomasa para calefacción en edificios públicos, al aprovechamiento forestal para industria local de carpintería, o a la transformación alimentaria de frutos forestales como la bellota. Experiencias que muestran cómo la economía circular puede echar raíces en el monte.
Asimismo, Pérez ha incidido en que "la economía circular necesita materia prima renovable. Y nuestros montes, si se gestionan de forma adecuada, la pueden proporcionar sin comprometer su equilibrio ecológico". Ha añadido que uno de los objetivos de su departamento es "construir cadenas de valor completas en torno al recurso forestal, de modo que los beneficios reviertan en los territorios donde se generan".
Para ello, la Junta está apostando por fórmulas como la gestión agrupada de montes privados, la modernización de los sistemas de ordenación forestal, el impulso a la certificación sostenible y la creación de herramientas de trazabilidad. También están colaborando con universidades y centros de investigación para desarrollar ensayos de procedencia, estudiar la respuesta de distintas especies a variables climáticas extremas y diseñar protocolos de restauración con especies y ecotipos mejor adaptados.
Por otro lado, la Consejería ha promovido además el acceso del sector forestal a fondos europeos de innovación, tanto en el marco del Feader como de programas como 'LIFE' o 'Interreg'. Y en paralelo, ha reforzado las sinergias entre política forestal, acción climática y ordenación del territorio.
Finalmente, el director general ha concluido que, "un monte resiliente ayuda a contener la erosión, facilita la infiltración de agua, mejora la calidad del aire y actúa como barrera frente a los incendios. Para ello, nada mejor que convertirlo en una unidad económica rentable, conjugando su aprovechamiento y su preservación. Gestionarlo bien es una inversión en futuro".