El escritor mexicano Juan Villoro, Premio Factoría Creativa de las Letras Iberoamericanas. - AYUNTAMIENTO LA RINCONADA
SEVILLA 30 Abr. (EUROPA PRESS) -
El Ayuntamiento de La Rinconada ha celebrado la la entrega del Premio Factoría Creativa de las Letras Iberoamericanas a Juan Villoro. Este acto literario, tuvo lugar en el Centro Cultural Antonio Gala, donde el Consistorio reconocía al escritor mexicano.
Así, la delegada de Cultura, Raquel Vega, ha destacado que "la cultura, los libros, construyen buenos ciudadanos, libres de prejuicios, críticos, alejados del pensamiento único, combativos, pero no beligerantes, informados, constructivos en un mundo donde unos cuantos han hecho de la destrucción su razón de ser. Y eso es Estación de las Letras, ojos abiertos y mente en constante expansión".
Del autor mexicano, como ha recogido el Consistorio en una nota de prensa, refería que "es un autor global, total, universal. Periodista, ensayista, dramaturgo, novelista, traductor, apasionado del fútbol, cronista, cuentista, compositor de canciones o profesor universitario".
"Tiene una obra fastuosa y coral, donde el género es lo que menos cuenta, ya que todas y cada una de sus obras forman parte de la definición de su creador", ha apostillado Vega.
Con estas palabras entregaba el galardón al autor de 'La tierra de la gran promesa'. Este subrayaba "el enorme gusto de estar en esta ciudad y sentir que mis palabras cruzaron el océano. Andalucía ha sido decisiva para América latina; el español de México le debe mucho a Andalucía, estamos cerca culturalmente. Es mucho lo que nos une desde hace siglos a las dos orillas del océano, de modo que es un privilegio. Cuando uno escribe es como si lanzara una botella al mar con un mensaje, sin saber si eso llegará a las manos correctas y, estar aquí, me hace sentir que mi botella llegó a la playa apropiada".
Acto seguido daba inicio una tertulia literaria entre Villoro y el también escritor, mentor de Estación de las Letras y miembro del Consejo de las Letras de La Rinconada, Fernando Iwasaki.
El autor peruano ha definido al mexicano como "un escritor especial" por "ser un maestro de la exposición", "capaz de trazar una toda una cartografía de su lectura y conocimiento con orden riguroso", "un genio de la conversación" y "con capacidad para poder relacionar los elementos más inverosímiles".
En contexto, el padre de Juan Villoro era filósofo, su madre psicoanalista y su abuela paterna escribía libros de autoayuda. "¿Viene de ahí tu vocación por las humanidades, la escritura, el conocimiento, las lenguas?", le preguntaba Fernando Iwasaki. Así, el escritor ha afirmado que todo parte de la "mezcla de culturas. Mi padre era filósofo y a mí eso me desconcertó de niño, es difícil entender a qué se dedica tu padre que dice que investiga el sentido de la vida".
"Como buen filosofo era muy desapegado, no estaba muy presente en la vida emocional, y tomo la decisión de que yo debía estudiar en el Colegio Alemán", ha proseguido, afirmando además que, "el idioma de los filósofos era el alemán, y con cuatro años entré. Durante nueve años lleve todas las materias en alemán, salvo lengua nacional. Fue una educación que me costó mucho trabajo y, al mismo tiempo, fue muy formativa, me dio disciplina y me obligó a sobrevivir a través del estudio. Fraguó una relación neurótica con el conocimiento, mi padre y el alemán. Cuando pude escoger una escuela por mi cuenta acabé bachillerato en un colegio de republicanos españoles, el colegio Madrid, y me dio cierta relajación".
De su madre afirmó que era "enormemente emocional, torrencialmente sentimental, un libro abierto". Así, todas esas influencias marcaron su vocación. "A veces lo que llamamos habilidades es una reacción ante numerosos impedimentos. Desde niño descubrí que no tenía talento para el canto, ni la música, las matemáticas o los deportes* todo se fue reduciendo a la palabra", ha insistido.
De este modo, de la "perplejidad de hoy día" surge su último libro 'No soy un robot: La lectura y la sociedad digital' que "tiene que ver con la circunstancia única de la historia de la humanidad donde somos la primera generación que entramos a una página digital y debemos tachar una casilla que dice 'no soy un robot', es decir, nos acreditamos como humanos y la paradoja de que quien nos acepta es que es un robot, una maquina nos autoriza a seguir siendo humanos".
Una relación con la ciencia a la que se ha acercado a través de la literatura y sobre todo de la crónica, donde "uno puede escribir lo que no sabe", acercándose a especialistas, "sin ser un experto te acercas a ellos y ese ha sido mi trato con la ciencia".
En la obra de teatro 'La desobediencia de Marte' se aproxima a las figuras de dos astrónomos, Johannes Kepler y Tycho Brahe. "Me interesa la explicación racional del universo en muchos campos y tengo una curiosidad grande. He tratado de entrar en contacto con lo humano de la razón científica, porque, a fin de cuentas, los científicos ponen en juego su personalidad, su carácter, su neurosis, trauma y eso es fascinante en la obra trato de hablar de las cuestiones científicas, pero también me interesa la pasión detrás de la razón, eso siempre me ha cautivado".
Finalizaba este encuentro con un toque de humor, hablando del chile y del placer mexicano por el picante. "Los placeres mexicanos muchas veces colindan con el sufrimiento es una cuestión de patriotismo", ha confirmado.
Tras firmar ejemplares de sus obras al público, se trasladaba al Sendero de la Creación a descubrir una escultura con su nombre.