Investigadores abren desde Sevilla una nueva vía terapéutica para reducir las muertes por infarto de miocardio

Trabajo de investigación en el IBIS sobre nuevas vías terapéuticas para abordar el infarto de miocardio.
Trabajo de investigación en el IBIS sobre nuevas vías terapéuticas para abordar el infarto de miocardio. - UNIVERSIDAD DE SEVILLA
Europa Press Andalucía
Publicado: jueves, 21 marzo 2024 13:52

SEVILLA 21 Mar. (EUROPA PRESS) -

Un equipo multidisciplinar, liderado por el Grupo de Fisiopatología Cardiovascular del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), ha descrito recientemente una posible vía terapéutica con la que reducir las muertes por infarto de miocardio. Casi la mitad de pacientes con insuficiencia cardíaca mueren en los cinco años siguientes al diagnóstico, según la OMS.

El avance descrito por el IBIS implica a una proteína esencial para la regulación del ion calcio dentro de las células, Orai1, que muestra una expresión aumentada tras un infarto de miocardio. Esta manifestación parece estar directamente relacionada con la posibilidad de sufrir consecuencias más graves, incluso letales, a posteriori. Con el apunte hacia una nueva diana terapéutica, el equipo investigador "cree que podrían pautarse nuevos tratamientos con resultados esperanzadores para las personas afectadas por un infarto", han subrayado el IBIS y la Universidad de Sevilla (US) en una nota conjunta.

Este trabajo ha sido financiado por la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y la Consejería de Transformación Económica, Industria, Conocimiento, de la Junta de Andalucía. Tras un ataque al corazón, existe "altas probabilidades" de desarrollar insuficiencia cardiaca. "Cuando un paciente sobrevive a un infarto de miocardio, pocos meses después desarrolla un mecanismo de adaptación llamado remodelado", explica Tarik Smani, responsable del Grupo de Fisiopatología Cardiovascular en el IBiS. "Esto se caracteriza por una hipertrofia y la aparición de una fibrosis necesaria para reparar la zona infartada".

En otras palabras, el tejido dañado es reparado por otro, como si de un tejido cicatrizante se tratase, apunta Débora Falcón, investigadora del equipo de investigación. Según indica el equipo investigador, el problema es cuando éste, con el tiempo, empieza a afectar a otras partes del corazón. "Cuando estos mecanismos se hacen crónicos, la adaptación se vuelve patológica, aumentando la hipertrofia y fibrosis en todas las partes del corazón, lo que afecta de forma importante a la función cardíaca", explica. Es en toda esta compleja relación donde la proteína Orai1 toma protagonismo.

"Se sabe que la expresión de Orai1 es baja en situación fisiológica [estado sin alteraciones notables], pero su expresión aumenta significativamente después del infarto, como hemos demostrado en el trabajo". La investigadora Falcón apunta que no se sabía cómo se producía este cambio de expresión, algo sobre lo que esta investigación arroja luz. "En este trabajo demostramos que el propio Orai1 activa su sobreexpresión después del infarto". Según profundiza el equipo investigador, en el mecanismo participan otras moléculas y factores que actúan como reguladores, entre los que se encuentran la adenilato ciclasa 8 (AC8) y el factor CREB.

"Conocer el problema supone vislumbrar una posible solución", reconocen los investigadores. Orai1, tal y como ha descrito el equipo investigador, se presenta como una buena diana terapéutica para disminuir las consecuencias tras un infarto. "Nuestros datos sientan unas bases preclínicas sólidas sobre la eficacia de la inhibición de la expresión de Orai1 sobre la mejora de la función cardíaca después del infarto", confirma Débora. "Actualmente, se ha aprobado el uso de inhibidores de Orai1 selectivos, tolerables en ensayos clínicos en humanos para pancreatitis y neumonía Covid-19 con resultados prometedores (CM4620 y Auxora)".

Las formas de controlar la expresión de Orai1, son varias. "Se puede atacar tanto el AC8 como la proteína reguladora de la expresión de Orai1", continúa Smani, "o el mismo Orai1 como proteína diana". Así, crece el número de tratamientos potenciales que podrían emplearse para combatir los problemas que ocurren tras un infarto de miocardio. "El trabajo muestra evidencias preclínicas sobre la importancia de esta ruta de señalización en el corazón infartado. Sería de gran utilidad probar los fármacos mencionados mediante un ensayo clínico de fase II para evaluar la eficacia del inhibidor de Orai1 en prevenir la progresión de la enfermedad hacia la insuficiencia cardiaca", reafirma el investigador.

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