La vicepresidenta y consejera de Presidencia, Economía y Justicia del Gobierno de Aragón, Mar Vaquero, en la 'Rompida de la Hora' en Albalate del Arzobispo (Teruel) - GOBIERNO DE ARAGÓN
ALBALATE DEL ARZOBISPO (TERUEL), 18 (EUROPA PRESS)
La vicepresidenta y consejera de Presidencia, Economía y Justicia del Gobierno de Aragón, Mar Vaquero, ha participado en la 'Rompida de la Hora' en Albalate del Arzobispo (Teruel) y ha destacado que Aragón "en estos momentos no solamente es un foco de atracción por la gran potencia que tiene, sino por la riqueza y la diversidad cultural".
Vaquero se ha referido al momento de grandes inversiones empresariales en Aragón y a su proyección internacional, que no solo atañe al ámbito económico y de innovación empresarial, sino que también capta el interés por su acerbo cultural y patrimonial.
"Vemos cómo está esta plaza, cada año tenemos la oportunidad de ver ese encuentro entre la fe, entre la tradición, generación tras generación", ha descrito desde el balcón del Ayuntamiento de Albalate del Arzobispo momentos antes de la 'Rompida de la Hora' a las 00.00 horas de este Viernes Santo.
"Es una gran oportunidad este encuentro para creyentes y todos aquellos que no son creyentes, pero que viven el momento tan importante de la Semana Santa con tanta emoción, pues podamos una vez más que Aragón sea ese lugar donde siempre merece la pena venir".
La "Rompida de la Hora" es una tradición de la Semana Santa en el Bajo Aragón que implica el inicio del toque simultáneo de tambores y bombos, marcando el inicio de la noche del Jueves Santo al Viernes Santo.
Tiene lugar de forma simultánea en las localidades de la Ruta del Tambor y el Bombo, como son Albalate del Arzobispo, Alcorisa, Andorra, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda y Urrea de Gaén, donde esta tradición se celebra a las 12 de la noche del Jueves Santo. Alcañiz no celebra la 'Rompida de la Hora' y en Calanda es a las 12.00 horas del Viernes Santo.
Un estruendo atronador rompe al unísono el silencio que envuelve un paisaje sobrio y duro. Miles de tambores y bombos cobran vida en manos de varias generaciones unidas por una pasión. El sonido seco retumba y envuelve el ambiente de emoción por los que tocan por tradición o por devoción.