Experta asegura que la transición hacia nuevas fuentes renovables no elimina el riesgo geopolítico

Beatriz Muñoz cuestiona que el Ártico sea una alternativa global de frontera energética o una ruta complementaria y estacional

La profesora de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid, Beatriz Muñoz.
La profesora de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid, Beatriz Muñoz. - EUROPA PRESS
Europa Press Cantabria
Publicado: jueves, 20 agosto 2026 11:40

SANTANDER, 20 Ago. (EUROPA PRESS) -

La profesora de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid, Beatriz Muñoz, ha asegurado que la transición hacia nuevas fuentes renovables "no elimina el riesgo geopolítico", teniendo en cuenta que el consumo de minerales se ha "disparado" y se requieren de nuevas rutas para su transporte, que son "esenciales" para el desarrollo de esta nueva economía de fuentes no contaminantes.

Como ejemplo, ha indicado que los coches eléctricos consumen "seis veces más de minerales" que los de combustión interna, debido principalmente a la fabricación de baterías de litio, al igual que sucede con las plantas eólicas, que también requieren "seis veces más" de minerales que las térmicas.

Así lo ha señalado Muñoz este jueves en el encuentro 'Geopolítica de la incertidumbre' de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander, donde la impartido una conferencia sobre las 'Rutas energéticas y circuitos comerciales: de Ormuz al Ártico', en la que ha cuestionado que el Ártico, como nueva frontera energética y comercial, sea una alternativa global o una ruta complementaria y estacional.

Según ha destacado, una cuarta parte de todo el petróleo que se comercializó en el mundo en 2025 pasó por un único estrecho de "apenas unos kilómetros" de rutas marítimas, lo que pone de manifiesto la existencia de "puntos críticos" y una serie de riesgos "bastante concentrados".

La profesora ha explicado que la energía es un elemento fundamental, no solo en términos económicos sino geopolíticos, ya que permite proporcionar servicios, que son ejes centrales de la vida actual como la vivienda o la alimentación. "Es algo transversal en las economías, la sangre de las economías".

Además, ha subrayado que la energía puede ser una fuente de ingresos para las empresas y también aporta ingresos fiscales y royalities para los estados, ya que este recurso transformado proporciona servicios energéticos.

Por lo tanto, consiste en un mecanismo de (inter)dependencia, dado que los países dependen del acceso a la energía para su desarrollo y bienestar; crea vínculos entre productores, países de tránsito y consumidores; y genera interrupciones o tensiones en el suministro que afectan a toda la cadena, ha dicho.

De esta forma, la profesora ha indicado que la energía es un tema central en las relaciones internacionales, en la que las rutas, los contratos y los precios son parte de la agenda diplomática.

Según ha advertido, esto convierte a la energía en un "instrumento de coerción", ya que es utilizada para "presionar o castigar" a los países, como corte de suministros, manipulación de precios o sanciones energéticas, lo que puede afectar a la economía, la política y la estabilidad de los países.

Por todo ello, ha aseverado que la energía se ha convertido en un elemento de "seguridad nacional", ya que "garantizar el acceso y la protección de los recursos y las infraestructuras energéticas es vital para la seguridad de un estado".

CRECIMIENTO "EXPONENCIAL" DEL CONSUMO ENERGÉTICO

Muñoz ha destacado el crecimiento "exponencial" del consumo de energía desde la segunda parte del siglo XX, cuyo transporte se realiza por diversos medios.

Unas rutas energéticas que son controladas, ha apuntado, no solo por quien posee el recurso, sino por aquellos que controlan las infraestructuras o el territorio de paso, y quienes pueden proteger o interrumpir el flujo.

En este sentido, ha detallado que los puntos de tránsito de petróleo más importantes y críticos, denominados 'chokepoints' (cuellos de botella), según datos del primer semestre de 2025, son el estrecho de Ormuz, principalmente, seguido del de Malaca, el Cabo de la Buena Esperanza, el Canal de Suez, el estrecho de Dinamarca, Bab el-Mandeb, el de Turquía y el Canal de Panamá.

La profesora ha puesto de manifiesto cómo una crisis local puede afectar al comercio y la energía a escala global, dado que tiene "efecto dominó" y se puede utilizar como arma y las infraestructuras sufrir ataques y amenazas.

Y es que en muchos casos, ha añadido, los barcos de transporte de energía dejan de circular por estos pasos dado que el riesgo de ataque es muy elevado y, por tanto, también la pérdida económica, lo que provoca que se incremente el precio final de la energía y la inflación.

Así, Muñoz ha manifestado que la energía ha cobrado un "nuevo sentido" en el panorama mundial actual, en el que hay una transición hacia las energías limpias y nuevas rutas, también como estrategia militar.

Ha señalado que entre los retos de futuro se encuentran el rediseño de los circuitos energéticos de Rusia tras el conflicto con Ucrania, la nueva frontera energética y comercial que puede suponer el Ártico y las nuevas rutas y los nuevos poderes de la transición energética.

Respecto al Ártico, ha trasladado que la apertura de servicios regulares en 2026 es un indicio de cambio pero, a su juicio, "no significa todavía que vaya a sustituir a las rutas tradicionales".

En este punto, ha explicado que el Ártico importa ahora porque el deshielo por el cambio climático está ampliando estacionalmente la navegabilidad de rutas, concentra grandes reservas de hidrocarburos, minerales y pesca; y por motivos de competencia geopolítica, dado que Rusia desarrolla el Corredor Marítimo del Norte y China busca aumentar su presencia ártica.

No obstante, Muñoz ha cuestionado que el Ártico sea realmente una alternativa global o una ruta complementaria y estacional, dado que aún se requiere de rompehielos en gran parte de la ruta; los puertos, servicios de 'bunkering', rescate y comunicación aún es "insuficiente" y los seguros y costes son elevados.

Además, faltan estándares regulatorios internacionales relacionados las exigencias medioambientales; la ruta se encuentra bajo jurisdicción rusa, lo que conlleva riesgos políticos, sanciones, tensiones geopolíticas y capacidad de control; y el tráfico sigue siendo "limitado" comparado con el de Suez, al no poder absorber por ahora el comercio global.

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