La escritora Coia Valls - XULIO-RICARDO TRIGO/NOVUM
BARCELONA, 5 Abr. (EUROPA PRESS) -
La escritora catalana Coia Valls se adentra en la Barcelona del siglo XIV con la novela histórica 'El llegat de les cendres' (Novum), en un momento que todavía sufre secuelas por la peste y un grupo de mujeres quiere hacerse cargo de la recuperación de la ciudad.
En una rueda de prensa telemática, la autora ha explicado este miércoles que en la novela ha querido tejer "muchas historias individuales que suman esfuerzos", en un contexto con una sociedad y un derecho romano que choca contra sus propósitos.
En 'El llegat de les cendres', publicada en catalán y castellano, Alexia -hija de un mercader-- junto a una esclava, una monja de Sant Pere de les Puelles, una aprendiz de pintor, la viuda de un vidriero y una sombrerera se unen para plantear otra Barcelona donde sea posible la esperanza.
Valls ha asegurado que la Casa de los Obradores que impulsan algunos de los protagonistas, donde todo el mundo puede ser aprendiz y maestro, equivaldría a los actuales coworking, y ha dicho que a sus protagonistas reciben una "injusticia por género".
La escritora ha remarcado que, además de la documentación que ya usó para anteriores novelas ambientadas en la Edad Media, ha vuelto a realizar una inmersión en ese periodo porque la historia debe tener "verosimilitud".
Asimismo, Coia Valls ha subrayado que ha hecho también una labor de investigación en el tema del luto para algunos de los personajes que han perdido todo durante la peste, ya sea un duelo por la muerte de los seres queridos o de la juventud, y mostrar los diferentes estadios.
"NOVELA DE PERSONAJES"
Valls ha subrayado que se trata de una "novela de personajes" y que la pandemia de coronavirus ha tenido un impacto en la novela, y se pueden trazar paralelismos entre ambas situaciones.
"Cuando la sociedad se tambalea, cuando se vuelve a la normalidad no es la misma", ha remarcado Coia Valls, que ha dicho que esta novela no se puede considerar una continuación de 'El mercader'.
La autora ha remarcado que la novela adopta el fuego como símbolo para crear una melodía interna, y ha señalado que paralelamente a que "destruye, también ilumina y purifica", permitiendo que en las cenizas haya, además de destrucción, la memoria colectiva.