BARCELONA 6 Oct. (EUROPA PRESS) -
La presencia de las diferentes especies de abeja propias del área mediterránea fluctúa en función de la floración de las plantas, según ha constatado un estudio del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf).
Los resultados, que se enmarcan en el proyecto Landpolnet, de tres años de duración y financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, demuestran cómo la evolución del polen y del néctar en los matorrales mediterráneos permite explicar en gran medida la distribución y la abundancia de abejas en el mediterráneo.
De hecho, los investigadores han constatado que al inicio de la primavera la presencia de abejas es limitada y el mercado floral es amplio, por lo que éstas se expanden sin problemas hasta que se revierte la situación y desciende la disponibilidad de néctar y polen, momento en el que la competencia por las flores se vuelve "encarnizada".
En este contexto, determinadas especies de plantas que florecen a lo largo de la primavera y el verano resultan "claves" para asegurar la continuidad de algunas comunidades de abejas.
De este modo, al principio de la primavera las abejas se distribuyen especialmente donde hay romero --'Rosmarinus officinalis'-- y tomillo --'Thymus vulgaris'--, si bien estas plantas dejan de florecer hacia abril y el mercado del polen y néctar "entra en crisis".
En un entorno en el que prácticamente solo quedan flores en plantas del género Cistus y algunos arbustos 'Dorycnium pentaphillum', "las estepas se convierten en el epicentro de la actividad polinizadora", por lo que estas plantas determinan en buena medida la abundancia de abejas en el ámbito mediterráneo, señala el estudio.
Del mismo modo, los investigadores han comprobado que la masa corporal de las abejas también determina la presencia de estos insectos, ya que cuanto más grandes son, disponen de una distribución territorial más uniforme.
Esto es así porque las abejas grandes sobrevuelan el máximo de espacio para encontrar la energía que necesitan, mientras que otras especies más pequeñas no necesitan volar más de 200 metros para encontrar recursos y se reparten en núcleos concretos que dibujan un mosaico de distribución en forma de manchas.
En el estudio, llevado a cabo en el Parque Natural del Garraf, se han estudiado unas 6.500 abejas de 113 especies diferentes --si bien el 80% de los individuos son tan solo de 19 especies--, a la vez que se han detectado 30 especies de plantas de las que seis producen la gran mayoría de las flores existentes.
El proyecto Landpolnet, coordinado por los investigadores del Creaf Jordi Bosch y Anselm Rodrigo, pretende medir los efectos de la dinámica de los hábitats sobre las comunidades de plantas e insectos polinizadores.