EL CAIRO, 19 Feb. (EUROPA PRESS) -
El egiptólogo italiano Paolo Gallo anunció ayer el descubrimiento
en el desierto occidental de Egipto de los restos de un templo
faraónico con "bellos relieves pintados" del siglo IV antes de
Cristo, y cuyo estudio permitirá conocer mejor el desarrollo de los
oasis en la época "Actualmente destruido y totalmente recubierto de
arena, en pleno desierto, este templo, que tenía unos 20 metros de
longitud, está situado a 140 kilómetros de Siwa (oeste), a la orilla
de un antiguo oasis abandonado", explicó Gallo, de la Universidad de
Turin.
En los bloques procedentes de la paredes derruidas "están
representadas en relieve las divinidades mayores del panteón
egipcio", precisó. La misión italiana se esfuerza actualmente en
salvar los más importantes bloques, amenazados por la erosión de los
violentos vientos, habituales en la región.
La parte más antigua del edificio sagrado fue construida y
decorada por el faraón Nectanebo I (380-361 antes de Cristo) y,
"gracias a las inscripciones jeroglíficas descubiertas en el lugar,
ha sido posible identificar el nombre que tenía el oasis en la
antigüedad: "Imespep"", añadió Gallo. "La importancia histórica del
descubrimiento es considerable", aseguró, precisando que "ningún
monumento del faraón Nectanébo I era conocido hasta ahora en la
región de Siwa".
Este descubrimiento "revela la voluntad política de este soberano
de dar valor a la zona de los oasis occidentales de Egipto", explicó
el investigador italiano.
Este sitio arqueológico en el oasis que lleva actualmente el
nombre de Bahrein es conocido desde los años 1920, "pero la
existencia de este templo faraónico era completamente desconocida
hasta estos días", añadió. "El santuario estaba dedicado a un culto
particular del dios Amón, que allí se llamaba "el Amón que
fortalece"", precisó Gallo.
Además del templo, el santuario tenía una sala de seis columnas,
que le fue probablemente añadida en la época ptolemáica.