MADRID, 7 Feb. (EUROPA PRESS) -
Los médicos no tienen por qué precipitar el parto cuando hay poco
líquido amniótico alrededor del bebé, según un nuevo estudio dirigido
por especialistas de la Universidad de Johns Hopkins, que se presenta
hoy en la reunión anual de la Sociedad de Medicina Materno-Fetal que
tiene lugar en San Francisco (EE.UU.).
Los autores de este trabajo muestran que el estado de los bebés
nacidos en tales condiciones, a 37 semanas de la gestación, es muy
parecido al de los niños nacidos de mujeres cuyos úteros mantenían
las cantidades normales de fluido amniótico. No se encontraron
diferencias significativas en los niños, ni en su peso, ni en los
niveles de ácido en la sangre del cordón umbilical, ni en su tamaño,
ni en el periodo de estancia en el hospital.
Los médicos se han preocupado de las mujeres con poco líquido
amniótico durante el tercer trimestre de embarazo, una condición
llamada oligohidramnios, porque la escasez de fluido se asocia con
posible desarrollo incompleto de los pulmones, crecimiento deficiente
del feto y complicaciones en el parto.
El fluido amniótico se mide por la profundidad en centímetros y
las cantidades normales oscilan entre cinco y 25 centímetros.
Cualquier cantidad menor de cinco centímetros se considera baja.
Pero los autores del presente estudio, tras analizar a 131 bebés
nacidos con oligohidramnios y otros 131 en condiciones normales,
indican que sus resultados indican claramente algo muy diferente a lo
que, hasta ahora, ha dictado el conocimiento convencional. Según sus
resultados, los bebés nacidos con oligohidramnios nacían antes, pero
tuvieron menos tendencia a necesitar cesárea en el nacimiento.