MADRID, 7 Dic. (EUROPA PRESS) -
Los últimos avances en leucemia infantil, el cáncer mas frecuente en niños, ocupó un lugar destacado en el Congreso de la Sociedad Americana de Hematología que se celebra estos días en San Diego (California, EE UU). Una de las cuestiones más llamativas que se comentó es el papel negativo que juega la obesidad en el curso de la leucemia linfoblástica aguda en niños mayores de 10 años, según las observaciones de la doctora Anna Butturini, del Servicio de Hematología del Hospital Infantil de Los Ángeles.
Además, los expertos alertaron ante la escasa participación de adolescentes y jóvenes menores de 21 años en estudios clínicos, lo que provoca una cierta laguna en el conocimiento de los resultados del tratamiento en este grupo.
Butturini concluyó que el sobrepeso es un factor que influye negativamente en la leucemia linfoblástica aguda después de hacer un estudio prospectivo sobre más de 4.000 niños con edades comprendidas entre los dos y los veinte años, que habían sido reclutados en diferentes estudios oncológicos.
Según observó, la obesidad no parecía tener ningún papel en menores de 10 años, a diferencia de los mayores. Concretamente, vio que los preadolescentes y adolescentes obesos o que pesaban mas de 60 kilos tenían un mayor riesgo de recaída y una menor supervivencia.
A la luz de estos datos, esta experta se pregunta si la obesidad supone un riesgo en sí mismo, si hay algún componente relacionado con la farmacocinética -ciencia que estudia el paso de los fármacos a través del cuerpo- que hace que las terapias funcionen peor, o si se debe a que las dosificaciones se establecen en función de la superficie corporal y no del peso total del paciente, cuestiones sobre las que asegura hay que seguir estudiando.
MEJOR LA PEDIATRIA.
Por otro lado, James Nachman, del University of Chicago Childrens Hospital, centró su charla en el tratamiento de esta misma enfermedad en adolescentes y jóvenes. Este experto criticó que pese a que el colectivo de enfermos que tiene entre 16 y 21 años puede incluirse en estudios tanto infantiles como de adultos, la mayoría de ellos no participa en ninguno, lo que ha provocado que haya una cierta laguna en el resultado de los tratamientos en este grupo de edad.
Por eso, alertó de la necesidad de reclutar a más pacientes de este perfil puesto que está comprobado que este colectivo evoluciona peor que los niños mas pequeños. En cualquier caso, Nachman recomienda que se trate a este grupo de población en servicios de oncología pediátrica mejor que en los diseñados para adultos por obtenerse mejores resultados.
Finalmente, el doctor Lewis Silverman, del servicio de oncología pediátrica del Instituto Dana-Farber en Chicago, expuso los resultados de un estudio en el que se comparaban diferentes opciones de tratamientos similares para tratar la leucemia linfoblástica aguda para disminuir la toxicidad en el colectivo infantil.
Según explicó este especialista, pese a que la tasa de supervivencia a los cinco años en pacientes de 0 a 18 años ya llega al 80%, la toxicidad de los tratamientos sigue siendo uno de los mayores obstáculos a los que hay que hacer frente, especialmente a largo plazo.
Con el ánimo de observar con que márgenes se cuenta para minimizar el impacto de la medicación, se pusieron en marcha estudios para analizar diferentes opciones de tratamiento y sus consecuencias respecto a los trombos y a los daños en el sistema nervioso central y en el corazón, las tres cuestiones más frecuentes.
Se reclutaron a 5.000 niños y entre los años 1996 y 2000 se comparó por un lado un tratamiento convencional respecto a otro similar con un perfil de dosificación menor para minimizar las trombosis. Por otra parte se analizaron las diferencias entre suministrar quimioterapia intratecal con o sin radiación craneal por sus efectos en el sistema nervioso y finalmente se comparo el tratamiento con doxorubicina mas un protector cardiaco respecto a la doxorubicina sola.
MENOR EFICACIA.
Según cuenta este especialista, dentro de la primera posibilidad se vio que la quimioterapia de menor dosificación respecto a la estándar efectivamente había conseguido una menor cantidad de trombosis pero que la eficacia había demostrado ser menor.
Por otro lado, la quimioterapia intratecal sin radiación craneal había registrado una cantidad de recaídas ligeramente mayor que el tratamiento con radioterapia. Finalmente, se observó que el cardioprotector no interfería con el efecto de la doxorubicina, y los resultados preliminares apuntaban a una eficacia en la prevención de lesiones en el corazón derivadas del tratamiento.
Este experto subrayó la importancia de seguir avanzando en los tratamientos y de seguir profundizando en las opciones terapéuticas que minimicen los efectos secundarios en los más pequeños.