29 de febrero de 2020
 
Publicado 05/03/2019 13:15:12CET

Los físicos Charles Kane y Eugene Mele, premiados por Fundación BBVA por descubrir los aislantes topológicos

Los físicos Charles Kane y Eugene Mele, premiados por Fundación BBVA por descubr
FUNDACIÓN BBVA/EUROPA PRESS

MADRID, 5 Mar. (EUROPA PRESS) -

Los físicos estadounidenses Charles Kane y Eugene Mele han sido premiados por Fundación BBVA en su XI edición en la categoría de Ciencias Básicas, "por su descubrimiento de los aislantes topológicos, una nueva clase de materiales con propiedades electrónicas extraordinarias".

El hallazgo de los aislantes topológicos supuso el descubrimiento de nuevas propiedades de la materia que siempre habían existido, pero que nadie hasta entonces se había planteado buscar. Poco después de que Kane y Mele predijeran su existencia, en 2005, la observación experimental ha sacado a la luz multitud de materiales que son aislantes topológicos.

El estudio de sus propiedades y de sus potenciales aplicaciones, entre las que se incluyen el desarrollo de futuros ordenadores cuánticos, es ahora un área en plena explosión de actividad. El premio está dotado con 400.000 euros.

Tal y como explica el acta del jurado, el descubrimiento de los aislantes topológicos demuestra "la existencia de nuevas fases de la materia y de formas de manipular sus propiedades". "Es más, los principios básicos en que se sustentan los aislantes topológicos tienen implicaciones importantes más allá de la física de la materia condensada, por ejemplo en la generación de dispositivos fotónicos y electrónicos eficientes, o para el procesado de información cuántica", añade.

Kane y Mele trabajan en la Universidad de Pensilvania, y colaboran habitualmente. El germen de su hallazgo de los aislantes topológicos fue el descubrimiento, en 2004, de las propiedades del grafeno como lámina de solo un átomo de espesor. Mele y Kane se dieron cuenta de que, curiosamente, el grafeno no era ni aislante ni conductor eléctrico, sino que "estaba en un punto crítico entre los dos estados", según explicó Mele al conocer el fallo. "Empezamos a analizar este fenómeno y esto nos llevó al concepto de esta nueva fase aislante de la materia".

Hasta entonces, la física admitía solo dos tipos de materiales: conductores o aislantes. "Los materiales metálicos conducen la electricidad y los aislantes no", explica el acta. "Kane y Mele predijeron en 2005 que esta simple clasificación falla al no contemplar los aislantes topológicos, cuya existencia fue confirmada experimentalmente poco después".

Ambos físicos propusieron en 2006 cómo construir un material real que fuera aislante topológico, y en efecto solo un año después un laboratorio logró una combinación de mercurio y telurio que cumplía las propiedades predichas. Pero era, como el grafeno, un material bidimensional --solo un átomo de grosor-- muy difícil de sintetizar. La verdadera explosión del área llegó en la década siguiente, con el descubrimiento de que existen en la naturaleza aislantes topológicos tridimensionales, como el telururo de cadmio, un compuesto cristalino que se utiliza en la fabricación de células solares.

APLICACIONES EN ELECTRÓNICA Y MÁS

Según destaca el acta, una cualidad que resulta crucial en estos materiales es que la conductividad en su superficie es "robusta en un sentido fundamental", lo que significa que los materiales topológicos no se ven afectados por la presencia de impurezas o en general perturbaciones que sí interfieren con los conductores convencionales.

Como explica Kane, en los aislantes topológicos, "la superficie conductora es muy especial porque no se puede destruir, es muy robusta, y por ese motivo puedes hacer con ella cosas que no puedes hacer con otros materiales conductores. Es una nueva fase de la materia, un aislante que tiene capacidad garantizada de conducción en su superficie, y además es topológica, es decir, se puede deformar sin perder esa propiedad de conductividad".

Es esta propiedad la que abre la puerta a mejoras en los dispositivos electrónicos actuales, que por ejemplo podrían ser miniaturizados aún más. Sin embargo, las aplicaciones más prometedoras son las que aún no existen. Una conductividad garantizada, resistente a cualquier perturbación, es de gran interés para el desarrollo de ordenadores cuánticos, que multiplicarían la capacidad de computación de forma exponencial.

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