Actualizado 06/07/2015 18:38 CET

Los Homo sapiens de Atapuerca tenían afinidades genéticas con Oriente Próximo y Alemania

Cueva El Mirador en Atapuerca
IPHES

MADRID, 18 Ago. (EUROPA PRESS) -

Los Homo sapiens depositados en la cueva de El Mirador de Atapuerca (Burgos) tenían afinidades genéticas con Oriente Próximo y Alemania, según ha informado el Instituto Catalán de Paleontología Humana y Evolución Social (IPHES). Este hallazgo se desprende de unos análisis de ADN mitocondrial que, por primera vez, se ha llevado a cabo de los restos fósiles encontrados en este yacimiento, que datan de hace 4.500 años.

Hace entre 4.760 y 4.200 años, la cueva de El Mirador funcionaba como lugar de enterramiento y allí fueron depositados al menos 23 individuos de la especie Homo sapiens. A 19 de ellos se les ha extraído ADN mitocondrial con el objetivo de saber de dónde procedían y con quién estaban emparentados genéticamente, entre otras cuestiones.

Ahora se sabe, gracias a los resultados obtenidos publicado en 'Plos One', que los especimenes "tiene afinidades con grupos del Próximo Oriente y encaja en poblaciones del Neolítico Medio y Final de Alemania, como las culturas Rössen, Salzmünde i Balberge", según ha explicado una de las investigadoras, Marina Lozano.

La investigación se ha llevado a cabo en el marco de un trabajo más amplio sobre la composición genética de poblaciones europeas contemporáneas de la cultura del vaso campaniforme --una manifestación cultural prehistórica asociada al período inicial de la Edad del Bronce de la que se desconocen muchos datos--, aunque los Homo sapiens de aquella cueva no pertenecían a esta tradición técnica, porque no fabricaban ni utilizaban el mismo tipo de cerámica.

Para Lozano, este trabajo constata que durante el Neolítico Medio y Final había una señal genética común en Europa Central y Occidental, pero a lo largo de la Edad de Bronce el panorama se hace mucho más heterogéneo con presencia de más grupos.

La hipótesis tradicional dice que la cultura del vaso campaniforme se desarrolló en la vertiente atlántica europea y desde allí se extendió por el resto de Europa. El hallazgo de yacimientos muy antiguos en Portugal con cerámica de dicha cultura, hace pensar que el origen se encuentra en la zona de la desembocadura del río Tajo.

La base socioeconómica de aquellas poblaciones era el ganado (rebaños de cabras y ovejas), la producción de cereales (trigo y cebada, y algunas leguminosas) y ocasionalmente, complementarían la parte animal de la dieta con caza.

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