Humanos prosperaron en África durante una supererupción en Indonesia

Actualizado 12/03/2018 17:40:31 CET
Cuevas habitadas hace 74.000 años en Pinnacle Point
ERICH FISHER.

   MADRID, 12 Mar. (EUROPA PRESS) -

   Los primeros humanos modernos en la costa de Sudáfrica prosperaron coincidiendo con la erupción del supervolcán el Monte Toba en Indonesia, hace unos 74.000 años.

   La gran cantidad de cenizas emitida a la atmósfera por la erupción se extendió por gran parte del planeta, y alcanzó África a través del Océano Índico, produciendo un cambio drástico en las condiciones climáticas. Algunos grupos humanos fueron llevados al extremo de la supervivencia, mientras otros asentados en zonas costeras de Sudáfrica y que vivían de recursos pesqueros, paradójicamente se consolidaron en aquellos momentos.

   El efecto del Monte Toba, un supervolcán que empequeñece incluso las masivas erupciones de Yellowstone, en Estados Unidos, del pasado más profundo, habría tenido un impacto mucho más grande y prolongado en las personas de todo el mundo, según la nueva investigación, publicada en Nature.

   La escala de la caída de cenizas solo atestigua la magnitud del desastre ambiental. Grandes cantidades de aerosoles inyectados en la atmósfera reducirían severamente la luz solar, con estimaciones que oscilan entre un 25 y un 90 por ciento de reducción de la luz. Bajo estas condiciones, la muerte de las plantas es predecible, y hay evidencia de sequías significativas, incendios forestales y cambios en la comunidad de plantas en el este de África justo después de la erupción de Toba.

   Si el Monte Tambora creó tal devastación durante un año completo --y Tambora fue un contratiempo en comparación con Toba-- podemos imaginar una catástrofe mundial con la erupción de Toba, un evento que duró varios años y que llevó la vida al borde de la extinción.

   En Indonesia, la fuente de destrucción habría sido evidente para los testigos aterrorizados, justo antes de morir. Sin embargo, una familia de cazadores-recolectores en África hace 74.000 años no habría tenido idea de la razón del repentino y devastador cambio en el clima. El hambre se instala y los muy jóvenes y viejos mueren, de forma que sus grupos sociales están devastados, y su sociedad está al borde del colapso.

   El efecto de la erupción de Toba ciertamente habría afectado a algunos ecosistemas más que a otros, posiblemente creando áreas --llamadas refugios-- en las que algunos grupos humanos lo hicieron mejor que otros a lo largo del evento. Si su grupo vivió en un refugio de ese tipo habría dependido en gran medida del tipo de recursos disponibles. Los recursos costeros, como los mariscos, son altamente nutritivos y menos susceptibles a la erupción que las plantas y los animales de las áreas del interior.

   Cuando la columna de fuego, humo y escombros explotó en la cima del Monte Toba, escupió rocas, gases y pequeñas piezas microscópicas (criptofra) de vidrio que, bajo un microscopio, tienen una característica forma de gancho producida cuando el vidrio se fractura en una burbuja. Penetrados en la atmósfera, estos fragmentos invisibles se extienden por todo el mundo.

UN FRAGMENTO MICROSCÓPICO DOCUMENTA LA OCUPACIÓN HUMANA DURANTE EL EVENTO

   El investigador Panagiotis (Takis) Karkanas, director del Laboratorio Malcolm H. Wiener de Ciencia Arqueológica de la Escuela Americana de Estudios Clásicos, en Grecia, vio un solo fragmento de esta explosión bajo un microscopio en una parte de sedimento arqueológico revestido de resina. El fragmento provenía de un sitio arqueológico en un refugio rocoso llamado Pinnacle Point 5-6, en la costa sur de Sudáfrica, cerca de la ciudad de Mossel Bay. Los sedimentos datan de hace unos 74.000 años.

   "Takis y yo habíamos discutido el potencial de encontrar los fragmentos de Toba en los sedimentos de nuestro sitio arqueológico, y con su ojo de águila, encontró uno", relata Curtis W. Marean, director de proyecto de las excavaciones de Pinnacle Point. Marean es el director asociado del Instituto de Orígenes Humanos en la Universidad Estatal de Arizona y profesor honorario en el Centro de Paleociencia Costera en la Universidad Nelson Mandela, Sudáfrica.

   Marean mostró la imagen del fragmento a Eugene Smith, un vulcanólogo de la Universidad de Nevada en Las Vegas, Estados Unidos, y Smith confirmó que era un fragmento volcánico. "El estudio de Pinnacle Point me llevó de vuelta al estudio de fragmentos de vidrio de mi tesis 40 años antes", dice Smith.

   Al principio del estudio, el equipo trajo a la científica experta Christine Lane, quien entrenó a la estudiante graduada Amber Ciravolo en las técnicas necesarias. Racheal Johnsen luego se unió a Ciravalo como gerente de laboratorio y desarrolló nuevas técnicas. Desde cero, con el apoyo de la Fundación Nacional de Ciencias, desarrollaron el 'Cryptotephra Laboratory for Archaeological and Geological Research', que ahora está involucrado en proyectos no solo en África, sino en Italia, Nevada y Utah.

   Encerrado en ese fragmento de vidrio volcánico hay una marca química distintiva, una huella que los científicos pueden usar para rastrear la erupción asesina. En su artículo en 'Nature', el equipo describe cómo encontrar estos fragmentos en dos sitios arqueológicos en la costa de Sudáfrica, lleva esos restos de la erupción hasta Toba mediante huellas químicas y documenta una ocupación humana continua en todo el evento volcánico.

   "Muchos estudios previos han intentado probar la hipótesis que Toba devastó las poblaciones humanas --señala Marean--. Pero han fracasado porque no han podido presentar pruebas definitivas que relacionen una ocupación humana con el momento exacto del evento".

   La mayoría de los estudios han analizado si Toba causó o no un cambio ambiental. Sí, pero estos análisis carecen de los datos arqueológicos necesarios para mostrar cómo Toba afectó a los humanos, según estos expertos. El equipo de Pinnacle Point midió todo en el sitio con la precisión milimétrica con una "estación total", un dispositivo de medición láser integrado a ordenadores portátiles para una grabación precisa y sin errores.

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