VALÈNCIA, 2 Jul. (EUROPA PRESS) -
Ana Esplugues y Josefa Lluch resultaron heridas de gravedad en el accidente del metro del 3 de julio de 2006, del que se cumplen mañana 20 años. Ambas salieron despedidas de los vagones en los que viajaban: la primera asegura que cree que eso le salvó mientras que la segunda apunta que, de su convoy, sobrevivieron cinco personas "nada más". Su amiga y su hija de 21 años que le acompañaban en el trayecto fueron dos de las 43 víctimas mortales. Ana y Josefa, dos de las 47 heridas. Un trayecto que era corto para las dos pero que acabó con un proceso "muy largo y muy doloroso" de recuperación.
Esplugues, de entonces 25 años, sufrió politraumatismo y fue de las afectadas que más tiempo pasó en el hospital, donde también y después de un mes en intensivos, Josefa, con la pelvis, el pómulo, el codo, la muñeca, el pie, la rodilla, el hombro y siete costillas rotas más una herida en la cabeza, supo de la muerte de su hija mayor.
Ambas explican, en entrevistas a Europa Press, que están "orgullosas" de la lucha llevada a cabo por la asociación de víctimas AVM3J porque el objetivo era saber "qué pasó" para tener la "certeza" de que no se volviera a repetir. Para Lluch, "al principio" eran víctimas "invisibles" porque a los responsables políticos "no les interesaba vernos", mientras que Esplugues reivindica que "uno no tiene que callar ante la injusticia".
"Es increíble que sucediera eso. Vivimos en un país avanzado, con tecnología" y ocurrió en "algo tan sencillo como es desplazarte en transporte público", expone Ana Esplugues, quien ha añadido que "no te puedes creer" que un servicio así "esté en tales condiciones" como "para que suceda algo tan grave".
Natural de la localidad valenciana de Burjassot, viajaba en el primer vagón del metro, en la zona de detrás del conductor, cuando se produjo el siniestro y realizaba junto a una amiga un trayecto, entre la estación de Campanar y la de Patraix, por razones de trabajo.
Esta usuaria ha explicado que estaba trabajando en la Escola Valenciana d'Estudis de la Salut (EVES), con una beca postdoctoral haciendo la tesis y ha detallado que ese 3 de julio se desplazaba desde ese centro hasta el antiguo hospital La Fe para asistir "a una reunión del proyecto de investigación".
El siniestro se produjo cuando regresaban a la EVES. "Otra compañera y yo íbamos a bajar en la estación de Patraix", pero al producirse el accidente ella y la otra chica salieron despedidas "por las puertas" del convoy, "que se abrieron". "En cierta manera, esa fue la causa de la gravedad de las lesiones que tuve, pero por otro lado fue también lo que hizo que nos salváramos", a diferencia de "gente que quedó dentro", ha resaltado.
JORNADA "MUY MARCADA"
Ana Esplugues ha considerado que para algunos afectados, como familiares de fallecidos, el aniversario del suceso puede ser una jornada "muy marcada", a la vez que ha indicado que para ella "es algo continuo" por los "problemas de salud" que tiene "relacionados con el accidente" en su día a día.
"Fui de las personas que estuvo más tiempo en el hospital", ha dicho, al haber sufrido politraumatismo. De hecho, cumplió allí sus 26 años y pasó por una temporada muy larga de rehabilitación, con sesiones incluso de mañana y tarde durante un tiempo. "Fue un proceso muy largo, muy doloroso. La incertidumbre es muy grande porque no sabes hasta dónde vas a poder llegar en la recuperación", pero "mi único objetivo, y lo tenía muy claro, era recuperarme", ha subrayado.
Esta afectada asegura que tiene la sensación de haberse "esforzado mucho" y agradece poder llevar "una vida normal entre comillas" y con una calidad de vida de la que dice que no se puede quejar. No obstante, afirma que la suya también es una "sensación de fastidio y de rabia" por tener "una condición que antes no tenía y que es consecuencia del accidente". "He sufrido mucho y ha sufrido mi familia, todo mi entorno", ha dicho.
"ORGULLO"
En este proceso ha valorado el papel que ha jugado la AVM3J y el trabajo "muy intenso" que sus miembros han desarrollado para analizar el accidente y buscar sus causas. "Hemos estudiado un montón de cosas" y "hemos profundizado en muchos aspectos y ninguno nos dedicábamos a eso. Echando la vista atrás, siento orgullo de todo el esfuerzo que hicimos. Creo que la clave de haber conseguido todo lo que hemos conseguido es haber estado unidos" y apoyándose, ha explicado.
En esta línea, Esplugues ha apuntado que a pesar de pelear por "un motivo tan doloroso" ha sido una "satisfacción" convertirse en "ejemplo" y "mostrar que uno no se tiene que callar ante una injusticia".
Asimismo, ha lanzado un mensaje a afectados de otras catástrofes como la dana: "lo primero es valorarse uno mismo" porque "cada uno tenemos un proceso". Tras ello, ha animado a luchar "cuando uno no tiene claras las cosas o cree que deberían haberse hecho de otra manera, que se podrían haber evitado muertes o que en el futuro se puede trabajar para que las cosas se hagan mejor" y evitar "mucho daño, mucho dolor".
En el mismo sentido se ha expresado Josefa Lluch, que además de resultar herida grave con múltiples traumatismos perdió a su hija mayor, María José, a poco de cumplir los 22 años, en el siniestro. Ha hablado así de las reivindicaciones y concentraciones de la AVM3J: "Mucha gente nos decía si queríamos más dinero. Y no se trataba de eso, ni mucho menos. Solo queríamos saber qué pasó, comprender cómo pudo pasar un accidente tan grande, tan brutal, y tener la certeza de que algo así jamás vuelva a ocurrir", ha afirmado.
"PELEÁBAMOS POR LAS MEDIDAS NECESARIAS"
"Peleábamos para que se pusieran las medidas necesarias --para evitarlo--. Hay que poner seguridad y minorar el mal. Hay accidentes que son evitables", ha agregado reclamando previsión. Lluch, del municipio de Real, ha insistido en el "muy importante" papel que ha jugado la asociación de víctimas. "Todos teníamos el mismo dolor y luchábamos por lo mismo. Estábamos muy unidos", ha asegurado.
Además, ha lamentado que los afectados, "al principio", eran "invisibles". "No nos querían ver. No les interesaba vernos", ha dicho, al tiempo que ha comentado que han llegado a sentirse "culpables" por "coger el metro" viendo que "no había responsables de ninguna clase" para asumir el siniestro aunque "luego se supo que había deficiencias".
Josefa Lluch ha recordado que cuando se produjo el accidente ella viajaba con su hija mayor y con su amiga Encarna, también fallecida en el accidente, desde València hasta Torrent, donde habían dejado el coche para trasladarse a la capital. "Como estaba la visita del Papa, dejamos el coche allí, por más seguridad y para aparcar, y cogimos el metro. Éramos festeras y habíamos ido a València a por los trajes" para las fiestas de su pueblo, ha detallado.
Esta afectada ha aseverado que las "muchísimas fracturas" que sufrió tras salir despedida del tren la obligaron a estar "mucho tiempo en el hospital". "Me enteré de la muerte de mi hija después, estaba en intensivos y no me lo querían decir. Tuve que estar mucho con psicólogos. El entierro de mi hija no lo había visto y no me lo creía", ha añadido.
"La familia me ha ayudado muchísimo. Estoy muy agradecida. Y también a los psicólogos. Necesitaba ayuda porque estaba fatal. No digo que los demás no estén mal, pero cada uno siente su mal. Hay que respetarlo todo", ha remarcado Lluch, que ha manifestado también su agradecimiento a los profesionales sanitarios que la atendieron en el hospital.