El manto con el que la 'Mare de Déu' volvió a la Basílica tras la guerra revive tras ocho meses de restauración

La pieza permanecerá expuesto en la sala principal del Museo Mariano hasta finales de abril

Presentación de la restauración del manto de la Virgen de los Desamparados, en  el Camarín de la Virgen de la Real Basílica de los Desamparados.
Presentación de la restauración del manto de la Virgen de los Desamparados, en el Camarín de la Virgen de la Real Basílica de los Desamparados. - Jorge Gil - Europa Press
Europa Press C. Valenciana
Publicado: viernes, 30 enero 2026 15:44

   VALÈNCIA, 30 Ene. (EUROPA PRESS) -

   La imagen de la Virgen de los Desamparados de València recupera con esplendor uno de sus signos "identitarios", el llamado manto del "Capellán Mata" con el que la patrona regresó a la Basílica en 1939 tras permanecer oculta durante la Guerra Civil en el edificio consistorial de la ciudad. Ahora se ha sometido a un proceso de restauración que, no solo supone una recuperación, sino también "una puesta en valor".

   Así se ha destacado en el acto de presentación, celebrado este viernes en la Basílica. Allí se han dado a conocer los detalles de la actuación llevada a cabo sobre este manto realizado en 1915 por voluntad testamentaria del que fue capellán mayor del templo, Germán Mata.

   El manto --que ha sido restaurado en el taller de Sebastián Marchante, en Málaga, en un proceso que se ha prolongado durante ocho meses-- lo ha llevado en numerosas ocasiones tanto la imagen procesional o peregrina de la Virgen como la original que preside la Basílica y, dada su importancia, en 1934 el artista valenciano Ramón Stolz lo reprodujo en el lienzo bocaporte que cubre la hornacina del Altar Mayor.

    Como ha explicado Néstor Olucha, director del Museo Mariano de la Virgen, donde permanecerá expuesta la pieza hasta abril, el manto se salvó de los saqueos de la contienda porque se encontraba en un taller restaurándose y, al acabar la guerra, que se lo colocaron a la 'Mare de Déu' para su regreso de nuevo a la Basílica, después de permanecer oculta en el Ayuntamiento.

   Según el rector de la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, Juan Melchor Seguí, "la imagen de la Virgen de los Desamparados y la devoción hacia ella han fructificado también en el mundo del arte, convirtiendo al manto en uno de los elementos identitarios más conocidos, signo de protección y acogida de la madre de Déu hacia todo su mundo".

LA CORTE DE HONOR DE LA VIRGEN

   Los trabajos de restauración, sufragados por la Corte de Honor de la Virgen, a iniciativa de su presidenta, la camarera de la Virgen, María Dolores Alfonso, han estado a cargo del restaurador Sebastián Marchante, que han estado presentes en la presentación junto al rector de la Basílica, Melchor Seguí, miembros de la Archicofradía de la Virgen, de la Hermandad de Seguidores de la Virgen y del artista Pedro Arrúe.

    El objetivo principal de la intervención ha sido "devolver la visualidad primitiva al manto, que se encontraba muy deteriorado, además de estabilizar y adecuar cada uno de sus elementos, dado que la tela y bordados presentaban roturas y desgastes", han destacado.

   En primer lugar, se ha hecho un estudio de la obra, tanto de la técnica con la que fue confeccionado, el estado que se encontraba y las fotos históricas donde aparecía. La documentación fotográfica ha sido clave porque ha servido de guía para establecer de nuevo los patrones que se utilizaron en 1915.

   Debajo de las telas que se le incorporaron en otras restauraciones, aparecieron trozos del tisú original. A partir de estos, se confeccionó una tela con las mismas características, tanto por el tipo de hilo como la trama con la que estaba trabajada.

"UN RICO MANTO"

   Tras la donación de 10.000 pesetas dejada en herencia del Capellán Mata para la confección de "un rico manto" para la Santísima Virgen, su elaboración fue encargada a la Casa de Beneficencia que contaba con una escuela de bordado.

   Olucha ha expuesto que de esas pesetas, a las chicas de la caridad que, en ese momento, estaban ubicadas en la Casa de la Beneficencia, llegaron 1.322 pesetas para los confeccionados y los bordados. Unos años después, durante la confección de la corona, llegaron 1.900 pesetas por la cantidad de siete esmeraldas siete granates, diez amatistas y 47 perlas, 79 rojas, diez rubíes y cuatro zafiros, todas con sus correspondientes monturas.

   La tela base que compone la totalidad de la pieza es un piqué de tisú de plata hecha ex profeso para pasar los bordados originales, siguiendo el patrón que fue encontrado en el interior y era el original de 1915. El conjunto está bordado en realce con hilo de oro y de plata sobre el tisú, y adornada con perlas y cristal.

   "Cabe señalar que, evidentemente, el manto se hace con un estilo que era el gusto propio de la época de 1915 donde el modernismo existía de unos años atrás", ha recalcado el director del museo. Al hilo, ha dicho que "la simetría se ve materializada en el manto donde si cogieran y lo partieran por la mitad casi al 100 por ciento se puede ver con un espejo la misma parte del manto en un lado como en otro".

    El manto contiene el escudo laureado de València, que se contrapone al escudo constitucional de Alfonso XIII en de 1915. Del mismo modo el manto va alternando con la flor de lis, la flor de la casa de los borbones, que aparece con toda la heráltica propia del momento. Para que sea simétrico también lo ponen laureado.

   Por su parte el director del taller de bordado, Sebastián Marchante, ha remarcado que "se pusieron a trabajar con el fin fundamental de que no se tratara simplemente de una restauración, sino de una puesta en valor", además, ha agregado que el estado en el que estaba era "bastante lamentable" y "peligraba" la continuidad de la obra.

   Marchante ha explicado que desde que empezaron con el proceso de restauración con los estudios previos, y gracias a la documentación gráfica aportada pudieron comprobar que el manto a lo largo de los años había sufrido algunas transformaciones en su diseño y en su terminación.

    Por ello, la labor del taller fue, además de fotografiarlo, alinearlo y ver qué formaciones y que piezas habían cambiado de su disposición original, y según ha expuesto Marchante, "a punta de bisturí ir desprendiendo los tejidos que se encontraban debajo, que no eran originales ni eran los primitivos de cuando la pieza se ejecuta, hasta llegar al alma del bordado que sería la plantilla original que se bordó en el 1915".

   La parte que sujeta el manto sobre los hombros de la imagen estaba bastante debilitada, porque el peso hacía que se fuera rasgando la tela. Los bordados presentaban roturas y desgastes, habiendo zonas donde se ponía ver directamente la cartulina, y, del mismo modo, los hilos de oro y de plata habían perdido este material.

   En la restauración actual, se ha procedido a realizar una limpieza general de la pieza, se han integrado elementos que se habían desprendido y se han repuesto piedras y perlas que faltaban. Asimismo, se ha repuesto el fleco idéntico al original a partir de las fotografías antiguas.

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