Crítica de Glass (Cristal): Shyamalan y la fe en lo extraordinario

Glass (Cristal) no es una película más de M. Night Shyamalan. Es el filme con el que el director de El sexto sentido culmina una trilogía que inició hace casi dos décadas con El protegido, pero que hasta los últimos 30 segundos de su trabajo anterior, Múltiple, solo él, tan cuco como siempre, sabía que existía. Título con el que pone punto final a un heterodoxo tríptico en el que deconstruye un género al que se adelantó hace más de 19 años. Y mientras teoriza sobre los superhéroes con ese mismo halo de melancolía que hizo de aquel filme de 1999 algo excepcional, Shyamalan enarbola la bandera de su patria fílmica, de esa forma tan suya de hacer y, sobre todo, de entender el cine.