Escuadrón Suicida (Suicide Squad)
WARNER BROS.
Actualizado: miércoles, 26 octubre 2016 10:38

MADRID, 4 Ago. (EUROPA PRESS - Israel Arias) -

Escuadrón Suicida (Suicide Squad), el desmadre que presuntamente iba a ser la nueva cinta del universo DC, se salda con una reunión de villanos, perturbados y maleantes ruidosa y caótica pero menos brutal y heterodoxa de lo que debiera haber sido. Una cinta que deja, además de un amargo regusto a oportunidad perdida, una clara y casi única vencedora: Margot Robbie y su Harley Quinn.

Y es que, shorts menguantes aparte, sin ser ni mucho menos un dibujo perfecto de su orginal, el deslenguado y psicótico personaje de Robbie es el que más luce en mitad de ese frenético caos que es la errática trama de Escuadrón Suicida. Una cinta pensada de una forma, ejecutada de otra y a la que -a raíz del pánico desatado tras Batman v Superman: El amanecer de la Justicia- en los despachos se le exigieron otras (aún más) cosas diferentes.

Y de aquellos reshoots, e incluso montajes paralelos dirá ahora el bueno -y erguido, por lo que cuenta- de David Ayer, vienen estos lodos. Las exigencias a las que necesitaba haberse sometido Escuadrón Suicida no debían venir marcadas por Batman v Superman, ni siquiera por El hombre de acero, sino en la comparación con Guardianes de la Galaxia o Deadpool. Y, sin ser un desastre, en esa liga, en la de los canallas versos libres del overbooking superheroico, Suicide Squad no está a la altura.

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Tras las presentaciones de rigor en un prólogo excesivamente largo -que no aburrido, ese es un adjetivo que pese a todos sus defectos esta película no conoce- y premeditadamente desequilibrado en favor de Robbie y Will Smith, una vez que se reúne este equipo de malos malísimos no sabe muy bien contra qué o quién luchar. Y no es culpa suya.

Tras esbozar algunas interesantes premisas en la génesis del escuadrón, la cinta de Ayer se abandona y lo fía todo al tirón de su variopinto animalario, a su buscada pero casi nunca conseguida camaradería y al poder de la pirotecnia. Las discusiones de despacho sobre la guerra contra terror o seguridad preventiva no venden, ni siquiera cuando se habla de cómo parar los pies al próximo Superman. Y además hay que justificar la, al parecer imprescindible en la nueva era DC, aparición de colosales engendros, ya sean de procedencia alienigena o paranormal ('Who you gonna call?'), que eleven la cuestión a la categoría de drama planetario. Y es es en ese giro, en el que decide optar por lo de siempre, en el que Escuadrón Suicida se estrella. Y lo hace, cómo no, con estrépito. La construcción de la gran amenaza que justifica la puesta en marcha de la variopinta Task Force X es tan torpe que roza el absurdo.

El endeble esqueleto argumental sobre el que se arma este necesariamente ligero espectáculo apenas da para sujetar todas las bolas que, a modo de efectistas reclamos, debían hacer lucir la innegable potencia y poderío visual (y también musical) de la cinta de Ayer. De hecho, la endeble estructura no basta ni para dar soporte suficiente a la gran baza mediática de la película: el nuevo Joker de Jared Leto.

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A pesar de su muy esforzada interpretación, a Leto no le llega más que para ser, de momento, el tercer mejor Joker de la historia. Su villano -metido con calzador en la trama- es estéticamente un tiro, pero a pesar de su concienzudo trabajo -sin duda lastrado por el poco peso específico de su personaje en la historia- no consigue que su Joker alcance ni el carisma que exhibió Jack Nicholson con Burton ni los niveles de inquietante demencia que logró Heath Ledger a las órdenes de Nolan.

Con eso y con todo, este Joker que pone más acento en su faceta de gánster apunta detalles que pueden hacer a esta versión un personaje muy interesante en el futuro cinematográfico de los héroes y villanos de DC. Y en eso, en lo que está por venir, también pone su granito de arena Escuadrón Suicida. Aunque para hacerlo -amén de un par de cameos suerheroicos de primera línea- tenga que romper la regla no escrita de las películas DC y subirse al carro de las escenas postcréditos. Esa, después de tantos tiros, explosiones y tacos de laboratorio, es la mayor gamberrada de Escuadrón Suicida.