Los Brazos: "Si no pones carteles de tus conciertos por la calle, no existes"

Publicado 28/09/2015 17:57:08CET

MADRID, 28 Sep. (EUROPA PRESS - David Gallardo) -

Los Brazos acaban de publicar su tercer disco, Gas, que ha sido presentado por todo lo alto en un abarrotado concierto en el icónico Kafe Antzokia de Bilbao con todas las entradas vendidas. Un nuevo logro en la firma trayectoria de este trío vizcaíno que cree en la honestidad del rock más clásico por encima de todas las cosas, y que empieza a disfrutar ahora del fruto de los años previos de pasional trabajo.

"Si no eres sostenible es que no eres interesante. Hemos intentado hacerlo así, crecer poco a poco a base de dar conciertos pequeñitos y dándonos a conocer. El boca a boca nos ha funcionado muy bien, algo que no sucede tanto como pudiera parecer, pues rara vez se conoce a una banda local a través de ese boca a boca", plantea a Europa Press el vocalista y guitarrista Guillermo 'William' Gutiérrez.

En esta línea, añade que él sí conoció a dos bandas locales a través del boca a boca: La Vacazul y con Ofunkillo. "Pero nunca más, y llevo 23 años en la música y más tiempo aún como fan de la música", lo que le hace afirmar que para que una banda que está empezando dé que hablar, tiene que "montar un pollo considerable". Quizás como ellos acaban de hacer en el Kafe Antzokia.

"Hay que tocar mucho en directo. Si la gente no se entera no sirve de nada". "Y está muy bien poder poner tu disco en Spotify, pero también hay otros 25.000 grupos que ponen el suyo. Al final, si no pones carteles por la calle para anunciar un concierto, no existes", recalca, para añadir: "Puede que si solo lo anuncias en Facebook te vaya bien, pero puede que ese concierto después solo haya existido en Facebook. El auge de los vinilos demuestra que la gente necesita algo palpable de los grupos".

SONIDO DEL DISCO

Más allá de consideraciones sobre las dificultades y los codazos que hay que dar para hacerse escuchar, esa realidad palpable es que Los Brazos tienen un nuevo disco que, a grandes rasgos, "bebe de la época aquella justo antes de que el rocanrol se llevara todo por delante, es decir, cuando estaba el batiburrillo del swing, blues, jazz, country, jazz o gospel".

"Lo grabamos en dos días en el local de ensayo, que es el sitio donde hemos creado nuestro propio sonido. Se puede tardar más si se puede hacer mejor, pero esto es un mensaje muy directo, estaba hecho así, nació para el directo y se tocó en directo. Es lo que pedían las canciones", explica.

Es, por tanto, un trabajo directo, resultante de toda la energía imaginable de un trío que no se aburre "nunca tocando", puesto que "la música es el lugar donde" están "más cómodos" en sus vidas. "En el escenario se nos olvida todo lo de fuera y nunca sentimos pereza cuando tenemos que hacer cientos de kilómetros para tocar donde sea", zanja William.