MADRID, 10 DE NOVIEMBRE (EDIZIONES)
Este mes de noviembre se le presentaba al Real Madrid como un puerto de alta montaña que había que superar con buena nota. Nada más y nada menos que un mes con un PSG en Champions League, un Sevilla en el Sánchez Pizjuan y el F.C. Barcelona el día 21. Si esto no es una prueba importante para ver cómo está el Madrid y dónde situarlo, que venga Dios y lo vea.
En las “primeras rampas” del puerto, el conjunto blanco se enfrentó a un París Saint-Germain que no es, ni mucho menos, el de los últimos años, porque es mejor. Los de Ibrahimovic y Di María fueron mejores que los de Benítez. Mucho mejores. Aunque salieron derrotados, el Madrid dio una imagen de equipo muy pobre. Cierto que no les hicieron gol (gracias a los tres palos y a Keylor Navas) pero la faceta ofensiva fue completamente nula. En fin, que el Madrid salió de las durísimas primeras rampas airoso gracias a la suerte, a Keylor y a Nacho. Pero se vio a un Madrid débil al que se le podía dejar atrás en el próximo demarraje.
Tras unos días de falso llano y recuperación para la plantilla, el conjunto merengue encaró su segundo tramo de subida del puerto con unas rampas muy complicadas, las rampas de Sevilla. Estas fueron demasiado para los blancos. En Sevilla se pudo ver a un Madrid desconectado, sin juego, sin brillo y con nulo o poco ataque. Este equipo tiene 20 ó 30 minutos buenos en los partidos, pero en las segundas partes se disuelve como un azucarillo en el café. No es capaz de aguantar los 90 minutos. Es un equipo que en la segunda parte parece fundido. Ya se vio contra el PSG. Contra el Sevilla se acabó de confirmar.
Si se mira la plantilla y se analiza uno a uno los jugadores de la misma, cualquiera pensaría que, uno, es un grandísimo equipo, y dos, que tiene talento ofensivo. Sobre todo, ofensivo. Pues en este mes de noviembre, el Real Madrid está siendo de todo menos ofensivo. No llega al área con peligro. Mejor dicho, no llega al área. No sale con balón controlado y es capaz de armar una jugada de ataque (ejemplo contra el PSG, en el que el Madrid no ocasionó ninguna ocasión que no fuera de contragolpe). No tiene el dominio del balón y se encierra atrás. Juega demasiado atrás. La presión, que comienza en los primeros 5 minutos en área contraria, poco a poco va cayendo y cayendo hasta la línea medular, donde se apalanca y ancla para el resto del encuentro. Ronaldo se desgasta mucho en presionar balones imposibles. Pero porque lo tiene que hacer.
Se notó también la baja de Keylor Navas, sin duda, uno de los pilares importantes de que el Real Madrid esté donde está hoy. No quiere decir que Casilla sea malo, pero Navas tiene eso que tenía antes Casillas: tiene duende. Y salva partido y puntos. Sin él, las carencias de los de Concha Espina se han visto más.
Ahora queda el tramo final de la subida al puerto de noviembre. Queda el tramo más duro de todos, el F.C. Barcelona. Veremos cómo lo afrontará el Real Madrid, y si será capaz de apretar riñones y subir el puerto a su ritmo, encontrando su juego y personalidad. Para superar esta pájara se necesita sacar el carácter, ese del que los madridistas presumen que tiene su equipo. La cosa es, si Benítez logrará motivarles de tal manera para que así sea. Porque a falta de buen fútbol, bueno es el carácter y el sudar la camiseta, ya que, al menos así, disimulas las carencias.