La región portuguesa del Alentejo ofrece al viajero un paraíso ciclista y para el senderismo frente al 'balcón' del Océano Atlántico. - GASPAR DÍEZ
La región menos poblada de Portugal invita a atravesar la Ruta Vicentina y degustar su gastronomía para alejarse del 'ruido' urbano
ZAMBUJEIRA DO MAR (PORTUGAL), 19 Ene. (del enviado especial de EUROPA PRESS, Gaspar Díez) -
La región portuguesa del Alentejo, 'allende' el río Tajo, que volverá a acoger, del 25 al 29 de marzo, su vuelta ciclista, es un paraíso para el aficionado del BTT y el caminante por las sendas que serpentean por los campos en los que pasta el ganado vacuno, ovino y porcino muy próximos al 'balcón' del Atlántico.
Con una población de algo menos de 760.000 habitantes, la región menos poblada de Portugal destaca por las rutas senderistas que atraviesan la Ruta Vicentina, cuyo Camino Histórico permite admirar una de las mejores costas conservadas de Europa, con tramos de interior en los que abundan los espacios protegidos.
"Es un entorno en el que encontrar la paz y desconectar del ruido que nos consume en la ciudad", apunta un empresario madrileño mientras agota su café en Herdade Do Touril, una finca rústica en la costa Vicentina mudada en hotel rural, que aloja a sus huéspedes en casas encaladas construidas en 1825, a un kilómetro de un atardecer que deja sin aliento desde sus acantilados.
El recorrido junto al mar, flechado con estacas de madera que se abren paso entre la flora silvestre, ofrece etapas que no superan los 25 kilómetros y atraviesa pequeñas localidades como Odemira y su cerámica, o la del Sendero de los Pescadores, que se perfila sobre el accidentado relieve de la costa.
Al filo del océano, el trayecto integra los caminos tradicionalmente empleados por los alentejanos para llegar desde las villas hasta pequeños pueblos pesqueros como Vila Nova de Milfontes, donde la leyenda suma 'mil fuentes' de la que manan aguas subterráneas, e hito en el que el viajero debe degustar el bacalao o cabrito, maridados con su extensa carta de vinos, en la Tasca do Celso.
En Zambujeira do Mar es recomendable hacer noche y degustar una gastronomía casera, sabrosa y basada en el mejor producto fresco.
Aquellos peregrinos que tengan pendiente afrontar una nueva experiencia deben saber que la Ruta Vicentina forma parte del Camino de Santiago de Alentejo y Ribatejo.
Otros tres itinerarios alternativos discurren por el interior de la región. Estas vías son la excusa para alejarse del bullicio urbano con etapas que discurren por enclaves de interés histórico y cultural de esta región alentejana como Évora, ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, o Portalegre, arropada por una sierra de São Mamede en la que robles, castaños, alcornoques y encinas tiñen de colores cambiantes sus colinas.
RED TRANSALENTEJO: UNA RUTA PARA CADA CAMINANTE
Conectando toda la región y ofreciendo infinidad de combinaciones para el senderismo, la Red TransAlentejo se adapta a las necesidades de cualquier viajero, abriendo camino hacia experiencias culturales y gastronómicas inolvidables.
Sus recorridos, ideados para mostrar lo mejor de hasta 47 municipios alentejanos, presentan diferentes grados de dificultad y trayectos de entre 8 y 20 kilómetros por territorios que acumulan tradición e historia en un entorno cautivador en el que enfrentarse a un encuentro con uno mismo.
Atravesando viñedos de tonos rojizos, monumentos prehistóricos como el Cromlech de Almendres o villas de importante producción artesanal, como Nisa o Arraiolos, las rutas del TransAlentejo conectan al caminante con un Alentejo en estado puro. Además, del 10 al 20 de octubre, se celebra el Alentejo Walking Festival, una oportunidad para compartir con otros excursionistas lo mejor de la naturaleza y el patrimonio regional.
PARAÍSO PARA EL CICLISTA
Además del Camino Histórico que conecta el colorido interior y la costa alentejana existen rutas que parten de los Centros de Ciclismo de la región. Estos espacios en Arronches o Castelo de Vide/Marvão disponen de vestuarios y estaciones de servicio para hacer más cómoda la aventura de conocer Alentejo a golpe de pedal.
La red de rutas de los siete centros de la región incluye caminos señalizados para la práctica de ciclismo de carretera, enduro, gravel y campo a través, tras los que reponer fuerzas con una gastronomía que combina un plato de migas, cerdo o estofado de borrego, regados con un vino alentejano.
Una de estas travesías es la ruta ciclista de San Mamede, 181 kilómetros de carreteras asfaltadas, caminos y senderos que pueden completarse con bicis de cicloturismo, montaña o gravel; la de la Sierra de Ossa; o el Bajo Alentejo, este último con itinerarios por zonas de Ourique y Almodovar o Serpa, que, en otoño, se colorean con la caída de las hojas de los castaños.
En el Alentejo también puede disfrutarse de un tramo de la gran Ruta de la Costa Atlántica, un trazado transeuropeo de larga distancia que bordea el litoral desde Noruega hasta Portugal surcando Comporta, Sines o Carvalhal.
Esta ruta permite descubrir la riqueza de la fauna y flora de las zonas cercanas al océano a través de lagos, parques y reservas naturales, cruzando tramos arenosos y enfrentando las fuertes corrientes que se forman en el Atlántico.
Este paraíso envuelve la Vuelta Ciclista al Alentejo, conocida como la Volta ao Alentejo, de categoría 2.2 para la Unión Ciclista Internacional (UCI) y que reúne a equipos profesionales continentales, continentales y selecciones nacionales. A pesar de no contar con grandes puertos de montaña, el viento condiciona el desenlace final tras atravesar localidades como Évora, Beja, Portalegre o Moura, entre otras.