MADRID 8 Ene. (EUROPA PRESS) -
Subir las persianas y encontrar las ventanas cubiertas de gotas de agua es una escena más habitual de lo que parece, sobre todo en los meses fríos. A primera vista puede parecer un problema menor, casi anecdótico, pero la condensación en las ventanas es una señal clara de que algo no está funcionando del todo bien en el equilibrio entre temperatura, humedad y ventilación dentro de casa.
Este fenómeno ocurre cuando el aire interior, más cálido y cargado de humedad, entra en contacto con superficies frías como el vidrio. Al enfriarse, el vapor de agua se transforma en líquido y aparece en forma de pequeñas gotas. Si se repite de manera habitual y no se corrige, esa humedad acaba pasando factura a la vivienda.
POR QUÉ SE PRODUCE LA CONDENSACIÓN EN LAS VENTANAS
La condensación es, en esencia, un problema de exceso de humedad en el aire interior. Actividades cotidianas como ducharse, cocinar, tender la ropa dentro de casa o incluso respirar generan vapor de agua que se queda en el ambiente si no se elimina correctamente.
Cuando ese aire húmedo choca con un elemento frío -como el cristal de una ventana-, la diferencia de temperatura hace que el vapor se condense. Por eso suele aparecer con más intensidad por la mañana o en días especialmente fríos, cuando el vidrio está más frío que el aire del interior.
Algunos técnicos apuntan además que este fenómeno puede acentuarse en viviendas muy estancas. El arquitecto técnico Jordi Martí explica que, al cambiar las ventanas por otras más aislantes y estancas, la vivienda deja de ventilar de forma "involuntaria", por lo que la humedad generada en el interior puede concentrarse si no se refuerzan los hábitos de ventilación. No se trata de un problema de las ventanas en sí, sino de cómo se gestiona el aire y la humedad dentro de casa tras esa mejora.
QUÉ PROBLEMAS PUEDE CAUSAR SI SE IGNORA
Cuando la condensación se convierte en algo habitual, la humedad acumulada puede acabar deteriorando los marcos de las ventanas, especialmente si son de madera o tienen juntas de goma. También puede manchar cortinas y textiles cercanos y, con el tiempo, crear un entorno propicio para la aparición de moho, sobre todo en esquinas y paredes próximas.
Más allá del daño estético, un exceso de humedad continuado reduce el confort en casa y puede afectar a la calidad del aire interior.
CÓMO PREVENIR LA CONDENSACIÓN DE FORMA EFICAZ
La medida más sencilla y eficaz es ventilar bien la vivienda todos los días, incluso en invierno. Abrir las ventanas durante unos minutos permite renovar el aire y reducir la humedad acumulada, sin necesidad de enfriar la casa en exceso.
También conviene prestar atención a hábitos cotidianos: usar la campana extractora al cocinar, ventilar el baño después de la ducha o evitar secar la ropa en el interior sin una ventilación adecuada ayuda a mantener a raya la humedad.
En muchos hogares, el deshumidificador se ha convertido en una solución práctica y asequible. Estos dispositivos permiten controlar el nivel de humedad de forma constante y son especialmente útiles en viviendas donde la condensación aparece de manera recurrente.
Si el problema persiste, puede ser conveniente observar en qué estancias se produce con más frecuencia y en qué momentos del día, ya que no siempre se trata solo de las ventanas. Puentes térmicos, zonas frías en paredes o una ventilación insuficiente pueden estar detrás del problema.
CUÁNDO CONVIENE REVISAR EL PROBLEMA
La condensación ocasional no suele ser motivo de alarma, pero cuando aparece a diario y va acompañada de manchas, olores o moho, conviene analizar la situación con más calma. En esos casos, dejarse asesorar por un profesional puede ayudar a encontrar una solución ajustada a la vivienda, ya que no existe una receta única válida para todos los hogares.
Entender por qué se produce la condensación y actuar a tiempo es la mejor forma de prevenir daños mayores y mejorar el confort en casa. A veces, pequeños cambios en la ventilación y el control de la humedad marcan una diferencia mucho mayor de lo que parece.