MADRID 22 Ene. (EUROPA PRESS) -
Los huevos son un alimento habitual en muchas cocinas y una fuente importante de proteínas y otros nutrientes. La forma de cocinarlos influye en cómo se aprovechan, especialmente cuando se preparan a diario.
No todos los métodos de cocción actúan igual. El tiempo, la temperatura y el tipo de preparación influyen en qué nutrientes se conservan mejor y en cómo el cuerpo puede utilizarlos.
COCINAR EL HUEVO AYUDA A APROVECHAR MEJOR SU PROTEÍNA
Más allá de gustos personales, cocinar el huevo tiene una ventaja clara: facilita la digestión de su proteína. El calor modifica la estructura de las proteínas del huevo, haciendo que el organismo las descomponga y las aproveche con mayor facilidad, tal y como apunta un estudio sobre digestión y cocción del huevo publicado en la revista científica Journal of Agricultural and Food Chemistry.
Esto ocurre tanto en preparaciones con agua como en otras formas de cocción. La clave no está en comerlo crudo o muy poco hecho, sino en aplicar un calor suficiente para mejorar su digestibilidad sin someterlo a temperaturas excesivas durante demasiado tiempo.
POR QUÉ LOS MÉTODOS CON AGUA SALEN MEJOR PARADOS
Entre las distintas formas de cocinar huevos, las preparaciones con agua y calor moderado, como el hervido o el escalfado, suelen situarse entre las más equilibradas, según refleja ese mismo estudio, así como otros trabajos sobre nutrición recogidos por Healthline. Son métodos que no requieren añadir grasa y permiten controlar mejor el tiempo de cocción.
Además, al tratarse de cocciones relativamente suaves, tienden a preservar mejor algunas vitaminas frente a preparaciones más agresivas o prolongadas. Eso no significa que conserven todos los nutrientes intactos, pero sí que ofrecen un buen compromiso entre digestión y conservación.
EL TIEMPO Y LA TEMPERATURA IMPORTAN MÁS QUE EL MÉTODO
Más que elegir entre hervido, escalfado o plancha, lo que realmente marca la diferencia es cuánto tiempo se cocina el huevo y a qué temperatura. Las cocciones largas o muy intensas pueden afectar a vitaminas sensibles al calor, mientras que las preparaciones más cortas ayudan a limitar esas pérdidas.
Por eso, incluso dentro de un mismo método, no es lo mismo un huevo pasado por agua que uno muy cocido durante varios minutos, o una tortilla jugosa frente a otra excesivamente hecha.
¿SIGNIFICA ESO QUE FREÍR O REVOLVER ES MALA OPCIÓN?
No necesariamente. Los huevos fritos o revueltos siguen siendo alimentos nutritivos, pero no son la opción más recomendable para el consumo diario si se busca un equilibrio entre digestión y conservación de nutrientes.
En estos casos, el uso de altas temperaturas y, a menudo, de grasa añadida hace que el resultado final sea más calórico y que algunos nutrientes se vean más afectados, especialmente si la cocción se prolonga.
En la práctica, hervir o escalfar huevos con tiempos ajustados es una forma sencilla de aprovechar bien sus nutrientes sin complicarse. A partir de ahí, la variedad en la cocina y la moderación siguen siendo las mejores aliadas.