La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, interviene durante una rueda de prensa tras una reunión del Consejo de Gobierno en Fráncfort del Meno - Matias Basualdo/ZUMA Press Wire/ DPA
BRUSELAS, 22 Jun. (EUROPA PRESS) -
La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha asegurado este lunes que la institución no aprecia por ahora riesgos de inflación ni efectos indirectos derivados de la guerra en Oriente Próximo que justifiquen una respuesta monetaria "más contundente", aunque ha insistido en que el organismo mantendrá una vigilancia "muy estrecha" sobre la evolución de la situación y actuará en función de los datos.
"El choque es demasiado grande y no se puede pasar por algo porque podríamos poner en peligro nuestro objetivo, pero todavía no vemos expectativas de inflación ni efectos de segunda ronda que justifiquen una respuesta de política monetaria más contundente", ha afirmado Lagarde durante su comparecencia ante la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON) del Parlamento Europeo en Bruselas.
La presidenta del BCE ha defendido así la decisión adoptada a inicios de este mes por el Consejo de Gobierno de elevar los tres tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos, la primera subida desde septiembre de 2023, ante el repunte de las presiones inflacionistas derivadas del conflicto en Oriente Próximo y del encarecimiento de la energía.
"Con esta decisión estamos bien posicionados para hacer frente a la incertidumbre generada por la guerra y vamos a seguir muy de cerca la evolución de la situación", ha señalado Lagarde, quien ha insistido en que el BCE no está "prejuzgando ninguna trayectoria de tipos de interés concreta" y mantendrá un enfoque dependiente de los datos.
En este sentido, ha explicado que la institución trabaja con tres escenarios alternativos sobre la evolución del conflicto y sus efectos sobre la economía y la inflación, pero ha recalcado que, en todos ellos, "estaba justificado el incremento de tipos".
Lagarde ha advertido de que las perspectivas económicas siguen marcadas por una elevada incertidumbre, con riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento. Así, las previsiones del Eurosistema apuntan a una inflación del 3% en 2026, del 2,3% en 2027 y del 2% en 2028, mientras que el crecimiento del PIB de la zona euro se moderará hasta el 0,8% este año, antes de repuntar al 1,3% en 2027 y al 1,5% en 2028.
La presidenta del BCE ha atribuido buena parte de estas tensiones al encarecimiento de la energía, cuyos precios --ha indicado--aumentaron alrededor de un 10% en abril y mayo. Además, la tasa subyacente, que excluye energía y alimentos, se situó recientemente en el 2,6%, mientras que las expectativas a corto plazo sobre la evolución de los precios ya superan los niveles previos al estallido de la guerra en Oriente Próximo.
No obstante, ha defendido que el actual episodio difiere del vivido tras la pandemia y la invasión rusa de Ucrania, cuando --según explica-- la economía se encontraba respaldada por políticas monetarias y fiscales distintas.
"Cuando se produjo este choque, la inflación se encontraba más cerca del objetivo y las políticas monetarias y presupuestarias ya no eran de carácter acomodaticio", ha explicado, apuntando a que la transmisión de las tensiones energéticas al conjunto de la economía podría ser "más limitada", aunque "persistan los riesgos".
En cualquier caso, Lagarde ha advertido de que el BCE no puede "bajar la guardia" después del episodio inflacionista de 2022 y 2023, ya que empresas y trabajadores podrían reaccionar con mayor sensibilidad a nuevas perturbaciones.
Con todo, ha subrayado que la política monetaria tiene límites para hacer frente a este tipo de crisis y ha defendido reforzar la resiliencia europea, especialmente en el ámbito energético.
"La política monetaria no puede contrarrestar por completo el impacto de tales perturbaciones. Será esencial reducir la vulnerabilidad de la zona euro frente a perturbaciones externas de la oferta", ha concluido.