Actualizado 21/08/2007 13:51 CET

Perú.- Misioneros valencianos transportan en camiones toneladas de ropa y víveres para los afectados

VALENCIA, 21 Ago. (EUROPA PRESS) -

Varios misioneros valencianos destinados en Perú han iniciado el transporte de toneladas de mantas, ropa de abrigo, medicinas, agua y alimentos para los damnificados por el terremoto que afectó al país de la semana pasada, informaron fuentes del arzobispado.

La ayuda humanitaria procede de los feligreses y de los padres de alumnos de las parroquias y colegios que dirigen los misioneros. El traslado de los víveres hasta las zonas más afectadas lo realizan ellos mismos en camiones o los envían mediante vehículos militares del Gobierno peruano.

El sacerdote de la diócesis de Valencia Antonio Garciandía ha enviado dos camiones desde la parroquia Cristo Camino que dirige en un suburbio de Lima. Sus feligreses son "muy pobres, viven en chozas de cañas, sin luz y para beber han de hervir a diario agua no potable" procedente de camiones cisterna, pero "a pesar de ello esta vez han comprado botellas de agua precintadas" para los afectados por el terremoto y "han donado la ropa que casi les falta a sus hijos, mantas y leche en polvo", aseguró.

A su vez, Isabel Hervás, religiosa valenciana de la congregación Hermanas de la Doctrina Cristiana, se trasladó al día siguiente de producirse el seísmo hasta una de las ciudades más afectadas, Pisco, desde Nazca, donde colabora en la parroquia la parroquia Virgen de Guadalupe.

La religiosa se desplazó a Pisco junto con varios feligreses en una furgoneta con alimentos, ropa y medicinas. Todos ellos evaluaron la situación en la zona y tienen previsto volver en los próximos días con varias camiones propiedad de los propios feligreses "cargados de toneladas de víveres".

A su vez, Amparo Buendía, religiosa natural de la localidad valenciana de Moncada y perteneciente a la congregación Franciscanas de María Inmaculada, colabora en la campaña de recogida de alimentos que ha puesto en marcha el colegio "San Francisco de Asís" que dirige la entidad en Lima y donde la misionera es profesora. Las religiosas franciscanas trasladan las ayudas hasta el Estadio Nacional de la capital peruana y, desde allí, "el Ejército las trasporta en camiones a las zonas afectadas".

Uno de los diez hermanos de la religiosa, César, se encuentra igualmente desde hace años en Lima como misionero y coordina junto con el también sacerdote valenciano Vicente Folgado el envío de víveres desde la parroquia Santa María de la Providencia, de la que ambos son párrocos.

SIMULACROS.

Amparo Buendía explicó además, que desde que se produjo el terremoto han intensificado en su colegio los simulacros de evacuación, que son "habituales en esta zona sísmica". Para ello, las profesoras sitúan a los 75 niños de 3 a 5 años que estudian en la escuela en círculos pintados en el patio, "lejos de paredes y elementos que puedan derrumbarse", ha añadido. La misionera, que permanece en Perú desde hace ocho años, ha afirmado que nunca había sentido "un temblor tan fuerte".

Por su parte, Isabel Hervás sintió una "enorme impotencia" cuando se desplazó hasta Pisco al día siguiente del terremoto. "Me quede muda, parecía que habían bombardeado la ciudad, la gente estaba en estado de 'shock' ", dijo. El día del seismo, Hervás no durmió "en toda la noche para estar preparada para correr por si en una réplica se nos venía la casa encima".

A su vez, a Antonio Garciandía el terremoto le sorprendió en su vivienda en Lima, en un segundo piso, y "el temblor era tan fuerte que no podía bajar las escaleras". El misionero relató que al menos diez seglares a los que él mismo ha impartido catequesis del Camino Neocatecumenal durante años han fallecido a consecuencia del terremoto en Pisco, donde Garciandía ha predicado en varias parroquias durante la última década.