"Terremoto rico, terremoto pobre". Por Ángel Carbayo, presidente de la ONG Geólogos del Mundo

Actualizado 14/04/2010 13:46:43 CET
- Ángel Carbayo, presidente de la ONG Geólogos del M

La falta de recursos de un país pobre como Haití ha sido determinante en los efectos catastróficos de un fenómeno geológico tan destructivo como un terremoto, en contraste con un país de economía media como Chile. A pesar de que la frecuencia de terremotos y la magnitud sean muy superiores en este último país, como consecuencia de la gran longitud de la línea de fricción de las placas tectónicas de Nazca y de Sudamérica, origen del seísmo chileno, en contraste con la menor longitud de la línea de fricción de las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica, que afectan a Haití.

Técnicamente, la intensidad destructiva Mercali del terremoto de Chile, de magnitud 8,8 en la escala de Ritcher, resulta inmensamente superior a la del terremoto de Haití de magnitud 7,2 E.R. Sin embargo, la realidad ha sido inversa, resultando una destrucción infinitamente menor en Chile que en Haití. Por si fuera poco, la costa de Chile sufrió un tsunami, principal responsable de la cantidad de muertos a causa del fallo del sistema de alarma, mientras que en Haití no lo hubo.

Sin embargo, el terremoto de Haití, en relación con el de Chile, ha tenido dos parámetros más destructivos como son la proximidad del epicentro a 15 kilómetros de Puerto Príncipe, frente a los 105 de Concepción, y la profundidad del epicentro, de 10 kilómetros y 35 kilómetros respectivamente, dado que la cercanía y poca profundidad del epicentro respecto a un punto produce un mayor daño.

La consecuencia final de ambos terremotos ha sido los graves daños en vidas humanas (más de 200.000) y casas dañadas (varios millones) que ha sufrido Haití, que comparado con los efectos destructivos en Chile (452 víctimas y medio millón de casas dañadas) muestran una gran diferencia.

¿Por qué esta gran diferencia?

La única defensa para evitar estos desastres consiste en realizar las construcciones adecuadas con materiales sismorrresistentes, a partir de la realización de mapas de peligrosidad sísmica, que disminuyan la vulnerabilidad, tanto de las personas como de las cosas. Otro factor que influye es contar con un sistema adecuado de protección civil, una vez que se ha producido el terremoto.

Ambas condiciones se cumplían perfectamente en Chile, pero no en Haití, que, como es común en los países poco desarrollados, carecía de medios económicos y preventivos para minimizar la catástrofe. En ese apartado destaca la labor de Perú, país que en los últimos años ha realizado unas normas antisísmicas para las construcciones de adobe.

Por tanto, respecto a predicción de terremotos nada puede hacerse, salvo construir adecuada y preventivamente, con las consiguientes fuertes inversiones que son patrimonio exclusivo de los países desarrollados, salvo excepciones, tal como ocurre en Perú.

Pero además de la fuerza devastadora de un seísmo existen otros fenómenos geológicos inducidos, posteriores a los terremotos, que son los deslizamientos de tierras y las inundaciones, en función tanto de la consolidación de los sedimentos como de la pluviosidad según las áreas.

El terremoto de Haití puede haber producido deslizamientos de tierras en barrancos, o haber dejado laderas inestables que posteriormente serán arrastradas por las aguas. Esta situación podría degenerar en graves inundaciones, que afectarían directamente a muchas comunidades. Por tanto, llegados a este punto nos preguntamos qué puede hacerse para mitigar los efectos de un terremoto en los países poco desarrollados.

Desde Geólogos del Mundo intentamos abordar la solución a estos posibles problemas inducidos, realizando estudios de prevención sobre el terreno, así como labores de protección civil si llega el caso. Nuestro principal objetivo, sin embargo, es informar in situ a todos los agentes implicados para que fomenten una correcta ordenación del territorio, hecho que disminuye ostensiblemente los daños derivados de un terremoto de gran magnitud.

Ángel Carbayo es geólogo y presidente de Geólogos del Mundo y miembro del Ilustre Oficial de Geólogos.