La familia goza en España de una razonable buena salud. Es la institución más presente en nuestra sociedad y la que más satisfacción genera en la vida de nuestros conciudadanos.
En efecto, los datos son muy claros: según el último censo de población, en España hay 11,1 millones de núcleos familiares, de los cuales 8,9 millones son matrimonios (frente a 10.474 parejas de homosexuales y lesbianas, por cierto). Es decir, de cada cien unidades de convivencia, 94 se fundan en el matrimonio entre un hombre y una mujer. Este dato indica que los españoles cuando nos planteamos organizar nuestra propia vida optamos por el matrimonio y crear una familia de forma abrumadoramente mayoritaria.
Por otra parte, la percepción subjetiva de los españoles sobre la familia es profundamente satisfactoria: en la encuesta del CIS sobre opiniones y actitudes sobre la familia de noviembre de 2004 se obtienen los siguientes resultados: la familia es" muy importante" para el 78,5% de los consultados y "bastante importante" para el 20,4%, "poco importante" para el 0,8% y "nada importante" para el 0,2% . Preguntados en la misma encuesta, sobre si estamos satisfechos con la familia, los españoles contestamos lo siguiente: "muy o bastante satisfecho", el 96,7; "poco o nada satisfecho", el 1% .
Si nos comparamos con el resto de los países europeos, vemos que España presenta unos índices de nupcialidad, de nacimientos dentro del matrimonio y de estabilidad matrimonial de los mejores de la Unión Europea junto con Irlanda y Grecia. Sin embargo estamos a la cola de Europa en natalidad; éste es el dato más preocupante de la realidad familiar española, aunque este índice se ha recuperado algo en los últimos años gracias a la natalidad de las inmigrantes.
Sin embargo, es cierto que todas las estadísticas indican una tendencia a peor consistente año tras año. Aparte de temas culturales de fondo propios de nuestra época (pérdida del sentido religioso de la vida, desesperanza, banalización de la sexualidad, individualismo, miedo al compromiso, etc) que inciden negativamente sobre la familia, parece claro que el gran enemigo de la familia hoy en España, su gran problema, son las políticas públicas irresponsablemente contrarias a la familia por acción u omisión. Un dato puede ser expresivo: la media de recursos públicos dedicados a políticas familiares en los paises de la UE es del 2,5% del PIB; España dedica el 0,4% del PIB.
España es el único país de la UE que no llega al 1% del PIB en políticas familiares. Para recibir la misma ayuda que recibe un matrimonio alemán con dos hijos, una familia española tendría que tener 13 hijos y para igualar las ayudas de una familia luxemburguesa con dos hijos, la española necesitaría tener 25 hijos.; y además en esos países no existe límite de renta para percibir ayudas familiares, mientras que en España tales ayudas sólo son accesibles para las familias con recursos escasos.
Al mismo tiempo, la legislación reciente en España desprotege hasta tal punto a la familia que ha convertido al matrimonio en un "contrato basura" (por utilizar este término acuñado en le mundo de la contratación laboral). Al equipararlo a las uniones de personas del mismo sexo y hacer a todo matrimonio divorciable a partir de los tres meses de la boda sin necesidad de alegar causa alguna, el legislador español ha convertido al matrimonio real, el que queremos contraer la inmensa mayoría de los españoles, en algo alegal, no previsto ni protegido por el Derecho. La desprotección del derecho a la vida en nuestra legislación (la vida es la razón de ser de la familia) y la legislación educativa vigente que cercena y limita el derecho de los padres a educar a sus hijos, completa un panorama normativo profundamente injusto con la familia.
Este es el problema de la familia en España: las leyes vigentes que no hacen justicia a la familia y las políticas públicas que no la apoyan. El reto es dar la vuelta a esta situación. A nadie se le obliga a casarse y fundar una familia, pero quienes lo hacen en libertad se convierten en grandes benefactores de la sociedad al generar nuevas vidas y la solidaridad interpersonal específica de las relaciones de consanguinidad. Por eso merecen un régimen jurídico específico que ampare y proteja sus compromisos y relaciones y apoye su esfuerzo.
Benigno Blanco.
Vicepresidente del Foro Español de la Familia.