La conciliación de la vida personal, familiar y laboral debe pasar ineludiblemente por la racionalización de nuestros actuales horarios, excesivamente rígidos y prolongados. Y junto a ello, porque los hombres asuman mayores compromisos familiares y se conciencien de que las tareas domésticas son asunto de dos. No se trata de ayudar, sino de compartir.
La masiva incorporación de la mujer al trabajo ha supuesto, en la práctica, que ella realice un doble trabajo, el de fuera y el de dentro del hogar, ya que sigue teniendo la principal responsabilidad sobre los hijos, los mayores dependientes y las tareas domésticas. La mujer debe dejar de ser la gran perjudicada por su incorporación al mercado laboral a la que tiene un indiscutible derecho y que está en la base de la igualdad. Hay que poner fin a hechos que hoy son innegables, como que nuestra tasa de natalidad es de las más bajas de Europa; que la inseguridad en el empleo afecta notablemente a la decisión sobre la maternidad; o que la ayuda gubernamental por hijo a las familias numerosas españolas es cinco veces menor que la media europea, lo cual resulta una vergüenza.
Para las mujeres, y también para los hombres, el camino para lograr la conciliación pasa por racionalizar los horarios. Deben implantarse soluciones como la flexibilización de horarios laborales, la extensión de las jornadas continuas, la reducción de la pausa para comer...; en suma, horarios más europeos, en los que la jornada laboral finalice a las cinco o a las seis de la tarde, de manera que todos dispongamos de un tiempo libre para nosotros. Evidentemente, en algunas profesiones esta propuesta jamás podrá llevarse a cabo -servicios de emergencia, hospitales, medios de comunicación, donde se aplican turnos-, pero también en ellas deben buscarse fórmulas adecuadas para mejorar la calidad de vida de los trabajadores.
No lo pedimos sólo desde la Comisión Nacional que presido, lo demanda la sociedad española en su conjunto: según una reciente encuesta de la firma europea Catenon, el 88 por 100 desea un horario más flexible que le permita conciliar su vida personal y familiar con el trabajo. Atender esta demanda concierne tanto a la Administración como a las empresas privadas y a los agentes sociales, y ha de figurar, como asunto prioritario, en las negociaciones de todos los convenios colectivos. Si conseguimos unos horarios más racionales, más 'humanos', todos saldremos ganando: los hombres y mujeres de hoy, nuestros hijos y las generaciones del futuro.
Ignacio Buqueras y Bach.
Presidente de la Comisión Nacional para Racionalizar los HorariosEspañoles y de ARHOE. Autor del libro Tiempo al tiempo (Planeta).