Actividades de la Fundación Amoverse en Madrid- JESÚS REYES BORJAS
Recuerdo jugar de niña con mi hermana y mis padres en mi pueblo de Madrid y de Galicia. Recuerdo jugar a que los árboles se movían, a que si nos subíamos, nos podían llevar donde quisiéramos. Recuerdo imaginar que el bosque estaba encantado y habitado por criaturas que solo nosotras podíamos ver.
También me viene a la memoria las tardes de frío en casa con mi hermana y mis amigas, cuando jugábamos con los juguetes sin importar la manera ni las directrices de las personas adultas. Nuestras muñecas vivían grandes aventuras, volaban por la ventana y hasta con sus coches derribaban las construcciones que creábamos. Inventábamos muchos juegos, teníamos mucha imaginación.
Es al reencontrarnos con recuerdos así, cuando nos damos cuenta de que cuando pensamos en los Derechos de la Infancia, a menudo dejamos para el final aspectos que, desde nuestra mirada adulta, pueden parecer secundarios, como es el juego. Sin embargo, si hacemos el ejercicio de volver a nuestra infancia, los primeros recuerdos que suelen venirnos en mente son esos días en el patio del colegio jugando, esos momentos en el parque con amigos y amigas, o incluso, aquel juguete que nos parecía imprescindible y que aún conservamos en la memoria.
Y es que, al hacernos adultas, tendemos a subestimar lo que jugar significa. Jugar es mucho más que diversión: significa crear, soñar, dar rienda suelta a la imaginación. Es inocencia, inventar y reflexionar. Es evasión y desconexión de los conflictos del día a día porque, cuando estás jugando, no existen los problemas, simplemente piensas y eres feliz en el momento. Es estar en contacto con personas a las que quieres, que son lo más importante en ese instante.
A veces basta con volver a jugar un instante para recordar y entender de nuevo todo lo que el juego aporta. Esa chispa que parecía dormida vuelve a aparecer y nos recuerda que el juego no debería ser un privilegio: es un derecho. Desde esa convicción, en Amoverse acompañamos procesos que protegen y reivindican su valor desde la infancia hasta la edad adulta, defendiendo el derecho al juego como una parte imprescindible de los derechos de la infancia y la adolescencia.
El juego no es un simple pasatiempo. Para los niños, niñas y adolescentes jugar es el medio que hace posible su desarrollo integral, es la fuente esencial de su aprendizaje y es un oasis de paz que les permite abstraerse de las dificultades. Como personas adultas, estamos llamadas a reconocer y defender este derecho, en nuestros barrios, en nuestras ciudades y en todas las partes del mundo.
Persiguiendo este fin, debemos garantizar un entorno en el que el juego pueda desplegarse, entendiéndolo como aprendizaje, crecimiento y desarrollo integral: un espacio donde se aprende a gestionar conflictos, poner límites y adquirir competencias. Para ello, es necesario acompañar no solo a niños, niñas y jóvenes, sino también a sus familias, para poder sensibilizar sobre la importancia que tiene y así poder promover su realización en entornos seguros. Y es que, ojalá, la infancia y la adolescencia de nuestra sociedad no se vea obligada a dejar de jugar.
Además de construir y preservar estos espacios, es también nuestra obligación defenderlos en todas las partes del planeta. Y es ahí donde la mirada se abre al mundo gracias a iniciativas y campañas como "Soy Cometa", que llevamos a cabo junto a la ONG Entreculturas. Porque existen muchos lugares donde los niños y niñas no tienen esos espacios seguros para crecer y desarrollarse a través del juego.
Me es inevitable pensar en lugares como Gaza, donde, incluso en estos momentos tan extremos, las ganas de vivir de sus niños, niñas y adolescentes son una clara muestra de la extraordinaria capacidad de resiliencia que tiene el ser humano. Una habilidad que es aún más formidable cuando les vemos jugar entre escombros y nos vuelven a demostrar cómo jugar es mucho más que pasar el rato, como jugar es su manera de resistir y sobrevivir. Un hecho que nos evidencia la necesidad de defender el derecho de la infancia a una paz real.
Hoy más que nunca, Día Mundial de los Derechos de la Infancia, como sociedad debemos ser altavoz, construir y proteger esos espacios seguros para garantizar los derechos de la infancia y adolescencia, especialmente el derecho al juego y a la paz, en cualquier parte del mundo. Por eso, invitamos a toda la sociedad -profesionales, familias, barrios, gobiernos- a comprometerse, a acompañar, a alzar la voz allí donde este derecho se vulnera o no se reconoce. Porque la infancia nos necesita en movimiento, nos necesita en primera línea de defensa de derechos que siembran paz y un mundo más justo.
Luna Veiga es educadora y trabajadora social de la Fundación Amoverse