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MADRID 9 Jul. (EUROPA PRESS) -
Estudiar una carrera universitaria nunca cuesta lo mismo para todos los alumnos. Mientras que para la mayoría del alumnado los principales gastos se concentran en la matrícula y el material académico, muchas personas con discapacidad deben asumir además costes derivados de la accesibilidad, la movilidad, los productos de apoyo, los tratamientos o la adaptación de su entorno de estudio.
Así lo refleja un análisis realizado por Fundación Universia a partir de un centenar de proyectos personales presentados por estudiantes con discapacidad.
El estudio revela que las principales barreras económicas que afrontan estos estudiantes para acceder a la educación superior ya no son únicamente el coste de la matrícula, sino que están estrechamente vinculadas a la accesibilidad en materia de transporte, tecnología, alojamiento y tratamientos de rehabilitación.
Los datos muestran que el 64% de las personas candidatas destinaría la ayuda a formación complementaria para reforzar su empleabilidad; el 47% necesita financiar tratamientos de rehabilitación o fisioterapia; el 45% afronta gastos de movilidad y alojamiento; y el 39% requiere tecnología accesible, equipos informáticos o software de apoyo.
Más allá de estas necesidades concretas, el análisis revela un objetivo compartido: el 85% de los proyectos relaciona directamente la beca con la posibilidad de acceder a un empleo cualificado y desarrollar una carrera profesional, lo que refleja que estas ayudas representan mucho más que un apoyo económico, "constituyen una herramienta para construir un proyecto de vida".
Coincidiendo con el vigésimo aniversario del programa, Fundación Universia abre una nueva convocatoria de sus Becas Fundación Universia, que ofrece 300 ayudas de 1.000 euros dirigidas a estudiantes con discapacidad matriculados en estudios de grado, máster, formación profesional y doctorado durante el curso 2026-2027.