MADRID, 19 Ene. (EUROPA PRESS) -
La organización no gubernamental Survival ha lanzado una campaña internacional para boicotear los diamantes de la multinacional sudafricana De Beers, que controla entre el 60 y 75 por ciento del mercado mundial de esta piedra preciosa; la campaña tiene además nombre propio, el de la modelo Iman, 'rostro' de la última campaña publicitaria de De Beers.
'Diamantes para Iman. El colmo de los bosquimanos' es el eslogan que aparece en la postal virtual que Survival presenta en su web para todos aquellos que quieran enviar un mensaje a la modelo somalí y al presidente de De Beers, Nicky Oppenheimer. A ambos, la ONG les pregunta si los diamantes "merecen la pena" en vista del acoso al que son sometidos los últimos bosquimanos en sus propias tierras para lograr la extracción de estas piedras.
Survival denuncia que esta tribu --una de las más antiguas de Africa-- está siendo desplazada de sus tierras ancestrales por el Gobierno del país desde hace dos años, para 'hacer hueco' a las multinacionales que desean explotar las minas de diamantes y maderas preciosas de su territorio.
La ONG informa de que los bosquimanos desplazados son recluidos en reservas, más bien "campos de muerte", en los que incluso son privados de suministro eléctrico o de agua potable cuando a las autoridades les conviene. El Gobierno asegura que es necesario "civilizarles", aunque Survival señala que se trata en realidad de una estrategia para proteger las minas de diamantes.
La iniciativa de Survival invita a enviar una postal tanto a De Beers como a Iman en la que les recuerda que "los bosquimanos no son para siempre", y que la multinacional ha admitido abiertamente su oposición a los convenios establecidos por la ONU en materia de derechos indígenas. En cuanto a Botsuana, su presidente, Festus Mogae, ha afirmado en alguna ocasión que "el Gobierno y De Beers son como hermanos gemelos".
Iman, por su parte, es 'la cara' de De Beers en sus últimos anuncios publicitarios, "utilizando su imagen y reputación para ayudarles a vender más diamantes". El boicot, añade la ONG, debe continuar hasta que Gobierno y empresa reconozcan los derechos de esta comunidad indígena. La postal puede encontrarse en la página web 'www.survival-international.org/pdf/iman_postcard.pdf'.
SOCIOS AL 50 POR CIENTO
Las minas de diamante de Botsuana son explotadas por Debsuana, un conglomerado participado por De Beers y el Gobierno al 50 por ciento. El pequeño país africano es el primer productor de diamantes del mundo, y obtiene el 65 por ciento de sus ingresos anuales por este concepto.
De Beers ha estado durante años en el centro de polémicas por el origen de sus diamantes, por ejemplo los procedentes de Sierra Leona o Angola durante las guerras civiles que devastaron estos países en los años noventa: los multimillonarios ingresos iban a parar a los bolsillos de las guerrillas y los ejércitos, que utilizaban las ganancias para comprar armas.
En 2000, la ONU impuso un embargo a los diamantes procedentes de zonas de guerra en Sierra Leona. A mediados de 2001, tras meses de negociaciones, finalmente se acordó en Moscú el establecimiento de un 'sello de origen' para los diamantes, emitido por el Diamond High Council (HRD), organización que representa a la industria en Bélgica. En mayo de 2001, la propia De Beers se comprometió a señalar el origen de sus gemas.
Las ONG sin embargo señalan que la determinación del origen de los diamantes sigue siendo difícil, sobre todo debido al elevado número de intermediarios y la falta de transparencia. Esta situación también se ve favorecida por el papel monopolístico de De Beers en la industria y por las lagunas legislativas tanto a nivel nacional como internacional.
AÑOS DE ACOSO
En el caso de Botsuana, la persecución de los bosquimanos no es algo nuevo. Desde los años ochenta, el Gobierno ha tratado por todos los medios de desalojar a los aproximadamente 1.500 bosquimanos que viven en la Reserva de Caza del Kalahari Central, para dejar vía libre al turismo y la extracción de diamantes y maderas preciosas.
En este país viven 45.000 de los 95.000 bosquimanos que se calcula que quedan en todo el continente. Hoy en día apenas existen bosquimanos que vivan tan sólo de la caza y la recolección como era su costumbre (aunque muchos siguen practicando estas actividades como una fuente complementaria de alimentos).
La mayoría viven como pastores trabajando gratis o por salarios mínimos como jornaleros, criados o en asentamientos y reservas del Gobierno, donde la tasa de alcoholismo y el desarraigo constituyen gravísimos problemas denunciados reiteradamente por las ONG de defensa de los Derechos Humanos.