Antonio Fraguas: el puente que cruza el siglo XX para situar el idioma al límite de la modernidad

Publicado 17/05/2019 7:29:43CET

Biógrafos e intelectuales recuerdan sus facetas de locutor, docente o 'galleguista', truncadas por la represión del golpe franquista

SANTIAGO DE COMPOSTELA, 17 May. (EUROPA PRESS) -

Locutor, profesor, investigador e incluso actor de teatro radiofónico. La trayectoria vital de Antón Fraguas estuvo marcada por una profunda inquietud que se extendió a lo largo del siglo XX, tanto por su pasión por el conocimiento, las costumbres de la Galicia rural y la cultura inmaterial, como por los nuevos formatos y la innovación tecnológica, llevando la lengua gallega a donde no había estado antes y haciéndosela llegar a aquellos que carecían de medios.

"Un puente entre la Galicia actual, la Galicia del siglo XX y la Galicia que fuimos", ha destacado a Europa Press Malores Villanueva, autora de la biografía que publica la Editorial Galaxia en honor a la figura del autor de Cotobade, protagonista este año de los actos conmemorativos por el 17 de mayo.

Esta inquietud brilló especialmente en los años 30, un periodo de "ilusión" marcado por la II República y que vivió un hito tecnológico y comunicativo en el que Fraguas asumió un destacado papel: la llegada de la radiodifusión a Galicia a través de Unión Radio, que estableció una emisora en Santiago de Compostela.

El 15 de enero del 33 se registró la primera emisión de la radio gallega, desde una sala de la praza da Universidade, y 'Don Antonio' fue el primer locutor de continuidad de la historia de Galicia de la mano de Xosé Mosquera Pérez, una de las históricas figuras del medio y reconocido por su personaje 'O vello dos contos'. Fraguas abría y cerraba la programación, que fue ampliando su horario y contenidos.

"DIGNIFICAR EL IDIOMA"

El autor participó como actor en la pieza cómica '¡Vaites...vaites!', obra premiada en un certamen teatral convocado por la Irmandade da Fala de Betanzos, y también inició ese mismo año una sección en la que recitaba poemas, hablaba de etnografía o de temas turísticos y económicos. La inquietud de Fraguas por los nuevos formatos le llevó, incluso, a participar como figurante en el rodaje de un documental francés en Lugo.

"Quería dignificar el idioma. Él hace radio en gallego en los años 30, hace teatro radiofónico en gallego en los años 30, y tiene una sección de lectura de poemas en gallego. Hablaba de cualquier tema y en un momento en que la lengua estaba privada en la enseñanza, en los ámbitos altos y cultos", destaca Villanueva.

El presidente de la Real Academia Galega, Víctor Freixanes, es uno de los intelectuales que centró su interés en estudiar los inicios de la radio en Galicia y la implicación de la figura de Fraguas y de otros miembros del movimiento galleguista a favor del Estatuto, que querían aprovechar las nuevas tecnologías para "llegar a la gente de lo común, aquellos que no tenían hábitos de lectura, que no sabían leer y que a través del nuevo medio podían llegar a la cultura".

"Adivinaron que ahí estaba una gran herramienta importante de información y educación popular. Un espacio de entretenimiento pero también de formación y educación", recuerda Freixanes, en una emisora por la que pasaron "Alexandre Bóveda, Castelao, Luis Iglesias..., figuras muy importantes, que hablan desde recetas para los 'paisanos' que trabajan en el campo y combaten plagas a 'cantigas' y formación para los jóvenes.

UN PROFESOR BONDADOSO

Fraguas fue, en este sentido, un gran difusor en todas las facetas de su vida, pero aquella a la que le tenía más respeto era la de maestro. El 11 de noviembre de 1933 dejó Compostela para incorporarse al claustro del Instituto de A Estrada, del que fue secretario, aunque también impartió docencia en Lugo y en el Instituto Rosalía de Castro, donde permaneció desde el 59 hasta su jubilación.

El historiador Justo Beramendi, presidente de la Fundación Fraguas, lo recuerda como "un gran profesor y una persona que estaba siempre muy volcado con sus alumnos", que a día de hoy lo siguen recordando como una persona "bondadosa" e incluso están preparando acciones en homenaje y recuerdo a su figura.

En aquellos tiempos, era un maestro que marcó a mucha gente, ejerciendo "una pedagogía muy moderna para la época, muy en la línea de lo que fue la renovación pedagógica española de los años 30, por la República", destaca Beramendi.

Pero "no se limitó a ser profesor", añade el etnógrafo Clodio González, dado que llevaba la cultura a donde estaban los vecinos, haciendo excavaciones con alumnos, catalogando yacimientos arqueológicos, e incluso organizando excursiones durante los domingos, a las que acudían tanto adultos como jóvenes.

"Era una persona que le gustaba estar en el lugar de lo que hablaba. Si hablaba de arte en Santiago les llevaba al Pórtico de la Gloria, o a que conociesen todo lo que les rodeaba durante sus clases sobre geografía. Y ahora puede sorprender menos, pero de aquella era algo fundamentalmente de escuela de libre enseñanza. Él entendía que hay que aprender observando primero", explica Villanueva.

COMPROMISO GALLEGUISTA

Además del idioma, la vida del homenajeado estuvo marcada por un profundo sentimiento y compromiso galleguista, ejerciendo además de secretario xeral del Partido Galeguista en A Estrada e involucrándose activamente en la campaña a favor del Estatuto de Galicia, viajando "aldea por aldea", señala la escritora.

La radio fue uno de los medios mejor aprovechados por el movimiento para difundir sus ideas, donde pasaron intelectuales y representantes del Partido y que llevó a la emisora de Santiago a convertirse en "la emisora del Estatuto de Autonomía".

"Retransmitió noticias e intervenciones de la asamblea de municipios a favor del Estatuto para que la escuchasen en Buenas Aires a través del tendido de la línea telefónica", ha resaltado el presidente de la RAG, e incluso se hizo campaña "desde el primer cine", con la emisión de documentales en los pueblos.

Su papel llevó incluso a que se celebrase en A Estrada el que fue el último mitin del Partido Galeguista y del propio Castelao en Galicia, dado que poco después se produjo la sublevación y el golpe militar franquista y, con ello, la persecución, el asesinato y la represión.

"El levantamiento fascista ocupó las emisoras, los periódicos... El Pueblo Gallego pasó a ser el periódico del movimiento nacional, la Falange, y a partir de ahí se acabaron las historias", ha lamentado Freixanes.

REPRESIÓN

El propio Fraguas sufrió en su piel las consecuencias del alzamiento militar. El profesor se refugió en su parroquia de Loureiro, escondiéndose en los montes, y volviendo a casa cuando su madre encendía un farol en una de las ventanas, según relata Clodio González en la biografía publicada por la Academia en su web. A pesar de ello, los seguidores del nuevo régimen lo encontraron.

"Fue una etapa muy dura y muy difícil para él. Escapó al monte por miedo, y estaban matando a gente, que luego aparecía en las cunetas", recuerda Malores Villanueva. Un día que regresaba para hacer los exámenes de recuperación los seguidores fascistas lo buscaron y lo humillaron públicamente, obligándolo a cantar el 'Cara al sol', haciéndole beber aceite de ricino y a limpiar las pintadas a favor del Estatuto con sus propias manos.

La represión continuó tras la depuración de su cargo, que le impidió impartir docencia durante dos años y a empezar de nuevo. A pesar de ello, el Franquismo no consiguió doblegar su "absoluta" vocación docente, y en los años 50 consiguió recuperar la cátedra de la fue apartado "injustamente".

Antonio Fraguas se consagró como un ejemplo para decenas de alumnos y alumnas y llegó a disfrutar del "sueño" de la democracia, dejando un importante legado en todas los ámbitos a los que dedicó su vida hasta los últimos años del siglo XX.

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